domingo, febrero 15, 2026

MI ENCUENTRO CON PEREIRA:

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40 años construyendo pertenencia

Se dice que Pereira es una ciudad con alto flujo migratorio, mucha gente se va, pero también llega. Vienen especialmente de los otros municipios de Risaralda, de los departamentos vecinos y en menor proporción, de otros departamentos. Por supuesto, también llegan de otros países, pero en menor cantidad.

Son los migrantes, los que dejan su tierra, su gente, sus raíces, para iniciar una nueva vida en esta ciudad. Poco a poco se van integrando, mezclando culturas, formando parte de su historia, porque, como bien se afirma, Pereira es “La ciudad sin puertas”. ¡Aquí, todos son bienvenidos!

Yo, llegué a Pereira hace 40 años. Acababa de regresar de un viaje de dos años por Suramérica, viaje del que no volví sola. En Chile, conocí un titiritero que se convirtió en mi compañero de viaje y finalmente, en mi compañero de vida. Llegamos a Colombia en 1986 y aquí decidimos establecernos.

Nos casamos en junio de 1986. El día anterior a la boda, me llamó una amiga de la Universidad, para avisarme que en Pereira necesitaban un sociólogo(a), que me presentara. Lo pensé, no una, sino varias veces. Me casaba al día siguiente y tendría que viajar inmediatamente, dejando a mi compañero en Bogotá, en plena celebración “Post boda”. Pero necesitaba trabajar, pues acabábamos de llegar a Colombia, nos íbamos a casar y aún no teníamos ingresos. Tenía que ir a Pereira.

Nos casamos un sábado, y el domingo por la noche tomé un bus que me llevó a Pereira, a donde llegué a las 7 a.m. En el terminal de buses busqué una cafetería y pedí un «café con leche, clarito». La mesera pidió en la cocina un «pintado lechudito«, que no era lo que yo había pedido, pero que terminó siendo lo mismo. Fue mi primera lección, así comencé a conocer la «jerga pereirana». Me quedó muy claro y desde entonces, lo he seguido pidiendo así.

A las 8 a.m. me presenté en las oficinas de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda, edificio Antonio Correa, sede del proyecto donde operaba el convenio CARDER – Gobierno de Holanda. Llegué así no más, sin cita previa, sin recomendaciones ni “palancas”, sin que nadie me conociera. Me pasaron a un salón donde un holandés, sin más protocolos, comenzó a entrevistarme.

Se trataba de un convenio con el Gobierno de Holanda, por eso quien entrevistaba era un holandés, pues eran ellos los que iban a contratar, y no requerían de recomendaciones ni palancas. Me preguntó sobre Pereira, el río Otún, y otros temas que yo poco conocía, pues acababa de regresar de un viaje de dos años, no estaba al tanto de los últimos sucesos, era mi primer trabajo y Pereira era una ciudad desconocida para mí.

Una hora más tarde, me encontraba de nuevo en el terminal de buses saliendo para Bogotá, sin muchas esperanzas de que me llamaran, pues creía que no me había ido muy bien en la entrevista. Aun así, no perdía la ilusión de que me resultara el trabajo. Lo necesitaba.

De repente, heme aquí que resultó esta oportunidad: un mes después me llamaron para trabajar con el gobierno de Holanda, en el proyecto de Cooperación Internacional con la CARDER: El Plan de Ordenamiento del tramo urbano del río Otún, con un contrato a seis meses.

Viajé a Pereira en agosto. Llegué directamente al edificio Antonio Correa donde funcionaba el proyecto. Estaba muy nerviosa, pues era mi primer trabajo formal, y además, era muy tímida, me costaba entablar nuevas relaciones.

Le di varias vueltas a la manzana antes de decidirme a subir al ascensor, hasta que finalmente, me armé de valor y lo hice. Llegué a un salón donde había un grupo de personas conversando en torno a una mesa, era el equipo del proyecto. Me saludaron y continuó la reunión, de la que entendí poco, pues ya estaba muy avanzada.

La reunión finalizó, ya oscureciendo. Todos se fueron y yo quedé allí, sola, sin saber para donde coger. Extrañamente, y aun sabiendo que acababa de llegar a la ciudad -lo cual era evidente pues llevaba mi maleta- ninguno me preguntó donde me iba a quedar, ni se ofreció a acompañarme o ayudarme a buscar un lugar donde hospedarme.

Me sentí sola, en una ciudad nueva, donde no conocía a nadie.  Cogí mi maleta, salí y comencé a caminar, ya oscuro, por el centro de la ciudad, sin saber dónde me encontraba. Me detuve frente a un hotel con apariencia muy modesta, pues no llevaba muchos recursos para pagar un mejor hotel, y allí me hospedé.

Así, comenzó mi vida en esta ciudad. Lo primero que hice fue buscar un sitio donde vivir, para que Ricardo se pudiera venir. Él se vino en septiembre. Nos instalamos en un apartamento de Niza e iniciamos una nueva vida. Era una ciudad desconocida, había que adaptarse. No fue fácil.

Comenzamos a trabajar, cada uno en lo suyo, mientas íbamos aprendiendo a conocer esta ciudad, en la que supuestamente íbamos a permanecer por solo seis meses. Pero el sociólogo de la CARDER renunció y yo lo tuve que remplazar, entonces la CARDER me vinculó a la planta, pasé a ser una funcionaria de la entidad. Ya no eran seis meses, era un destino incierto, no sabíamos cuánto tiempo nos íbamos a quedar aquí.

En diciembre del mismo año quedé embarazada, algo inesperado. Mi embarazo transcurrió trabajando en los barrios del tramo urbano del río Otún.  Un día de agosto de 1987, trabajé en el barrio El Triunfo hasta las 9 de la noche, hora en que subí por una calle en piedra, para salir a la avenida, donde tomaba el transporte hacia mi casa. Al día siguiente, nació mi hija. Ella nació exactamente un año después de nuestra llegada a Pereira, y ni qué decir, que transformó nuestras vidas.

Tener una hija en ciudad ajena, es como sembrar una semilla de la que nace un fruto que indudablemente ata a una tierra. Creo que la pertenencia comienza a sentirse en firme cuando uno se liga a la tierra, a través de los hijos que nacen en una ciudad. Y eso fue lo que ocurrió: ¡Teníamos una hija pereirana!

También recuerdo una frase que leí alguna vez, que decía: “Uno es del lugar donde comienza a enterrar a sus muertos”. Poco a poco, comenzamos a rodearnos de personas conocidas, compañeros de trabajo y amigos muy queridos que formaron parte de nuestro círculo social y afectivo.

Pero también experimentamos el dolor de la partida, cuando tuvimos que despedir a personas queridas, cercanas o allegadas, que partían para no regresar jamás. Eran nuestros muertos. Los primeros muertos que comenzamos a enterrar en esta tierra pereirana, que se volvió nuestra tierra. La ciudad donde se habían conjugado la vida y la muerte, el nacimiento y el final de la existencia, ya era nuestra ciudad.

Nosotros vivimos el “Proceso del migrante”, pues yo, oriunda de otra ciudad, que, aunque también colombiana, no era la ciudad donde nací y crecí, y mi esposo chileno, nos fuimos integrando: a medida que fuimos conociendo y aceptando las maneras de ser y vivir en esta ciudad. A medida que fuimos queriendo a su gente. A medida que fuimos conformando una red afectiva y emocional que nos permitió sentirnos en tierra propia. A medida que trabajamos en y por esta ciudad, aportando lo nuestro y recibiendo lo que ella tiene para darnos.

A medida que fui comprendiendo, que mi historia también forma parte de la historia de esta ciudad, en la que hemos construido sentido de pertenencia, en la que hemos vivido 40 años y en la que posiblemente, veremos el final de nuestros días.

Consuelo Gómez Alvira

Enero 2026

41 COMENTARIOS

  1. Me parece una historia muy interesante y me llama la atención que es una mujer Luchona y arriesgada pero sobretodo logra sus metas con su familia a una ciudad nueva y desconocida y se queda en ella y experimenta cosas bonitas y conoce muchas personas

  2. Maravilloso conocer la historia de vida de una compañera de colegio!!! Eres una aventurera valiente.
    La narrativa muy agradable, felicitaciones!!!

  3. Eres una mujer, madre y esposa maravillosa, una mujer de Luz, aguerrida y muy comprometida con tu familia, admiración total Consuelo, la vida es una constante lucha y a pesar de que llegaste a una ciudad que no conocías, te esforzaste por salir adelante, te faltó escribir que tienes un grupo de amigos Chilombianos maravillosos, un abrazo 🤗

    • Mi chas gracias Linda por tu comentario. Es verdad, me faltó mencionar ese grupo de Chilombianos que han sido un soporte afectivo muy importante en esta ciudad!

      • Yo forme parte de ese convenio de Holanda en 1990 para el ordenamiento de la Cuenca media del río San Juan con codechoco y Carder.
        Tengo los mejores recuerdos de ese trabajo ambiental el cual usted con su ética y profecionalismo coordino en el área de educación ambiental en el sector formal de educación.
        Recuerdo el trabajo tan bonito que hice con Ricardo en cada una de las escuelas rurales del departamento y de la cartilla que se hizo con ese turca de caratula.
        Que esperiencia tan inolvidable.
        Me dio mucha ilusión leer este artículo por que muchos recuerdos llegaron a mi mente. Felicidades por este proceso que hoy es experiencia y aprendizaje.

  4. Consuelo te felicito, al leerte recorro con la misma emoción tu camino al lado de tu esposo y tu hija. Me encanta como escribes compartiendo con detalles y tanto sentimiento tu bella historia de vida. Un abrazo

  5. Admirable tu experiencia de vivir en tierra extraña aunque colombiana, pero debió ser realmente inquietante y valerosa para tu esposo quien fue realmente inmigrante porque dejó su familia, ciudad, país y costumbres para unirse en matrimonio contigo. Debió ser para ambos, un lanzarse al vacío de lo desconocido. Bendito sea Dios que ahora, tus gratos recuerdos nos enseñan a arriesgarlo todo por amor.

  6. Que bellas palabras Martha Inés, y como expresas de bien lo que significó nuestra vivencia en esta ciudad! Muchisimas gracias por ese comentario tan bonito!!!

  7. Consuelo es una hermosa historia de vida, que hace parte de la historia de Carder, y por supuesto de la historia de la ciudad. Me precio de haber compartido contigo varios momentos de esa historia en la carder, y doy fe de tus valiosos aportes en la ejecución del plan de ordenamiento del tramo urbano del río otun.

  8. Niña Consue, fiel vocera de quienes somos igual migrantes de esta bella, hermosa y acogedora ciudad.
    Narras en tu interesante y agradable escrito vivencias similares, tanto en lo personal como en lo laboral; por supuesto, compañeritos de proyectos y de vida.
    Gracias por reflejar en tu relato 40 años querendones en nuestra Pereirita trasnochadora y morena.

  9. Relato muy parecido a los que arribamos a esta ciudad, donde «nadie es forastero» con historias distintas, pero también con emociones, sentimientos y frutos (hijos) que llegan, para sembrar sueños en una tierra próspera, verde y pujante, en este terruño «pasan cosas que nunca pasan».

    Gracias mi querida Consuelo por este texto caminado.

  10. Gracias a ti, maestro, por ese comentario tan expresivo. Cierto, muchos somos “de afuera”, pero al vivir aquí nos volvemos “de adentro”, y terminamos siendo de los mismos! Una vida y una tierra en común, una misma historia!

  11. Consuelo lindo relato de tu vida y adaptación a una ciudad diferente a la tuya , una narración muy agradable de leer.
    Felicitaciones.

  12. Consuelo, una vez más leyéndote. No imagino cuán difícil puede ser migrar a una ciudad que no conoces, a un entorno en el que no estás familiarizado y con un futuro incierto. Yo, que soy nacido en esta querida tierra puedo afirmar lo que dices: Pereira es la ciudad sin puertas, todos son bienvenidos.

    Más curioso aún, que tu hija haya nacido cumplido un año de haber arribado en Pereira, como una bendición y un recordatorio de esa decisión que cambió tu vida. Saludos

  13. Es una historia muy fascinante por el relato, los tiempos y porque pereira nos abrió las puertas sin preguntar, sin miedo a vivir en una ciudad de gente amable, acogedora y donde gracias a ellos tenemos en nuestro corazón esa frase que dice «aqui nadie es forastero»

  14. Así es querida Rocío, es una ciudad donde todos nos hemos vuelto parte de ella y nos hemos hermanado al compartir una historia común! Muchisimas gracias por tu comentario!

  15. Consuelo. Muy buena tu narración y admiro tu experiencia al llegar a una ciudad extraña . Yo siempre he estado en Bogotá y mis hijos fueron los que migraron a una ciudad y pais lejano y comparo tus vivencias con las de ellos y pienso que migrar es duro, doloroso y a la vez maravilloso en la medida que se logre una adaptación, se hagan amigos y se comience a sentir como propio el lugar al que se llega. Tal como hicieron tú y tu esposo.

    • Muchisimas gracias Inesita por tu comentario! Así es, la migración ha sido parte importante de la historia de la humanidad y aunque a veces cuesta, también deja muchas satisfacciones!

  16. Qué historia tan interesante: cómo han llegado personas de tantas partes a esta ciudad. Tu forma de escribir da voz a quienes migraron de sus lugares de origen y lograron construir pertenencia en otras tierras. Es un texto que conecta y deja resonando esas experiencias compartidas.

  17. Que historia tan maravillosa, el amor, las ganas de salir adelante y construir una nueva vida en otro lugar diferente a Bogotá hicieron que llegaras tan lejos como profesional y como hija adoptiva de Pereira. Felicitaciones por esa linda familia que hiciste. Un abrazo gigante

  18. Consuelito me encanta tu forma sencilla y acogedora de narrar tu experiencia de vida en mi Adorada Pereira, compartimos parte de nuestra vida en CARDER, y claro ya eres pereirana, pues como bien lo dices aportaste y creciste profesionalmente y en número aquí…un abrazo amiga 👏👏👏

  19. Muy interesante tu lectura, la pertenencia a un lugar no nace de inmediato, sino que se construye con la vida misma. Pereira se convierte en hogar no solo porque allí se trabaja o se vive, sino porque allí nacen los hijos, se hacen amigos y también se despide a los fallecidos. Esa mezcla de alegrías y duelos es la que termina dando raíces.
    Considero que migrar no significa perder identidad, sino ampliarla: uno lleva su historia, pero también adopta la del lugar que lo acoge. Y cuando ambas se entrelazan, ya no hay vuelta atrás: la ciudad deja de ser ajena y pasa a ser parte de uno mismo.

    • Excelente comentario! Como siempre una muy buena interpretación del artículo, aportándole tu pensamiento sobre el tema. Muchísimas gracias!

  20. Felicidades por ése acontecimiento, en una de sus historias de vida muy propia, en la cual siento envidia y celos porque debido al nuevo comienzo de vida que tuvo mi hermana, pude conocer ésas maravillosas tierras cafeteras en las cuales también me gustaría ser recibido y poder culminar mis años de vida cobijado por su calor y amabilidad de sus habitantes que allí moran, espero poder cumplir ése deseo y ser un emigrante más en ésas tierras.

  21. ¡Qué bonita historia, Consuelo! Una linda canción popular dice: “mis locas ilusiones me sacaron de mi pueblo, abandoné mi casa para ver la capital…” es la historia de millones de seres humanos que buscando mejorar sus condiciones de vida, migran a otras partes y echan sus raíces hasta volverse hijos adoptivos en un nuevo terruño. Pero lo que más me gustó es que tu historia y la de Ricardo ratifican el lema que tenemos como ciudad: “Aquí no hay forasteros, todos somos pereiranos”. Saludos…

  22. Consuelo, que buena columna narrando una vivencia que seguramente es la de muchos. Soy pereirano de nacimiento y bogotano por adopción. Como tu, pero recién casado, llegué a Bogotá por un trabajo de 6 meses y me quede por otro de 1 año, y que ya van en 22, toda una vida!. Amo a Pereira como el que más , pero me siento bien en Bogotá. Me atrapó la lectura de su historia. Seguro algún dia la vas a escribir completa porque debe tener muchos detalles. Un abrazo

    • Gracias Fernando por tu comentario tan sentido! Me alegra mucho saber que tenemos historias afines! Quiero decirte que mi historia ya está escrita solo que no la publico porque es muy larga! Un abrazo para ti también y gracias por leerme, gracias por comentar, gracias por dar vida a mis relatos!

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