PEAJES: EL SECUESTRO LEGALIZADO DE UN PAÍS.

OpiniónDenunciasPEAJES: EL SECUESTRO LEGALIZADO DE UN PAÍS.

TORRE DE PAPEL

En Colombia movilizarse dejó de ser un derecho y se convirtió en un privilegio tarifado por monopolios privados que, durante décadas, capturaron al Estado para convertir las carreteras nacionales en cajas registradoras eternas. 

Los peajes ya no son mecanismos temporales para construir vías. Son un sistema de extracción económica permanente contra millones de ciudadanos obligados a pagar para trabajar, estudiar, transportar alimentos o simplemente visitar a sus familias.

Lo más indignante es que este atraco fue legalizado desde el poder político.

Gobiernos neoliberales, especialmente los alineados con el uribismo, estructuraron contratos blindados para favorecer concesionarios privados con cláusulas leoninas que hoy prácticamente impiden desmontar esos negocios sin condenar al Estado a pagar billonarias indemnizaciones. 

Dejaron todo amarrado jurídicamente. Diseñaron un sistema donde el ciudadano siempre pierde y los monopolios siempre ganan.

Mientras el pueblo paga, unos pocos se enriquecen obscenamente.

En el Eje Cafetero el caso resulta escandaloso. Siete peajes controlados por Autopistas del Café exprimen diariamente a miles de personas que no tienen rutas alternas reales. Eso no es libre movilidad. Eso es secuestro económico tácito.

Y lo peor: las vías ni siquiera corresponden al dinero que se recauda. Carreteras estrechas, obras incumplidas, trayectos inseguros y tramos antitécnicos siguen siendo la realidad mientras las tarifas suben descaradamente cada año. 

Colombia tiene hoy cerca de 180 peajes activos, una de las redes más densas de América Latina. 

En rutas como Bogotá–Armenia–Pereira–Manizales existen hasta nueve peajes en apenas 340 kilómetros.

Eso significa cobros prácticamente cada 35 o 40 kilómetros, algo absurdo incluso para estándares internacionales.

Y aquí aparece la gran mentira de los defensores del modelo.

Nos dicen que en otros países también existen peajes. Sí, existen. Pero allá las autopistas corresponden a estándares técnicos modernos, amplias dobles calzadas, conexiones rápidas y opciones alternas gratuitas. 

En Estados Unidos gran parte de las autopistas son libres de peaje o tienen corredores alternativos. 

En Brasil, un país nueve veces más grande que Colombia, muchos ciudadanos consideran inexplicable que Colombia tenga más estaciones de cobro proporcionalmente y peajes tan costosos para vías inferiores. 

Aquí, en cambio, pareciera que el objetivo no fuera construir país sino garantizar rentas eternas para quienes financiaron campañas políticas y luego cobraron favores desde las concesiones.

Ese es el verdadero fondo del problema.

Los peajes terminaron convertidos en un gigantesco negocio político-empresarial donde los mismos grupos económicos controlan concesiones, medios de comunicación y poder regional. 

Por eso casi nadie denuncia. Por eso casi nadie investiga. Por eso durante años la ciudadanía fue silenciada mientras le vaciaban el bolsillo en cada caseta.

Y cuando el presidente Gustavo Petro propone revisar anticipadamente concesiones abusivas o frenar incrementos desbordados, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia aparece inmediatamente como vocera de los concesionarios y pone el grito en el cielo. 

Jamás levantaron la voz por el conductor humilde, el campesino, el pequeño comerciante o el transportador quebrado por los costos.

Ahí sí hablan de “seguridad jurídica”.

Pero nunca hablaron de seguridad económica para el ciudadano.

Nunca les preocupó que millones de colombianos deban pagar peajes exagerados para sobrevivir. 

Nunca cuestionaron aumentos consecutivos mientras los salarios apenas crecen. 

Nunca reclamaron auditorías independientes sobre contratos llenos de privilegios privados.

Y resulta curioso que cuando se trata de proteger monopolios aparecen todas las barreras jurídicas posibles. Ahí sí surgen amenazas de demandas, cláusulas blindadas y tribunales dispuestos a defender contratos privados por encima del interés colectivo. 

Ahí sí pareciera no existir ni Corte Constitucional ni Consejo de Estado defendiendo con la misma contundencia los derechos económicos del Estado y de los ciudadanos.

Es el mismo modelo que muchos colombianos cuestionan en otros sectores: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. 

Exactamente igual a lo ocurrido con los fondos pensionales y otros negocios estructurados para beneficiar conglomerados económicos mientras el pueblo carga el peso.

Los peajes en Colombia dejaron de ser herramientas de infraestructura. Hoy representan un símbolo del país desigual construido para unos pocos. Un país donde trabajar cuesta, producir cuesta y moverse cuesta, porque todo fue diseñado para alimentar monopolios.

El Gobierno del Cambio tiene razón al abrir esta discusión nacional. Porque ningún país puede hablar de desarrollo mientras tenga ciudadanos atrapados en carreteras privatizadas, pagando eternamente obras ya amortizadas o proyectos que jamás se terminaron.

La paciencia del pueblo también tiene límites.

Y cada peaje levantado sobre vías deficientes no representa progreso: representa la prueba visible de cómo el Estado fue entregado, durante años, al servicio de intereses privados.

Muchos colombianos ya no ven los peajes como contribuciones.

Los ven como lo que realmente parecen:

un atraco permanente y un secuestro legalizado contra toda una nación.

3 COMENTARIOS

  1. Excelente articulo. El caso del concesionario del eje cafetero es una muestra de la denuncia que hace el articulista. 30 años explotando los peajes y no hicieron lo contratado. Cual doble calzada entre Armenia- Pereira y Manizales. Son parches, 30 años y los accesos a Pereira son de calzada sencilla, la variante de Chinchina es de calzada sencilla. 30 años es un robo y una exacción a los bolsillos de los usuarios. Y la clase «dirigente» $arrodillada$ al poder economico de ODINSA. Y pretenden seguir con este atraco por 30 años más con obras que no hacen parte del corredor concesionado….Y los Pereiranos pagando el peaje mas caro de Colombia para ir a Armenia o regresar.

  2. La ignorancia es atrevida, cuando tengan un caso de éxito de mantener una carretera sin pagar peajes o a cargo del estado por más de 10 años, podrá volver a opinar con propiedad, de resto es una grave demostración de ignorancia de lo que cuesta hacer y mantener la infraestructura de un país

  3. A quienes hoy salen a defender las concesiones de Odinsa, Autopistas del Café y el peaje de Cerritos escondidos detrás de nombres ambiguos, supuestos ingenieros o contratistas, habría que recordarles que la ignorancia no está en quien denuncia, sino en quienes pretenden normalizar el abuso contra todo un pueblo.
    Desde 1992, cuando ejercía como gerente de una empresas radial en Cartago, impulsamos campañas para exigir la eliminación del peaje Cerritos–Pereira por el enorme daño económico que le causaba al Eje Cafetero. Han pasado más de tres décadas y la historia sigue siendo la misma: concesionarios enriqueciéndose con billones de pesos mientras los ciudadanos pagan una y otra vez por carreteras estrechas, deterioradas, llenas de baches y apenas maquilladas con un poco de cemento encima.
    Durante años, los colombianos han sido obligados a financiar verdaderos monopolios viales sin transparencia clara sobre el destino de los recursos. Cobran sin descanso, aumentan tarifas, amplían contratos y extienden concesiones, mientras el transporte, la producción agrícola, el comercio y el bolsillo de la gente quedan asfixiados.
    El peaje de Cerritos no solo golpea a Pereira y Dosquebradas; afecta a todo el Eje Cafetero, encarece alimentos, transporte, turismo y competitividad regional. Cada tractomula, campesino, trabajador y familia termina pagando el costo de un modelo diseñado más para favorecer grupos económicos y financiadores políticos que para beneficiar al pueblo.
    Por eso, no aceptamos lecciones de quienes defienden estos negocios desde la comodidad del anonimato. Aquí no se trata de “ignorancia de un columnista”. Se trata de denunciar un atraco legalizado contra millones de colombianos.
    El Eje Cafetero merece vías dignas, transparentes y humanas, no peajes eternos convertidos en cajas registradoras privadas.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos