Por Juan Antonio Ruiz Romero
Especial para El Opinadero
La historia nos recuerda lo que ha sucedido en tiempos pasados y que a veces nos negamos a reconocer.
Hace 80 años, en mayo de 1946, los colombianos llegaron a un debate electoral en donde, aunque el partido liberal tenía las mayorías, estaba dividido entre dos candidatos: Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán. Ante la imposibilidad de un acuerdo entre los rojos, el tercer candidato en discordia, el conservador, Mariano Ospina Pérez fue elegido mandatario.
Varias décadas después, en 1982, cambiaron los protagonistas, pero el resultado fue similar: un partido liberal, dividido entre el oficialista, Alfonso López Michelsen y el disidente Luis Carlos Galán Sarmiento, permitió la victoria del Movimiento Nacional, liderado por el conservador y varias veces aspirante presidencial Belisario Betancur Cuartas.
Es evidente que la Colombia de los años 40, azotada por la violencia política liberal-conservadora, y la Colombia de los años 80, cruzada por el auge del narcotráfico, las guerrillas y los primeros brotes del paramilitarismo, podría parecer muy distinta a la Colombia del siglo XXI.
Sin embargo, hay dolorosos, factores que se mantienen:
- La violencia sigue siendo la opción escogida por sectores de la sociedad para dirimir sus conflictos.
- A pesar de numerosos intentos del Estado colombiano de buscar salidas negociadas con los diferentes actores del conflicto es evidente la incapacidad de la institucionalidad pública para tener una presencia amplia y clara en los territorios, en donde grupos armados ilegales, se apoderaron del control de las economías, de las comunidades, y son quienes definen, a las buenas o a las malas, lo que se hace en esos lugares.
3. La presencia del Estado tiene que ir más allá de la fuerza pública, porque sin escuelas, puestos de salud, vías terciarias y asistencia técnica, el aparente dinero fácil que ofrecen los cultivos de origen ilícito, la minería ilegal y otros ingresos al margen de la ley, inclinan la balanza hacia quienes, con las armas y la intimidación, tienen el poder y el control territorial.
Hoy, a 80 años de las elecciones que perdieron Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán y a 44 años de la derrota de López Michelsen y Galán Sarmiento; el ambiente preelectoral experimenta similitudes.
Una derecha, con dos candidatos, dedicados a atacarse mutuamente, a destruirse entre ellos, olvidando que, en últimas, el verdadero adversario es quien encabeza las encuestas y representa una opción distinta en el espectro político.
El reto que tienen Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, de sobrevivir a la primera vuelta presidencial, los ha llevado a tratar de ponerle zancadillas y darle codazos al rival más cercano, descuidando a Iván Cepeda, quién parece cómodo, viendo la miope campaña de sus adversarios.
En términos futbolísticos y a un mes del Mundial, pareciera que Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, olvidaron buscar el título y parecen desesperados por ser subcampeones.


