JUAN EL PERIODISTA

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De repente apareció este hombre poseedor de un poder extraordinario y una presencia ligeramente aceptable que generaba respeto y admiración.

Era enérgico, con mucha altura y seriedad en sus decisiones, aunque de mediana estatura. Su rostro marcaba un gran rigor, de espesa barba, algunas veces ocultaba sus grises ojos, bajo unas grandes gafas oscuras, lo que le daba un toque de misterio.

Era el periodista Juan, así nada más, sus colegas lo llamaban Juancho y sus amigas más íntimas en el medio periodístico, lo llamaban “Juanchito “, se sentía profundamente halagado por este singular apelativo, proveniente del sexo femenino. Los políticos, los afamados políticos, con un toque de gracia, lo llamaban Abelardito.

Juancho, entrando ya en confianza, era un periodista muy locuaz, hablaba bien, tenía una fina voz y escribía correctamente, su redacción era intachable. Era veloz y preciso, siempre daba en el blanco en la noticia, era como una flecha lanzada con precisión y elegancia por Sara López.

Su olfato periodístico le permitía tener de primera mano las noticias más importantes de la región, a decir verdad, “chiviaba”- como se dice en el argot periodístico – a todos sus colegas que se quedaban impávidos, ante las primicias informativas que reseñaba.

Juancho, sonreía, se vanagloriaba de sus triunfos pasajeros. Aparte de ser periodista tenía un don muy especial, dominaba a la perfeccion el arte del discurso, razón por la cual era invitado a las plazas públicas a incentivar, a motivar a la multitud que lo aclamaban. A lo largo de sus motivaciones, movía los brazos con energía, para darle mayor énfasis a sus palabras, era todo un personaje, siempre esperaba los aplausos de la turba.

Juancho como todos los que habitamos este bello mundo y traspasamos fronteras añejas, se fue volviendo viejo, ya poco escribía, sus crónicas ya no atraían, ya no causaban ningún placer leerlas, se esfumaban.

Poco a poco, Juancho se fue haciendo a un lado, aquellas que con cariño y emoción lo llamaban Juanchito, ya no aparecen, dónde están, no lo sé.

Lo cierto es que a Juancho nunca se le rindió un homenaje, o reconocimiento por su excelente labor periodística. Talvez, cuando su cuerpo descanse en paz, allá en la tumba fría, le lloverán los aplausos y las palabras elogiosas y su alma desde la gloria eterna, dirá,” En Vida señores, en Vida “.  

Cordial saludo para todos. Con mucho amor

Por Luis Alberto Martinez, LAM

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