¿Qué es la factibilidad y la viabilidad en el campo de la política?
Conceptos a empoderarse por parte de la ciudadanía
Preámbulo
La factibilidad responde a la pregunta «¿se puede hacer?» midiendo si dispones de los recursos técnicos, operativos y físicos necesarios para ejecutar una idea; por otro lado, a viabilidad responde a «¿es rentable y sostenible en el tiempo?» evaluando si el proyecto genera beneficios y éxito a largo plazo
La factibilidad política evalúa si un proyecto, política o idea puede llevarse a cabo de manera práctica dentro de un sistema o clima político específico. Por su parte, la viabilidad política mide el nivel de aceptación y apoyo que dicha iniciativa tendrá por parte de los tomadores de decisiones y el público en general
Estudio de Factibilidad (los recursos) y el Análisis de Viabilidad
(la Sostenibilidad)
El estudio de factibilidad y el análisis de viabilidad son dos conceptos de suma importancia por parte de la cultura ciudadana ya que a través de ellos se tiene la capacidad de evaluar una propuesta política en aras de cumplir el papel vigilante como ciudadano y al mismo tiempo tener la habilidad ciudadana para anticiparse a los cambios estructurales y evaluar capacidades antes de ejecutar proyectos complejos.
Estos dos elementos le permiten al votante y ciudadano saber preguntar, saber evaluar y saber aportar, esto implica el sumar siempre desde el aporte intelectual, además, el estar en permanente vigilancia ante las decisiones tomadas en aras de evitar actos corruptos e irresponsables , los cuales son nocivos para cualquier sociedad.
Para comprender mejor ambos conceptos, es clave desglosar sus diferencias principales:
Factibilidad Política: ¿Se puede hacer?
- Enfoque: Se concentra en si las condiciones estructurales e institucionales permiten la ejecución.
- Recursos y reglas: Determina si el proyecto respeta los acuerdos, reglamentos internos, convenios y normas de los agentes involucrados (partidos, sindicatos, gremios).
- Capacidad de gestión: Evalúa el poder real que tienen los actores para bloquear o impulsar la propuesta.
Viabilidad Política: ¿Debería hacerse y se mantendrá?
- Enfoque: Se centra en la voluntad política y la sostenibilidad a largo plazo.
- Consenso: Mide la cantidad de apoyo ciudadano, gubernamental o corporativo necesario para que el proyecto no sea rechazado.
- Negociación: Evalúa si existen los incentivos o las coaliciones suficientes para asegurar su aprobación e implementación. ¿Cómo se evalúan en conjunto?
Para minimizar riesgos antes de comprometer recursos, el análisis político se suele cruzar con otras dimensiones:
Técnica: ¿Se cuenta con la infraestructura y tecnología?
Económica/Financiera: ¿El proyecto es rentable y hay fondos para ejecutarlo?
¿Por qué es importante realizar un estudio de factibilidad?
Como habrás entendido, realizar un estudio de factibilidad antes de aprobar un proyecto político, permite evitar errores que pueden salir muy caros y prever toda una serie de riesgos que pueden ser fatales para el buen funcionamiento de tu proyecto. Así, podrás trazar un plan realista desde el principio y tomar decisiones más acertadas.
Además de reducir el margen de error en la ejecución, un estudio de factibilidad también ayuda en la optimización de los recursos y es fundamental en el caso de que tu empresa necesite financiación porque aumenta tu credibilidad ante los inversores y otras partes interesadas.
Evaluación de la viabilidad
Se analiza si el proyecto es rentable, funcional, legalmente viable y coherente con la estrategia definida, teniendo en cuenta no solo los resultados esperados, sino también el coste de oportunidad de destinar recursos a una iniciativa frente a otras alternativas posibles.
Esta fase combina métodos cuantitativos, como el análisis coste-beneficio, con evaluaciones cualitativas, siguiendo criterios recomendados por organismos internacionales como la OCDE, que promueven evaluaciones integrales antes de ejecutar inversiones relevantes.
Exigencia de la ciudadanía para un buen estudio de factibilidad
Algunos consejos finales para hacer un estudio de factibilidad que pueda serte de verdad útil son:
- Sé realista y no maquilles los números para conseguir el resultado deseado.
- Consulta con profesionales como ingenieros, economistas, abogados, especialistas del sector. El enfoque multidisciplinario te aporta precisión.
- Piensa en el largo plazo, no solo es importante la viabilidad del proyecto sino su sostenibilidad a lo largo del tiempo.
- Revisa y actualiza, así, si el entorno cambia (por ejemplo, una nueva ley o una novedad tecnológica), actualiza cuanto antes tu estudio.
Un estudio de factibilidad no garantiza el éxito, pero sí reduce de forma significativa la probabilidad de fracaso y facilita una toma de decisiones más sólida, además, se debe tener presente que Habitualmente se analiza primero la factibilidad, como filtro previo a una evaluación de viabilidad más profunda.
¿Por qué la ciudadanía debe saber de factibilidad y viabilidad?
La ciudadanía debe conocer sobre factibilidad y viabilidad para ejercer un control social efectivo. Comprender si un proyecto es posible de realizar (factible) y si es sostenible a largo plazo (viable) evita el despilfarro de recursos públicos, previene el impacto ambiental negativo y garantiza que las obras respondan a necesidades reales.
Entrenar el ojo crítico en estos conceptos permite a los habitantes y líderes comunitarios (especialmente en el entorno urbano y participativo de Dosquebradas y Risaralda):
- Evitar «elefantes blancos»: Saber si una obra pública cuenta realmente con los presupuestos y estudios técnicos antes de su aprobación.
- Fomentar la transparencia: Exigir cuentas a las administraciones locales sobre cómo se financian y mantienen las iniciativas de la ciudad.
- Participación activa: Intervenir en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y presupuestos participativos con argumentos sólidos sobre qué es verdaderamente conveniente para la comunidad
Todo lo anteriormente mencionado conduce a lo siguiente:
EL RESCATE DE LA CIUDAD Y EL PAPEL DE LA CIUDADANÍA Revista invi Nº 59, Mayo 2007, Volumen 22: 13 a 34
¿Por qué el rescate de la ciudad? El rescate de la ciudad involucra los procesos de mejoramiento, revitalización, rehabilitación y/o regeneración de la ciudad y sus barrios. Estos procesos implican diferentes situaciones de intervención e impactos, dependiendo del contexto en el que se lleven a cabo (periferia, barrios centrales y/o centros históricos) y de los alcances establecidos (desde mejoramiento físico hasta estrategias integrales de desarrollo social y económico).
Sin embargo, aunque los alcances de intervención sean limitados, estos procesos deben contribuir a un rescate urbano, a un incremento en la calidad de vida urbana a través de intervenciones físico-ambientales, acompañadas de un impacto social y económico, reintegrando una mayor habitabilidad a los espacios que habitamos. ¿El rescate por quién? ¿Por sus habitantes? En los albores del siglo veintiuno, vivimos momentos cruciales en la transformación y desarrollo de nuestras ciudades.
El siglo pasado fue testigo de la modernización, los cambios económicos, los progresos tecnológicos; así las ciudades, siendo por naturaleza polos de desarrollo social y económico, se convirtieron en nodos de urbanización y crecimiento masivo. Afortunadamente, es un hecho el reconocimiento a la crisis urbana que impera en muchos contextos, resultado de la poca o nula conciencia ecológica y aptitud social reflexiva. En general, todos los «urbanitas» hemos contribuido a la existencia de un permanente proceso de deterioro urbano, a través del desgaste de la calidad de vida, la creación de suburbios y periferias insostenibles, y el desgaste del patrimonio natural y edificado.
Estos hechos nos conducen a repensar la relación del habitante y el espacio urbano y a reflexionar en algo muy importante y es el en torno al papel de los habitantes y demás actores
involucrados (ej. instituciones, inversores, etc.) en la tarea de recuperar la habitabilidad perdida en las ciudades. La temática de la sustentabilidad ha evolucionado de su estricto enfoque, reducido a la protección de los recursos naturales a una visión más amplia e integral en donde los procesos políticos-sociales y económicos en torno al desarrollo integral son también parte fundamental.
En esta evolución los temas referentes al desarrollo del capital social, el empoderamiento o «empowerment» (en inglés) de la comunidad y la participación de la gente común a los procesos de desarrollo han ganado gran terreno. Ahora se considera la participación de la comunidad como un elemento fundamental para el desarrollo urbano y la gestión local sostenible. Sin la existencia de una comunidad informada, activa e involucrada en la solución de los problemas locales, un desarrollo y mejoramiento urbano real y efectivo surge difícilmente. Además, el Estado y la economía han demostrado su ineficacia en la creación de ciudades socialmente unificadas, además, económicamente exitosas y ambientalmente sostenibles ya que los roles del Estado y el mercado necesitan ser complementados (Docherty 2001). Es en este escenario en donde la esfera política reconoce que la participación de la ciudadanía es imprescindible para la construcción y el desarrollo de la ciudad.
En el ámbito urbano latinoamericano y específicamente en los barrios más marginados, la comunidad se «empodera», es decir, aprovecha al máximo sus propias capacidades y recursos para resolver sus problemas urbanos cotidianos, organizándose para llevar a cabo el mejoramiento de su entorno. La ciudadanía ha demostrado una gran capacidad para emprender iniciativas en torno a la creación de una ciudad más amable.
Ahora, los gobiernos locales deben asociarse con la ciudadanía para emprender el desarrollo urbano; desafortunadamente, en muchos casos los encargados de la gestión urbana no poseen una convicción de los procesos participativos o colaborativos como elemento fundamental de un desarrollo sostenible y en general poco se permite a la ciudadanía involucrarse en el sentido amplio en las diversas etapas de desarrollo urbano.
Colofón
La ciudad es un producto público y por lo tanto debe ser construido colectivamente. El proyecto urbano requiere de debates, foros y principalmente el reconocimiento de la cultura, conocimiento y estrategias de la gente. La participación de la comunidad debe tomar lugar durante y después de los procesos de planeación y diseño, así en conjunto la ciudadanía y las autoridades crearán un espacio socialmente inclusivo y ambientalmente saludable.
Las estrategias participativas en la producción de la ciudad dan como resultado soluciones más integrales y de largo plazo, además, los procesos participativos enseñan nuevos valores, nuevas formas de entender y apreciar la ciudad y por lo tanto nuevas formas de atacar los problemas de las comunidades urbanas.
La participación legítima logra un balance en los intereses, aspiraciones, ideas y opiniones de los involucrados. La ciudadanía es un actor fundamental en este proceso, frecuentemente las autoridades locales ignoran las capacidades y el conocimiento de la comunidad, en consecuencia muchas intervenciones son realizadas sin tomar en cuenta el conocimiento, valores y cultura de las comunidades. En muchos contextos, se soslaya el conocimiento, los valores, y la organización de la comunidad en estos procesos; esto ha traído en consecuencia, la emergencia de barreras, como la pérdida de confianza en los demás (la colectividad, las instituciones, las autoridades), la pérdida del sentido de pertenencia y de las certidumbres que ordenan la vida cotidiana; el cultivo del individualismo y por tanto el debilitamiento del vínculo social, y del sentimiento de comunidad (Oviedo 2000:32).
La calidad de la participación depende de la formación en la información conocida y recepcionada, de ahí la importancia del empoderamiento ciudadano respecto a los conceptos inicialmente mencionados ( Factibilidad y Viabilidad), los cuales son filtros permanentes, necesarios y fundamentales para la toma de decisiones con sabiduría a corto, mediano y largo plazo, además, potencian la capacidad de reacción para darle un giro o viraje a la decisión previamente tomada, si los resultados no son los esperados por la inevitable presencia de nuevas variables propias del recorrido de la decisión inicialmente acordada.
Mención para el lector
Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino. Es una invitación a la reflexión y el debate para la construcción colectiva ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.
A partir de lo mencionado:
¿Cuál es el papel suyo como ciudadano en las decisiones políticas desde el aporte intelectual y cómo se pueden generar estos espacios de opinión colectiva para que sean naturalizados y normalizados? Opine en el Opinadero.
Documento clave a conocer: ABC de la viabilidad del DNP.
Enlace:https://colaboracion.dnp.gov.co/CDT/Inversiones%20y%20finanzas%20pblicas/MGA_WEB/ABC%20DE%20LA%20VIABILIDAD%20DE%20PROYECTOS.pdf


