Últimamente el mérito se confunde con suerte, y el esfuerzo se convierte en sospecha, algo muy serio le pasa al discurso público de un país. Le cuento por qué esto me toca tan adentro.
El escenario : La cocina de mi mamá, a las nueve de la noche.
Eran las nueve de la noche. En mi casa, la cocina olía a maíz molido y a fogón ardiendo. Mi mamá estaba de pie, mi hermano y yo al lado. Estábamos moliendo. Ollada tras ollada de maíz. Arepas que íbamos a vender al otro día: para el desayuno en la puerta de nuestra casa, en las tiendas del barrio. Mis hermanos irían a estudiar temprano. Yo, en la tarde, después de ayudar a mi madre con la tarea de ganarnos el diario. El dinero no sobraba
No es una anécdota pintoresca de niñez humilde para contar en LinkedIn. Era la realidad. Era lo que tocaba. Y lo que tocaba era trabajar, trabajar y trabajar como afirma un jefe que tuve años después.
Saliendo de esa cocina entré a la universidad. Estudié de noche porque trabajaba de día para terminar una primera carrera, luego una segunda estudiando viernes, sábado y domingo mientras me estrenaba como papá de Nicolás. Después dos especializaciones. Luego una maestría en medio de mi recuperación de un cáncer agresivo y estudiando desde la clínica. Y mientras eso pasaba, la vida también pasaba: equivocaciones, tropiezos, meses difíciles, decisiones que costaron. Nada de lo que tengo me lo regalaron. Absolutamente nada.
Terminé trabajando al lado de tres presidentes en Colombia. Asesorando gobiernos en América Latina, en Asia, en África. Sentado en mesas del Banco Mundial, del BID, del Programa Mundial de Alimentos, del PNUD de Naciones Unidas y en ONG’s de corte nacional e internacional. No llegué ahí por apellido, ni por palanca, ni por haber nacido en la familia correcta. Llegué porque cada madrugada que mi mamá molía maíz, algo en mí entendió que el camino era ese: estudiar, esforzarse, acumular experiencia y conocimiento, no parar de crecer, ni creer que por llegar ahí ya había logrado la cima. Cada fin era un comienzo.
¿Y eso se llama privilegio?
Últimamente me encuentro con una frase que me da tristeza genuina: «que el privilegio no te nuble la empatía«. La frase circula como si quien tiene algo —una casa pagada, un carro deseado, un título, un trabajo estable— lo tuviera porque se lo regalaron o porque se lo quitó a otro.
Quiero ser asertivo y directo: eso no es empatía. Es una narrativa que convierte el mérito en sospecha y el éxito en culpa de la boca de quien dirige los destinos de la nación. Que equivocado está.
La RAE define «privilegio» como una ventaja o prerrogativa especial. Entonces explíquenme cómo una casa que se pagó durante veinte años, a punta de cuotas y sacrificios, puede llamarse privilegio. Cómo una carrera que costó noches sin dormir, cuotas de matrícula que a veces no alcanzaban, y trabajos paralelos para llegar a fin de mes, puede ser una ventaja injusta. No. Eso se llama mérito. Se llama disciplina. Se llama esfuerzo sostenido en el tiempo.
El problema de esa narrativa del privilegio, cuando se usa de manera indiscriminada, es que deja de hablar de cómo generar oportunidades y empieza a concentrarse en descalificar a quien logró progresar. Y eso no le sirve a nadie. Menos a los que más lo necesitan.
La trampa del discurso que iguala hacia abajo
Hay algo que la historia económica tiene muy claro, aunque en ciertos discursos políticos no se quiera oír: ningún país ha salido de la pobreza repartiendo lo que ya existe. Los países salen de la pobreza creando más. Más riqueza, más empleo, más oportunidades, más acceso.
Cuando una sociedad empieza a ver la vivienda, el ahorro, el emprendimiento o el patrimonio como «privilegios», deja de inspirar progreso y comienza a normalizar el estancamiento. La meta no debería ser que haya menos personas con casa, carro o empresa. La meta debería ser que cada vez haya más.
Y lo que me preocupa más es esto: se ha normalizado llamar «privilegio» a lo que debería ser el mínimo objetivo de cualquier sociedad moderna. El acceso a vivienda no es un privilegio. Es una meta. La estabilidad económica no es una injusticia. Es lo que deberíamos querer para todos.
La verdadera empatía no consiste en sentir rabia contra quien progresa. Consiste en querer que el hijo del campesino, del obrero, del vendedor informal, tenga las mismas garantías de seguridad, orden y libertad económica para que su esfuerzo también dé frutos. Para que la próxima generación que muela maíz a las nueve de la noche tenga, como yo la tuve, la posibilidad de convertir esas madrugadas en una vida mejor.
Mérito no es suerte. Tampoco es culpa
Lo que vi en mi casa de niño no fue suerte. Fue una lección. Vi a mi mamá de pie, sin quejarse, haciendo lo que había que hacer. Vi en eso la única fórmula que conozco que funciona: madrugar, estudiar, trabajar, persistir.
He trabajado en trece países ayudando a diseñar políticas para sacar a la gente de la pobreza. Y lo que aprendí en ese recorrido es que los programas sociales más efectivos no son los que entregan sin pedir nada a cambio. Son los que combinan el apoyo con la corresponsabilidad. Los que dicen: «te ayudo a subir, pero tienes que subir, romper el círculo vicioso».
Porque la dignidad no viene del subsidio. Viene del logro. Del esfuerzo que uno mismo reconoce como propio. De pararse un día y decir: esto lo hice yo. Eso no me lo puede quitar nadie, y tampoco es culpa de nadie que lo tenga.
A quienes usan la palabra «privilegio» para explicar todo lo que les va bien a los demás, les diría esto con respeto: el problema de ese argumento no es político, es pedagógico. Le enseña a la gente a ver el éxito ajeno como una amenaza, en lugar de verlo como una posibilidad propia. Y eso, en un país como Colombia, que tanto necesita creer que sí se puede, es un lujo que no nos podemos dar.

¿Qué piensa usted? ¿Es el esfuerzo sostenido un privilegio, o el punto de partida que toda sociedad debería garantizar? La conversación está abierta. Y me interesa escucharla.
Fernando Sánchez Prada
Comunicador – Policy Maker – Consultant



Buen día Don Fernando. Gran escrito y lo felicito porque se ha esforzado para llegar a donde ha llegado, de una manera honrada, decente y digna de admirar.
Yo tambien me he esforzado y lo entiendo. Nadie sabe ni ve «el detrás de cámaras» pero existe y a eso es lo que llaman suerte, privilegio, en fin.
Felicitaciones por el escrito, ya que es una invitación al esfuerzo, perseverancia y resiliencia, ya que los sueños se persiguen para alcanzarlos.
En muchos escenarios la envidia, la victimización y el minimizar el logro es el credo de las malas personas y de esos personajes que se llega arriba en ascensor o en helicóptero, cuando el caminar el camino es el único medio.
Feliz día.
Estinado Isdaen, muchas gracias por sus palabras y su comentario, me halaga usted con el conociendo de sus cualidades.
Excelente 👌 escrito Fercho. Muy de acuerdo con lo expuesto y si tal cual así nos ha tocado a muchos con esfuerzo dedicación y perseverancia para poder conseguir y lograr objetivos en la vida.
Un abrazo muy Pereirano
William, la vida nos puso en el mismo lugar y alli forjanmos una amistad que permanece y que ha sabido de las luchas y los logros del otro. Gracias
También la he luchado desde muy joven, mamá me mandaba a vender el chance a los vecinos, y a atender la tienda que tuvo en la sala de la casa. Toda lo logrado ha Sido de la mano de Dios, con trabajo y esfuerzo… Gracias por contarlo y llevarnos a reflexionar.
Mi estimado amigo Fernando , quienes tenemos el privilegio de conocerte sabemos que este artículo no es un discurso: es tu vida.
He visto de cerca al GUERRERO que eres. Sé que detrás de cada logro hay años de disciplina, estudio, sacrificio y una capacidad inmensa para levantarte una y otra vez cuando la vida te ha puesto pruebas que muchos no habrían soportado.
Por eso este texto tiene tanta fuerza. No son hipótesis, ni mucho menos teorías, habla del ejemplo. Ojalá más personas entendieran que el mérito no es un privilegio, sino el resultado de hacer, durante años, lo que la mayoría no está dispuesta a hacer.
Mi admiración y mi respeto, hermano. Sigue inspirando con el ejemplo, que ese siempre será el mejor argumento.💪
Gracias estimado José Fernando. Yo se lo que ha sido también tu carrera para llegar al proyecto periodístico que hoy impulsas. Mucho trabajo y madrugadas como las que describo. Un abrazo
MI querida Marisol, como olvidar a la frágil niña preadolescente lista para hacer la tarea de contribuir con la economìa domestica vendiendo chance, legado de trabajo sin parar de nuestra madre, para luego convertirse en una batalladora que con esfuerzo fue consiguiendo lo que se propuso.
Excelente Fernando, difícilmente hubiera podido describir mejor lo que muestras en tu escrito, escaramuzas sobre las mentes jóvenes del país.
Estimado Heriberto. Me enorgullece que seas uno de mis lectores . Gracias por el comentario.
Esa es la historia de vida de muchos colombianos en una época en nada se nos regalaba y todo costaba esfuerzo. Hoy en día una generación de mantenidos ofende a quienes han logrado el ascenso social y la superación con base en el esfuerzo como en el caso que nos presenta. Gracias por recordarnos cómo y de dónde venimos . Un abrazo
Profe Ramon . Y no solo lo comentado, sino lo aprendido de maestros como Ud. Un abrazo
Que punto de vista tan cierto, gracias por ese relato