Arboricidio en Pereira: ¿quién responde por los árboles ?

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Mientras los científicos advierten sobre el aumento de las temperaturas y la posible incidencia de un fenómeno de El Niño de gran intensidad, en Pereira parece que algunos siguen convencidos de que la mejor estrategia para enfrentar el calor es… eliminar la sombra.

Cada día son más frecuentes las denuncias ciudadanas por las podas drásticas que se realizan en distintos barrios de la ciudad. 

Árboles que durante años ofrecieron oxígeno, regulaban la temperatura, protegían a los peatones del sol y servían de refugio para aves y otras especies terminan convertidos en troncos desnudos, sin copa y sin posibilidad de cumplir su función ambiental durante semanas o meses.

Resulta preocupante que una empresa cuya actividad principal es la recolección de residuos sólidos también ejecute labores de poda y tala del arbolado urbano.

 La ciudadanía tiene derecho a conocer cuáles son los criterios técnicos utilizados para intervenir cada árbol, qué profesionales respaldan esas decisiones y bajo qué autorizaciones ambientales se adelantan estos trabajos.

Más inquietante aún es el papel de la autoridad ambiental. Si la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (CARDER) es la entidad llamada a proteger el patrimonio natural, ¿por qué la comunidad percibe que estas intervenciones se realizan sin acompañamiento visible de sus profesionales? 

¿Existe supervisión permanente a ATESA? ¿Hay conceptos técnicos individualizados para cada intervención?

 ¿Se verifica que las podas respondan realmente a razones de seguridad, sanidad o manejo forestal?

La explicación de que «los árboles vuelven a crecer en dos o tres meses» resulta insuficiente frente a una realidad innegable: durante esas doce semanas los ciudadanos soportan temperaturas más altas, menos sombra, menor humedad ambiental y una reducción temporal de los beneficios ecológicos que prestan los árboles.

Las hojas no son un adorno. Son la fábrica de oxígeno del árbol, regulan la temperatura, capturan dióxido de carbono, disminuyen el efecto de isla de calor y hacen más habitable la ciudad. 

Eliminarlas casi por completo, como lo hacen los trabajadores  de la empresa recolectora de basuras, ATESA, equivale a privar temporalmente a los barrios de uno de sus principales aliados frente al cambio climático.

Pereira necesita un manejo serio, técnico y transparente de su arbolado urbano. Nadie discute que algunos árboles requieren poda por razones de seguridad o por interferencias con redes eléctricas. Lo que genera rechazo ciudadano son las podas extremas que, en muchos casos, dejan la impresión de un verdadero arboricidio, tal como sucede en la Comuna de El Poblado y en el resto de la ciudad.

Es momento de que la Alcaldía de Pereira , explique públicamente los protocolos que aplica, los contratos que respaldan estas intervenciones y los controles existentes sobre quienes las ejecutan. 

También corresponde a la CARDER informar cuál es su nivel de participación y vigilancia en estas labores, para brindar tranquilidad a la comunidad.

Los árboles no son mobiliario urbano que pueda reemplazarse de un día para otro. Son patrimonio ambiental, reguladores del clima y una defensa natural frente al calor que hoy afecta a Pereira.

Por ello, hacemos un llamado a la CARDER, a la Procuraduría Ambiental, a las organizaciones ambientalistas, a las universidades, a los colectivos ciudadanos y a todos los defensores del medio ambiente para que ejerzan vigilancia sobre el manejo del arbolado urbano, promuevan la transparencia en las intervenciones y defiendan un patrimonio natural que pertenece a todos los pereiranos.

Porque una ciudad que pierde sus árboles también pierde calidad de vida.

Exigimos a la autoridad ambiental, ordene suspender estas podas como las que hoy se hacen en la ciudad.

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