De cara a la elección que definirá el rumbo de Colombia, resulta inevitable hacer mención del gobierno que concluye. El lema del «Cambio» bien podría traducirse como un período profundamente disruptivo, marcado por la improvisación, la incuria en el manejo público, una aparente desorientación en la conducción de los asuntos del Estado y una permanente intención de confrontar al denominado “Establecimiento”. Con frecuencia, la gestión pareció asemejarse a lo que los muchachos de antaño llamaban el teatro del despiporre: una sucesión de episodios caóticos donde la improvisación terminaba sustituyendo la planificación.
Sin embargo, reducir lo ocurrido a simples errores de gestión sería insuficiente. La trayectoria intelectual y militante del presidente Petro permite advertir un marco conceptual más profundo. Proveniente de corrientes de pensamiento influenciadas por el marxismo, su visión parece inspirarse en la idea de que la sociedad está atravesada por relaciones de dominación que generan alienación y despojan al individuo del control sobre su propio bienestar. En esa lógica, el trabajador aparece como víctima de estructuras económicas opresivas y el empresario como expresión de intereses movidos por la codicia.
La alienación ideológica que se manifiesta en el discurso del poder pretende modificar el modelo económico y la arquitectura del Estado con miras a instaurar los pilares del «socialismo del siglo XXI». Pero en el caso de Petro no parece tratarse de improvisación ni de despiste. Desde una perspectiva retórica, su horizonte ideológico aparece claramente concientizado y revestido de una elocuencia que muchos consideran mesiánica. De allí que su narrativa, su praxis y su asimilación teórica se proyecten incluso más allá de las restricciones impuestas por el ordenamiento jurídico vigente. Mientras sus opositores le exhortan a transitar caminos concertados de equidad para evitar daños a la estructura institucional que ha permitido pluralidad, la respuesta parece resumirse en aquella expresión popularizada por Jorge Eliécer Gaitán: ¡Mamola!
Petro, dotado de una inteligencia política indiscutible y de una concepción doctrinaria definida, habría convertido la categoría CAOS en un instrumento paradigmático. No se trataría, según esta interpretación, de una sucesión de desaciertos aislados, sino de una estrategia orientada a erosionar gradualmente los pilotes constitucionales y culturales sobre los cuales descansa la República.
En una reciente reflexión, acerca de su libro: Efecto Mariposa, ¿hay un orden atrás del caos?, el diplomático argentino Jorge Argüello se pregunta si es posible decodificar lo subyacente detrás del aparente desorden que caracteriza los escenarios de crisis y transformación en el mundo. El autor recuerda una célebre observación de José Saramago en su novela El hombre duplicado: «el caos es un orden por descifrar». Resulta tentador aplicar esa frase al lenguaje, las decisiones y las actuaciones del jefe de Estado. Bajo esa óptica, el desorden no sería accidental, sino parte de una aplicación destinada a mantener una movilización de máscaras alrededor de promesas de redención social, a la manera de los profetas de grandes incumplimientos.
El Efecto Mariposa enunciado por Argüello, ha sido interpretado tanto sociológica como biológica en una situación interconectada “donde actos determinados en un ecosistema puede afectar sobremanera a otro muy distinto” [Casa de la Ciencia]. De otro lado, el analista Pedro Medellín ha advertido que «con su acción y sus arengas, Petro está rasgando los tejidos de confianza de la sociedad en el proceso más relevante de una democracia: el proceso electoral». En esa apreciación, el desafío que enfrenta Colombia trasciende el debate entre gobierno y oposición para ubicarse en el terreno de la preservación institucional.
En conclusión, frente a quienes reivindican el caos como instrumento creador o mecanismo de transformación revolucionaria, conviene anotar que, en su acepción más común, el término referencia un estado de confusión extrema, desorden profundo y ausencia de organización.
La motivación es participar y defender, mediante el voto, el orden constitucional frente a los riesgos que entraña el avance y profundización del caos. ¡Firmes por la Patria!


