Viajaba en un avión de papel,
el viento la llevaba a ese
castillo de sueños
que un día creó.
Llegó a tiempo para el adiós.
El silencio y el vacío que habitaban el inmenso paraíso eran casi fúnebres.
Los cánticos no sonaban.
Las flores, marchitas y sedientas,
se despedían deshojando
sus últimos suspiros.
Los pájaros ausentes dejaron plumas
en sus jaulas aún abiertas.
Las mariposas volaron a la realidad;
sus colores vívidos se perdieron
en la inmensidad.
El vino derramado se evaporó sobre la roca.
El aire sopló tan fuerte que apagó la vela.
Cerró las ventanas
y trabó las puertas.


