Y sí, sonríes, compartes, trabajas, incluso haces charlas y te diviertes. Pero por dentro te quiebras cuando el primer soplo de aliento es ese pálpito desenfrenado que ataca todo tu cuerpo. Y hasta el final del día te acompaña, sintiéndose como una corriente eléctrica que no para ni disminuye el voltaje. Las manos tiemblan con un espasmo incontrolable, el estómago puedes sentir cómo se revuelca y genera náuseas, sudas sin razón y buscas en tu mente el porqué de algo así.
Haces un escaneo rápido, un tipo de mapeo mental del transcurrir de los últimos días, buscando desesperadamente una respuesta cuando tu vida avanza con normalidad; tus relaciones son sanas, tus hábitos están dentro de los límites, tu estabilidad laboral y amorosa son perfectas.
¿Será que realmente no hay felicidad completa?
¿Será que hemos programado tanto la mente para el caos que la calma te asusta y te consume?
¿Será que habrá final a todo esto, o todo esto nos llevará al final?


