NO TODO ES COLOR DE HORMIGA…

OpiniónNO TODO ES COLOR DE HORMIGA…

Termina otro gobierno de cuatro años en Colombia y podríamos quedarnos muchas horas analizando lo bueno y lo malo que nos deja. Sobre lo último, ya serán los representantes del nuevo gobierno quienes se encarguen de ponerlo sobre la mesa. Y quizás también sea fácil deducirlo de los resultados electorales. La gente vota con motivaciones y en esta oportunidad el tema de la seguridad ocupó un lugar preponderante.

Pero no todo es color de hormiga, también pasaron muchas cosas positivas, aunque disten de las expectativas iniciales que generó la llegada de la izquierda al poder con Gustavo Petro. Su talante vanidoso, su egolatría y su irreverencia grosera nos dejan una imagen de la personalidad del señor y de su condición humana, pero no son esos los elementos preponderantes a la hora de emitir un juicio de su gestión. Lejos de los calores electorales es importante hacer una evaluación de los resultados finales de su mandato y quiero, sin afanes políticos, poner una lupa en muchas de las cosas buenas que nos deja.

En este país, ahora de extremos, nadie de la «derecha» querrá reconocer logros o aspectos positivos del gobierno que termina porque su pasión los enceguece y solo pretenden y patrocinan que se «destripe» todo lo que tenga que ver con los pasados cuatro años. No soy economista y mi mirada no irá más allá de la de cualquier ciudadano del común. Miremos.

La primera cifra positiva es la de la inflación que en Colombia se redujo al 5,84%, casi la mitad de la que teníamos en el 2022,  a pesar de las altas tasas de interés que mantiene el Banco de la República. Paralelamente el dólar cayó a valores insospechados: casi mil pesos menos que hace cuatro años, se sitúa cercano a los $3.500. Los fanáticos dirán que eso no depende del gobierno sino de la economía mundial. Cualquiera sea la razón no es mi interés analizarlo, pero la cifra es una exacta y quizás incómoda realidad.

El desempleo bajó en estos cuatro años del 10,6% al 8,8% a pesar del aumento del salario mínimo y de los presagios de la oposición. Dicho salario se dobló en ese período y nada grave sucedió.

Otras conquistas como la recuperación de los recargos por trabajos nocturnos y la reducción de la jornada laboral representaron también el pago de una deuda social histórica y tampoco afectaron a la economía negativamente.

El café vive una bonanza extraordinaria y a pesar de los conflictos entre gobierno y federación del ramo el precio ronda los cuatro dólares por libra, uno de los niveles más altos de la historia del grano en Colombia.

Y aunque los economistas del nuevo régimen ya deben estar con ganas de lapidarme, continúo: doce y medio millones de colombianos votaron por el continuismo y sin negar la existencia del «voto fusil» y «las prebendas económicas a muchos sectores de la sociedad que tanto desvelan a los contradictores» esta cifra representa un crecimiento histórico arrollador, expresión de apoyo y aceptación. Pocos presidentes han salido con una imagen tan alta aunque contraste con la negativa, también muy alta.

No son muchos más los logros positivos en materia económica y si de poner una nota se trata ya el pueblo colombiano «rajó» al señor Petro. Lo más grave: deja una deuda pública disparada y un déficit fiscal aterrador que exigirán de los siguientes gobiernos un severo apretón del cinturón, lo que de alguna manera afectará dolorosamente el bolsillo de todos los colombianos. 

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