La comunicación presencial directa es ahora más fidedigna que nunca
Por Hernando Ayala M. Periodista
La pandemia nos dejó pandemias colaterales como la infodemia, la plaga de la desinformación, engaño y fake news, expresiones posverdad que invadieron todos los espacios de una sociedad hiper desinformada e infoxicada en medio de una incertidumbre en la nueva normalidad anunciada a partir de la coexistencia con el coronavirus sars-cov-2 generador del letal Covid-19.
La sociedad informacional determinada por la aldea global con la omnipresencia de la World Wide Web creada en 1989 para el ámbito científico, pero de dominio público con la generación z, nacidos a partir de 1995, era la promesa hecha realidad de la aldea global, un desbordamiento abrumador de datos y contenidos que devino en caos y confusión por el tsunami de contenidos desinformadores en alto grado en lo público. Bombardear contenidos y mensajes orientados a confundir, desinformar y engañar, es la alta especialización por la cual son contratados con miles de millones estrategas certificados por la academia como comunicólogos, comunicadores sociales y periodistas. Ahora social media y community managers.
En medio de semejante realidad, los medios de difusión, el periodismo industrial, los comunicadores y periodistas esclavos del rating mediático, likes y volumen de seguidores en tiempo real, cayeron bajo su propia trampa, empeoraron su crisis de credibilidad y depredaron la confianza de las audiencias calificadas, desde un ejercicio inclemente de competencia por los nichos de poder, el rating endogámico y el combate ideologizado por el favor de los fanáticos de causas proselitistas permanentes en el negocio de la política electoral y el control del poder burocrático en el aparato estatal.
Los profesionales formados para ganar la confianza, respeto y fé pública de los ciudadanos dilapidaron la oportunidad que les sirvió covid-19 para recuperar su único patrimonio limpio, la lealtad con la gente. Los medios agudizaron su crisis de confianza y hoy están peor que antes de la pandemia no por su deficiente servicio social en informar bien para orientar a la gente en la politización de la crisis sanitaria, sino por su extrema subordinación al poder político, controlado por su hermano siamés el poder económico.
A partir de semejante panorama, debemos hablar entonces de la comunicación limpia, de sintonía efectiva, que debe ser potenciada como nunca entre personas, familias, comunidades y colectivos de interés común. La comunicación mediada, mediática, perdió su partida, le quedó grande la sociedad informacional, pues ahora la confianza tiene que ser potenciada por los mejores comunicadores íntegros, leales, que debe tener una sociedad ética, de respeto, valores y principios. Los próximos, los inmediatos, los más directos responsables del cuidado y la formación de los nuevos ciudadanos que deben crecer en autonomía y criterio, pensamiento crítico, para confrontar con suficiente capacidad y herramientas de pensamiento, la realidad manipulada por los medios que no son responsables ni capaces de alcanzar credibilidad y confianza.
Ahí, entre los comunicadores limpios, íntegros, sin engaño, el primero en la vida social ha de ser el maestro, educador, institutor, docente, el ser humano con la vocación de potenciar humanidad y crecer con quienes aprenden como resultado de su trabajo. Ahora debemos todos como comunidad educadora, apoyar, la tarea del maestro como mejor comunicador colectivo pues su misión es enseñar, permitir comprender, lograr aprendizaje real.
El maestro con vocación real es el mejor comunicador, íntegro, absoluto incapaz de engañar, mentir, distorsionar y sobre la formación de esta vocación vamos a avanzar en nuestra siguiente entrega para hablar de la verdadera educación inclusiva en una escuela para todos. De 2020 tenemos que salir mejores que como entramos y la clave está en la lealtad, integridad, limpieza ética de una ruta clara hacia la excelencia comunicativa que blinde contra la mentira y el engaño, la plaga de las trampas, a los nuevos ciudadanos en formación que nunca comerán cuento.



Exelente