LA ÚLTIMA TRINCHERA

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El nombramiento de Paola Holguín como Ministra de Cultura, puede llevar al traste décadas de trabajo en pro de un país pluricultural, incluyente, diverso y feliz.

La amenaza de la liquidación de nuestro Ministerio de las culturas está aún latente y es un temor válido, ya que la recién nombrada ministra, una ex senadora de la ultra derecha, con evidentes formación guerrerista cuyo máximo logro ha sido el de “patrimonializar” el carriel Antioqueño, poco o nada ha contribuido a zanjar siglos de exclusión cultural que comenzaron a ser salvados, hace ya treinta años con la creación de dicho Ministerio, el cual dejó por mucho, atrás y en el olvido, a la nefasta, clasista y “bogotanízima” COLCULTURA, a la que nos quieren hacer retornar, ahora desde Medellín como nuevo centro cultural de poder y claras intenciones de adoctrinamiento cultural.

En los noventa, durante el gobierno de Ernesto Samper Pizano y bajo la dirección de Ramiro Osorio como primer ministro de Cultura del país, se estableció un ambicioso programa llamado CREA que cambió el paradigma, impulsó la cultura de los territorios, reconoció las manifestaciones culturales de las regiones a partir de la formación de nuevos talentos, planes de estímulos y apropiación de emergentes formas de expresión cultural, menos tradicionales, lo que permitió un diálogo desde la inclusión, los saberes, la otredad, y la diversidad… cuestiones que las nuevas narrativas ultra conservadoras, importadas desde Estados Unidos (supuesto país de las libertades) señalan como demasiado gays, izquierdosas, feministas, negras… “Woke”.

Paola Holguín representa esa mirada sesgada, radical, narcótica y pro tradicionalista de la cultura, que poco o nada ha contribuido a un desarrollo progresivo que nos ayude a la integración humana en estos tiempos de oscurantismo. Por el contrario, ella vio en el carriel y en el sombrero de Uribe una forma propagandística de la antioqueñidad, con toda su carga patriarcal y narco cultural que nos arrebató su valor simbólico e identitario, lo que resulta aún más que peligroso y me explicó:

Una de las grandes apuestas culturales que se impusieron en la Alemania fascista previa a la guerra, fue precisamente la de moldear el gusto artístico imponiendo y generalizando unos criterios estéticos desde el poder, como la valoración excesiva del paisajismo, el retrato de la fisionomía aria en todos los medios, el costumbrismo alemán que empezó a verse en las paredes, museos, obras teatrales, música y discursos, permeando las escuelas, universidades y calles, con el beneplácito de una ciudadanía conductuada que consideraba este tipo de formas como algo bello y correcto, nada más, rechazando así otras expresiones culturales. Ya ese mismo camino también lo recorrió la antigua Unión Soviética que nos privó de conocer grandes escritores del principio del siglo 20, y lo hemos venido andando nosotros, acá mismo, sin darnos cuenta.

¿Acaso no notan los murales borrados por los alcaldes, políticos y activistas de la derecha, cuando representan un discurso que denuncia una inconformidad social, o las paredes blanqueadas para dar paso a pinturas cuyas imágenes son una excesiva e institucionalizada alegoría religiosa, como las que se ven en las avenidas de Pereira, o las apologías al narcotráfico como lo que se ve en Medellín, (cuna de todas las serpientes, como dijo el nuevo presidente), no notan que, las apuestas escénicas que se presentan en el Santiago Londoño, son cada vez más cargadas de un discurso ligero, individualista, de superación, de un folclorismo monótono que ya hace parte del paisaje, en el que participa toda la institucionalidad: banda sinfónica, grupos de danzas, escuelas de teatro y que poco o nada incomodan el poder, cuestionan o reflexionan nuestra realidad?

La mayoría de artistas europeos, de aquella época del nazismo, los más visionarios y con recursos para escapar de los muros, lograron exiliarse en América y protegidos allá (pese a los tiempos del macartismo), configuraron una inolvidable postmodernidad artística basada en la libertad de expresión, el arte abstracto y Pop que representaba en esos tiempos un halo de emancipación que la Alemania Nazi, cercenaba con la misma violencia discursiva que vemos y oímos de la voz del nuevo presidente y sus ministros: «¡Batalla cultural!” “¡Guerra contra el arte que no nos represente como Patria Milagro!» Es decir, una lucha frontal contra toda manifestación que evidencie que la homofobia, clasismo, racismo, machismo, fundamentalismo, que creíamos de forma ilusa podríamos estar derrotando, solo estaba escondida bajo la sucia alfombra de la nación, de la misma manera que los papás de Gregorio Samsa escondieron a su hijo tras su Metamorfosis en insecto.

Si no nos ponemos “firmes” ante lo que parece ser una propuesta devastadora, que nos va a hacer retroceder siglos, seguiremos viendo con tristeza; pinturas propagándísticas ocultas tras el velo del paisajismo y los valores tradicionales, cuadros del milagroso corazón ya no de Uribe, sino de Abelardo, pululando en las salas de clase media, himnos nacionales cantados como ópera por el presidente tres veces al día, selvas y montañas de murales religiosos y costumbristas en las calles, y pocos, muy pocos y temerosos asomos de un arte progresistas, autocrítico, reflexivo y a la vez asombroso, en las ciudades y localidades pequeñas y aisladas, porque sin duda, los planes de estímulos y programas de concertación (si es que no desaparecen) se activarán para censurar, apartar y no valorar las manifestaciones que se salgan de ese molde que la ministra Holguín, amparada por el santurrón lema de “Patria Milagro” impondrá como patrón, así como en El mago de Oz se imponía el color de ropa que todos debían usar.

 Entonces ante esta amenaza de pérdida de capital cultural, será en las manos de artistas, intelectuales y público sensible, al margen de la institucionalidad, siempre rebeldes y contestatarios, que podremos defender la Metáfora como la última trinchera cultural en estos tiempos aciagos, siendo valientes y fieles a una de las funciones más importantes del arte: el progresismo humano. Siéntanse advertidos, no dejemos solo a ningún creador y seamos voz porque acá lo que se juega es la vida…  ¡vean Cabaret!

4 COMENTARIOS

  1. Respetado Columnista:
    Paola Holguín: que triste , una persona que en sus intervenciones en el Congreso : sin memoria histórca, con frenesí de adoración a su jefe político,con un irrespeto por el otro, negacionista de realidades sociales, ambientales, culturales.
    Eleccion como Ministra de Cultura: impovisación y despropósito.
    El Ministerio de Cultura en este cuatrenio , con su última Ministra que dedicó espacios de integración desde : festivales de música, poesía, esculturas , gastronomía rural, urbana, ancestral y demás expresiones diversas de la idiosincracia colombiana.
    Si la cultura fué centro de grandes alegrías, nos espera el abandono de la regiones, de la cultura como humanización en el aula, en la sociedad.

    • Comparto contigo ese desazón pero la resistencia a estos discursos negacionistas es la verdad que brinda el arte. Si Gabo no hubiera retratado lo de las bananeras no existiría ese episodio en la memoria colectiva de la nación, igual con la Vorágine y otras obras. Débora Arango, etc. Hay que defender al artista y su obra.

  2. Apreciado Carlos Vicente, comparto en pleno tu coherente articulo, que sin duda dibuja un mapa claro de la realidad que estamos viviendo, en la que además deberíamos aprovechar para revisar que lo que nos compete endógenamente con » SECTOR CULTURAL». En el que hay mucho procesos a cualificar y redefinir, en clave de una gestión cultural integral para lo social y los derechos culturales y humanos; y poder desde las cartografías expresivas, pero necesariamente también las cartografías estratégicas, definir las rutas para la sostenibilidad de lo desarrollado, y generar con alto criterio creativo y también político el futuro de la cultura en el país, que somos todos, no solo el gobierno.

  3. Es sorprendente y a la vez aterrador, que los avances obtenidos por procesos de inclusión tan importantes frente a la diversidad, la libertad de ser y en contra del machismo, el clasismo, el racismo, y tantos otros ismos puedan retroceder, cuando ya los dábamos por ganados en el avance histórico! Es como si la historia en vez de avanzar retrocediera y todo lo ganado se perdiera, por la voluntad de las derechas extremas que pretenden tomar las riendas del país a su antojo y con la mentalidad más estrecha que se pueda concebir! Se vienen tiempos difíciles para nuestro país y debemos estar preparados para enfrentarlos!

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