Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadEl Coco

El Coco

También llamado “El Coco”, “El Encostalado”, “Boogeyman”, “Sacoman” o “El hombre de la bolsa”

Duérmete niño, duérmete ya, que viene el coco y te comerá.
Coro popular de dominio público

Un coco pelado sin el pelambre que le rodea tiene tres puntos oscuros que parecieran representar unos ojos con una boca, dándoles un aspecto siniestro que asusta a los niños que no quieren irse a dormir. Mi madre me decía cuando era muy niño que si no me comía la fea sopa de ahuyama vendría el coco a llevarme en un costal. Un día tuve el infortunio de contestarle que la sopa era tan fea que seguramente el coco no iba a quererla, lo que me granjeó una fuerte nalgada por contestón (Bendecido doctor Chancleta).

El coco también se conoce en varios países hispano parlantes, como un hombre con una bolsa a cuestas donde supuestamente lleva los niños desobedientes. Esto ya era muy inquietante para nuestras mentes sencillas, pues no queríamos que llegara el hombre de la bolsa o el coco y nos llevara a ignotos lugares donde nos harían cosas ignotas e inimaginables.

Pensaba en los pobres padres a quienes el monstruo les había llevado sus hijos y cómo los buscarían desesperados y yo no deseaba poner a mi familia en esa situación. Así que para evitar que viniera el malvado coco trataba de ser obediente y buen niño.

Una tarde desde mi ventana vi que venían tres personas vestidas de costal de pies a cabeza y sus rostros estaban cubiertos por una media velada negra por lo que sus facciones veían desfiguradas e irreconocibles.

Los tres encostalados hacían reverencias en frente de las casas y los vecinos les entregaban cosas que iban guardando en un saco que cada uno llevaba a su espalda. No estaba solo del todo en mi casa, pues la abuelita quien vivía con nosotros no salía y caminaba muy despacio desde que se lesionó la cadera, era la única persona adulta que me acompañaba y entré en pánico cuando vi que los tres encostalados se detenían frente al portón de mi casa y hacían reverencias mientras decían en voz alta:

—Un regalito, una ayudita, una moneda para estos peregrinos en penitencia por sus pecados. Abra su puerta y su corazón… muestre compasión, no nos deje sin razón…

Mi abuela caminaba despacio hacia la puerta con una bolsita de comida en la mano. Me escondí detrás de la puerta temblando como gelatina Gel Hada (A mi Gel Hada o nada) y esperando que entraran en casa en busca del niño desobediente. Por fortuna los encostalados siguieron su camino a regiones desconocidas (Realmente eran los encostalados de Pacandé, una comunidad religiosa del Tolima que peregrinó por Colombia a finales de los años sesenta).

Yo si vi al Coco.

No estaba hecho de coco, ni tenia pelos hirsutos, como tampoco tenía ojitos pequeños como los que a veces se ve en los cocos. El coco que yo vi era pequeñito con una vocecita rasposa y un poco profunda que se reía de mi cuando hacia maldades a escondidas, porque las maldades se hacen a la sombra. Como aquella vez que me comí un chocolatina con un tarrito de leche condensada para no presentar un examen de matemáticas. Cuando estaba en el hospital por la infección intestinal auto provocada oía como el coco se reía de mi escondido en el armario del cuarto hospitalario. La puerta se abrió y vi una manito de color café sucio como el del coco con pelitos y uñas muy sucias, luego sacó un piecito también feo y sucio y después la cabecita que era bastante pesadillesca, pues se componía de una mezcla de animal salvaje con muchos dientes y rostro humano experto en malicias muy malvadas; pues sus ojitos pequeños estaban llenos de una inteligencia especialmente concebida para causar males. El coco me decía con su voz rasposa.

—¿Vio? Ahora le van a poner una inyección muy dolorosa y lo mejor es que no se va a salvar del examen de matemáticas… Chupe por bobo…

Entonces me di cuenta que era mejor estudiar juicioso que ponerme a inventar maldades para evitar el curso de lo inevitable. Me tocó presentar el malhadado examen el cual perdí con todo éxito y que me ocasionó tantos dolores de cabeza en mi azarosa vida de niño de ocho años. Ya uno de grande se da cuenta que esas angustias eran cosas menores frente a las cosas que verdaderamente debe enfrentar un ser humano en su adultez, pero cada cosa en su momento adquiere la importancia que se le da de acuerdo a las circunstancias que rodean esas cotidianidades tan simples. El nivel de complejidad va aumentando según pasan los años y las responsabilidades suben del mismo modo.

Ya viene “El Coco” como película basada en un relato corto de nuestro escritor residente en mi casa. Boogeyman es un relato corto de Stephen King en el que un paciente atormentado por la entidad sobrenatural que se hace llamar El Coco le habla para que cometa atrocidades, el psicólogo debe pensar en el tratamiento para que el paciente supere su obsesión, pero debemos recordar que a veces el remedio es peor que la enfermedad. Se han llevado a la pantalla muchas películas con el nombre de El Coco, pero esta es la primera basada en un relato del escritor de Maine (Estado donde nació Stephen King). La dirección de esta producción cinematográfica es de Rob Savage, el guion de Mark Heyman, Scott Beck, Bryan Woods y Akela Cooper, basados en el cuento El Coco de Stephen King publicado en 1978 en el libro El umbral de la noche. Espero con ansias poder ver El Coco por si acaso se parece al que yo vi.

JOSÉ FERNANDO RUIZ PIEDRAHITA

*Comunicador social y periodista. Miembro honorario Academia colombiana de historia literatura y arte.

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