Haciendo parte de nuestra cultura, el refranero popular transmite sabiduría de generación en generación. Su acertado mensaje desnuda la realidad del momento que vivimos: “Obras son amores que no buenas razones”. A un mes de sucedido el destructivo terremoto que golpeó con fuerza a no menos del 70% de la construcción del centro de la ciudad, no hemos hecho más que recibir mensajes como; “Pereira no está sola, tiene presidente”. “Estamos comprometidos con la reconstrucción de Pereira”. “Nunca hemos tenido las cosas fáciles, pero esta situación no nos va a quedar grande”. De la Espriella ha reiterado que la reconstrucción de Pereira y los municipios afectados será prioridad para su Gobierno. Pues bien, faltando dos días para cumplirse un mes de tan dolorosa tragedia, llegó por fin a la ciudad el flamante gerente del “Fondo Milagro”, nombrado el 21 de agosto, 11 días después. Su tardanza en llegar deja claro el afán que lo anima en esta monumental tarea, cuyo costo se ha estimado entre 10 y 12 billones de pesos en lo concerniente a Pereira, y 30 billones más, por el desastre nacional. Como lo dijimos en la columna de ahora 8 días, mucho dudamos del éxito de su gestión, pues en comparación con el gerente nombrado para el terremoto de Armenia en 1999, el gerente de ese entonces fue un ejecutivo ampliamente conocido, no solo en la región sino en el país. Luis Carlos Villegas Echeverri, presidente de la Andi al momento de su nombramiento, tenía don de mando suficiente para hablar de tú a tú con cualquier ministro o alto funcionario público o privado. Jaime Andrés Uribe Tamayo, el gerente de ahora, podrá ser un exitoso empresario conocido en Medellín, pero un absoluto desconocido en el país, hecho que cuenta a la hora de la verdad, y más, cuando el desastre de hoy cuesta 5 veces el de 1999. Arribar De la Espriella al Chocó con 10 de los empresarios más influyentes del país para presentar una ambiciosa estrategia de reconstrucción e integración económica, denominada “Plan Marshall para el Chocó”, que no solo se limite a reparar los daños del terremoto, sino que ataque los rezagos históricos del Departamento, es un hecho de significativa importancia para una empobrecida región que ha sido víctima del saqueo inmisericorde de la politiquería. Bien que lo hagan y merecido desde luego. Pero Desconocer que Pereira fue el epicentro del desastre nacional, es dura realidad que contrasta con el inequívoco respaldo que esta capital y su Departamento le han dado a De la Espriella. ¿Será acaso falta de gestión de los mandatarios de Risaralda y de Pereira ante el Gobierno central, para que las otras regiones golpeadas por el desastre ya cuenten con un cronograma de reconstrucción? Esa falta de coordinación y entendimiento entre nuestras autoridades, gobernación y alcaldía, que no es de ahora sino de siempre, mucho tiene que ver con el trato desobligante que nos dan. Es increíble, salido de toda lógica, que alguien nombrado para dirigir y coordinar recursos públicos y privados, cuando debiera desplazarse inmediatamente a la zona del desastre, evaluando y armando proyectos de construcción de vivienda, infraestructura, salud, educación, minería y generación de empleo, a los 24 días de nombrado se acuerde que existe un departamento, especialmente su capital Pereira, semi destruida, donde la nube de polvo del colapso de sus edificaciones, ha opacado el brillo de su nombramiento.
Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com


