«EL DULCE PLACER DE NO HACER NADA»

OpiniónLiteratura«EL DULCE PLACER DE NO HACER NADA»

La irreverencia es una cualidad que a muy pocos les sienta. Por lo general se torna en arrogancia y se percibe presuntuosa. Para ser un verdadero irreverente se requiere carácter y conocimiento, pero sobre todo humildad.

Debo confesar que siempre admiré a José Fernando Marín, un irreverente, un rebelde directo, un personaje como sacado del Fausto de Goethe, alguien que vivía como en una obra de teatro permanente, el actor que desde la orilla del escenario ejercía la sátira para fustigar a los demás actores. Alguien que rechazaba las convenciones sociales, la riqueza y el poder, pero que se codeaba coquetamente con las élites, especialmente las intelectuales. Su espíritu era capaz de soportar esas y otras raras ambigüedades como la de ser un erudito en teología católica, un creyente convencido y seguidor de Joseph Ratzinger, pero cultor y defensor de la teoría de la liberación y del padre Camilo Torres.  

El «flaco» surgió en el horizonte cultural de Pereira en la década de los 80’s cuando se inventó su programa de La Buhardilla, un concepto rebelde para la entrevista y el arte. Al morir la emisora que lo albergaba, «Musicando Estéreo», se trasteó a comienzos de los 90’s a la naciente emisora cultural Remigio Antonio Cañarte, donde se anidó para siempre.

Su programa conquistó los corazones de los pereiranos y nos hizo sentir que éramos «su familia». José Fernando supo construir en nuestro imaginario colectivo un espacio para que la cultura coqueteara con la música y las historias citadinas: La Buhardilla, una mansarda oscura iluminada con la luz del candil, cálida para su dueño y para sus exquisitos invitados, con paredes llenas de libros y discos, donde olía siempre a café y donde maullaba con pereza un gato negro, Tarot, compañía impávida de los devaneos que allí se daban con la literatura y la música. Los domingos adquirieron un aire bucólico con aquel espacio lleno de melodías y cultura, pero sobre todo de pereiranidad. Si hay un lugar esencial donde se sembró el amor y el sentido de pertenencia por nuestra ciudad es aquel ático mítico, todo un pasaporte a la imaginación.

La vida me regaló su amistad siempre desinteresada, que quizás no cultivé con el esmero que debía, pero que me brindó momentos inolvidables. Lo conocí en Amigos del Arte, un desaparecido rincón de la cultura pereirana que floreció en los 60’s y 70’s del siglo pasado y fui su invitado oficial en su programa alguna vez hace 30 años. Coincidimos y compartimos en muchos eventos y escenarios de la vida social y lúdica de Pereira. Gustaba del vino y de la tertulia siempre erudita y quizás por la contemporaneidad (aunque él era un poco mayor) teníamos gustos casi idénticos en la música; y debo agregar que, mucho más leído que yo, José Fernando era oráculo y brújula ineludible.

Su vida fue un encuentro permanente con la naturaleza, con su laguna del Otún y sus nativos habitantes, con las aves y los gatos, con los árboles, los bosques y los paisajes, capturados ocasionalmente con su lente coqueta de fotógrafo furtivo .

Extrañaremos su mochila llena de sueños, su olor a incienso y pachulí, su andar pausado y cabizbajo, su risa burlona y su carácter recio a la hora de defender principios e ideas.

Adiós «flaco», adiós. Ahora sí podrás disfrutar para siempre del dulce placer de no hacer nada.

Nota: El Archivo Municipal tiene la responsabilidad histórica de guardar para la posteridad todo el compendio cultural que significa el programa de la Buhardilla, la historia viva de la cultura pereirana.

8 COMENTARIOS

  1. Así es Ernesto, haces una excelente descripción de este personaje que sin lugar a dudas deja una huella importante en la ciudad de Pereira. Quien se cruzó en su camino seguramente que no lo olvidará.

  2. Muy buena descripción de una persona tan especial para los pereiranos a quienes les dió sus conocimientos y alegrías

  3. Gracias por dejar que la pluma eleve el nombre de José Fernando, tan auténtico como coherente. Con una promisoria voz que parecía detener en su recorrido cada cosa que nombraba.

  4. Dios tenga en su Santa Gloria a nuestro primo soñador Fernando Marín Hernández, personaje familiar fiel a sus raíces y ancestros, hombre sabio, versado amante del arte, la cultura, gran lector desde el silencio de su alma. Fernando el pariente extrovertido que dio cobijo a la familia en medio de buenos vinos y exquisitas cafés preparados en la buhardilla de su vida. Mi tía María del Socorro Hernández Navarro, prima de tus afectos y buenos recuerdos, te envía al Cielo por mi medio como primo tuyo, un abrazo filial y una oración a Dios Padre Creador de todo cuanto existe pidiendo por tu Eterno Descanso 🙏🏻❣️🌹🙏🏾. Te adelantaste simplemente, abrazo 🤗 fraterno en la buhardilla del Cielo. Óscar Eduardo Hernández Gaviria

  5. Qué bonita forma de recordarlo.Yo era una niña y él, siendo muy joven vivió en el hogar de mi padre, su primo; en Medellín.Lo recuerdo amable y buen conversador.Gracias por este homenaje lleno de cariño 💐

  6. Increíble ser humano, lleno de luz y hermoso vivir, pues en esta vida se vive para servir y compartir conocimiento y humildad con las demás personas, increíble escrito y un recuento muy merecido para quererlo y acogerlo en el corazón de los que nunca lo conocimos por las diversas ocupaciones que se adquieren en la vida. Que nos dispersa de vivir y compartir momentos realmente valiosos con las personas con las que compartimos lazos de sangre. Que su alma esté en este momento en la santa gloria de Dios

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos