LA RECONSTRUCCIÓN ES DE TODOS

OpiniónLA RECONSTRUCCIÓN ES DE TODOS

Jaime Cortés Díaz

Hay acontecimientos que, además de sacudir la Tierra, estremecen las certezas de una sociedad. El terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto volvió a recordar que Colombia, especialmente su región centro-occidental, habita una geografía donde el riesgo sísmico no constituye una hipótesis remota, sino una realidad permanente.

La ciencia puede identificar amenazas, estudiar fallas, estimar probabilidades y mejorar las condiciones de resistencia de las edificaciones, pero todavía no puede anunciar con certeza cuándo y dónde ocurrirá un terremoto. Por ello la verdadera defensa comienza mucho antes del movimiento telúrico con normas sismorresistentes rigurosas, estudios de suelos, control sobre las licencias, prohibición de construir donde técnicamente no debe hacerse y educación ciudadana para enfrentar una emergencia.

La tragedia del lunes dejó muerte, dolor y destrucción; familias incompletas, viviendas derrumbadas, infraestructura afectada y actividades económicas interrumpidas representan un costo humano y material que tardará años en superarse. Pero entre las ruinas apareció también esa otra patria que frecuentemente queda escondida detrás de la confrontación cotidiana. Es la Colombia solidaria integrado por bomberos, socorristas, médicos, enfermeros, policías, militares y ciudadanos comunes que confluyeron en las tareas de rescate y asistencia; unos removiendo escombros, otros recolectando alimentos, medicamentos, vestuario y elementos indispensables; muchos ofreciendo recursos económicos, transporte, alojamiento o simplemente sus brazos. Ante la desgracia, la solidaridad adquiere entonces categoría de civismo.

Allí aparece una poderosa manifestación de nacionalidad: cuando todo parece perdido, una sociedad descubre que todavía posee reservas morales para levantarse.

La emergencia coincidió, además, con una circunstancia política excepcional. Al presidente Abelardo de la Espriella, recién posesionado, le correspondió abandonar prácticamente su agenda inaugural para asumir la conducción de la crisis. Instaló mecanismos de coordinación de emergencia y enfrentó así una primera e inesperada prueba de gobierno.

Y quizás pocas circunstancias permitan comprender mejor para qué existe el Estado. Gobernar no consiste únicamente en ejercer autoridad. Significa utilizar el poder para proteger al ciudadano, disminuir su incertidumbre y hacer que las instituciones lleguen allí donde la desgracia ha dejado al individuo en situación de mayor indefensión.

Tampoco el dolor tiene partido político. Una tragedia de esta dimensión debería convertirse en territorio neutral para las diferencias cotidianas. Gobierno y oposición pueden continuar mañana sus debates, indispensables en democracia, pero la reconstrucción exige hoy concordia nacional. Sería incluso una oportunidad para disminuir esa crispación que ha convertido la discrepancia en enemistad.

Vendrá ahora una segunda emergencia que es reconstruir. Y allí el país posee una experiencia digna de estudiarse. Después del terremoto del Eje Cafetero de 1999 fue creado el FOREC, organismo especial con autonomía patrimonial y financiera encargado de impulsar la reconstrucción económica, social y física de las regiones afectadas, presidida por Luis Carlos Villegas. El gobierno, en la Emergencia decretada, anunció la creación de un fondo especial. No se trata de copiarlo literalmente veintisiete años después, sino de aprovechar sus enseñanzas. Un mecanismo extraordinario, transitorio, transparente y sometido a estricta vigilancia podrá canalizar recursos públicos, privados y de cooperación nacional e internacional hacia vivienda, infraestructura, comercio y recuperación educativa y productiva, evitando que la reconstrucción quede atrapada entre trámites y burocracias.

Porque superar un terremoto no significa solamente retirar escombros. Significa devolver hogares, empleos, confianza y esperanza.

La tierra recordó la vulnerabilidad. Corresponde, entonces, a ciudadanos y gobernantes demostrar fortaleza. Tal vez de esta hora oscura pueda surgir algo que Colombia necesita con urgencia para el futuro sanear, controlar, y tecnificar a la UNGRD, solidaridad en el presente y una gobernanza capaz de reunirnos alrededor de un propósito nacional.

Que la sangre derramada en las ruinas se convierta en semilla arraigada para el bien de la Patria, y la moral alta sea el testimonio de los sobrevivientes de este terror de la naturaleza.

1 COMENTARIO

  1. Buen día Don Javier. Gran escrito.

    Lo preocupante es tanta construcción recientemente nueva y están en el suelo. Qué pasó entonces ?. Respuesta con responsables se exige porque creo que esto es la punta del Iceberg.

    Feliz día.

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