Aún siento que mi alma agoniza en silencio al transitar por las calles y toparme con las ruinas donde hubo alegría.
Es un golpe de realidad abrupto que me confirma que esto no fue un sueño.
Es un golpe que doblega todo mi ser.
Es un golpe que duele y marchita por dentro, como se ha marchitado el cielo con sus atardeceres ausentes, aunque el sol caliente.
Quisiera que el frío helado de la noche congelara este sentir y este pensar que me ahoga y ciega mi mirada con mis lágrimas empapadas de melancolía.


