El foro llevado a cabo la semana anterior en Expofuturo, liderado por dos organizaciones cívicas y financiado con la ayuda de decenas de empresarios de la ciudad desvistió la realidad que vive Pereira y con la cual debemos afrontar los enormes aprietos que nos dejó el terremoto del 10 de agosto pasado.
Hay que agradecer a «Pereira Cívica» y a «Cuidamos nuestra democracia», dos colectivos ciudadanos formidables que tienen el civismo entre ceja y ceja, que han demostrado su pereiranidad y su temple frente a la adversidad y que se propusieron convocar a todas las fuerzas vivas de la ciudad para buscar un camino de reconstrucción que sea común a todos. Pero ahí empieza a oscurecerse el panorama. Que el afán de unir los esfuerzos, las voluntades, las sinergias y las potencialidades de las instituciones y las organizaciones que trabajan por la ciudad y que tienen el músculo para emprender grandes proyectos en este difícil momento nazca de la iniciativa privada es el mejor ejemplo de la ausencia de liderazgo político que estamos atravesando.
Pero más allá de eso que, en un momento crucial de nuestra historia, con la peor crisis desde la existencia de la urbe, la ausencia más notoria en dicho evento haya sido la del alcalde es sintomático de lo que se nos viene. ¿Acaso creen los políticos que son capaces solos con esta tragedia?, ¿que no necesitan de los empresarios, de los gremios, de los constructores, de la sociedad civil? Tampoco asistió el gobernador, aunque envió su delegado.
Desde la óptica de un ciudadano del común sentí tristeza. Pereira está más sola que nunca. Tampoco estuvieron ni el presidente ni ninguno de sus ministros. Aunque eso no creo que sorprenda a nadie. Es evidente que en los 75 días que llevamos transcurridos desde la tragedia no se siente la mano tendida del gobierno nacional. Y hay que decirlo duro, aunque a algunos los quiera cegar el fanatismo. El Fondo Milagro no tiene recursos para enfrentar el problema, once semanas después del sismo no se ha posesionado la gerente Ana María Cuartas. Y con el debido respeto considero que las visitas presidenciales, que han sido muchas, se quedan en pura «vitrina». Anunciar la entrega de unas pocas casas para las familias de los policías damnificados es reconocer que hay ciudadanos de primera y de segunda categoría, contarnos que darán 1070 viviendas nuevas y 5000 mejoramientos de vivienda cuando hay 36.000 destruidas y 207.000 averiadas es un despropósito. El presidente nos deja un discurso lleno de promesas que por cierto tiene tufo de campaña política.
Con la honrosa excepción de la universidad del Área Andina, la academia también brilló por su ausencia. Ninguna otra institución de educación superior se hizo presente. Y de los políticos ni hablar. Por cierto, ¿algún partido político se ha pronunciado sobre el terremoto? ¿Han ofrecido algo decoroso para el futuro inmediato, para la reconstrucción, para los próximos comicios? Solo aparecerán el año entrante, porque hay elecciones.
¿Y líderes a nivel nacional? No tenemos. No hay quien grite, llore, pida o tramite algo en Bogotá. Hace algunos días hice alusión a los veinte o treinta lideres nacionales que teníamos hace tres décadas: César Gaviria Trujillo, Juan Guillermo Ángel Mejía, Carlos Arturo Ángel Arango, Rodrigo Rivera Salazar, Iván Marulanda Gómez, Luis Carlos Villegas Echeverri, Jorge Mario Eastman Vélez, María Isabel Mejía y algunos más que sabían abrir puertas, hablaban duro y eran escuchados.
Los ciudadanos que sobrevivimos al terremoto tenemos fibra y muchas ganas de trabajar, pero definitivamente estamos solos.El foro llevado a cabo la semana anterior en Expofuturo, liderado por dos organizaciones cívicas y financiado con la ayuda de decenas de empresarios de la ciudad desvistió la realidad que vive Pereira y con la cual debemos afrontar los enormes aprietos que nos dejó el terremoto del 10 de agosto pasado.
Hay que agradecer a «Pereira Cívica» y a «Cuidamos nuestra democracia», dos colectivos ciudadanos formidables que tienen el civismo entre ceja y ceja, que han demostrado su pereiranidad y su temple frente a la adversidad y que se propusieron convocar a todas las fuerzas vivas de la ciudad para buscar un camino de reconstrucción que sea común a todos. Pero ahí empieza a oscurecerse el panorama. Que el afán de unir los esfuerzos, las voluntades, las sinergias y las potencialidades de las instituciones y las organizaciones que trabajan por la ciudad y que tienen el músculo para emprender grandes proyectos en este difícil momento nazca de la iniciativa privada es el mejor ejemplo de la ausencia de liderazgo político que estamos atravesando.
Pero más allá de eso que, en un momento crucial de nuestra historia, con la peor crisis desde la existencia de la urbe, la ausencia más notoria en dicho evento haya sido la del alcalde es sintomático de lo que se nos viene. ¿Acaso creen los políticos que son capaces solos con esta tragedia?, ¿que no necesitan de los empresarios, de los gremios, de los constructores, de la sociedad civil? Tampoco asistió el gobernador, aunque envió su delegado.
Desde la óptica de un ciudadano del común sentí tristeza. Pereira está más sola que nunca. Tampoco estuvieron ni el presidente ni ninguno de sus ministros. Aunque eso no creo que sorprenda a nadie. Es evidente que en los 75 días que llevamos transcurridos desde la tragedia no se siente la mano tendida del gobierno nacional. Y hay que decirlo duro, aunque a algunos los quiera cegar el fanatismo. El Fondo Milagro no tiene recursos para enfrentar el problema, once semanas después del sismo no se ha posesionado la gerente Ana María Cuartas. Y con el debido respeto considero que las visitas presidenciales, que han sido muchas, se quedan en pura «vitrina». Anunciar la entrega de unas pocas casas para las familias de los policías damnificados es reconocer que hay ciudadanos de primera y de segunda categoría, contarnos que darán 1070 viviendas nuevas y 5000 mejoramientos de vivienda cuando hay 36.000 destruidas y 207.000 averiadas es un despropósito. El presidente nos deja un discurso lleno de promesas que por cierto tiene tufo de campaña política.
Con la honrosa excepción de la universidad del Área Andina, la academia también brilló por su ausencia. Ninguna otra institución de educación superior se hizo presente. Y de los políticos ni hablar. Por cierto, ¿algún partido político se ha pronunciado sobre el terremoto? ¿Han ofrecido algo decoroso para el futuro inmediato, para la reconstrucción, para los próximos comicios? Solo aparecerán el año entrante, porque hay elecciones.
¿Y líderes a nivel nacional? No tenemos. No hay quien grite, llore, pida o tramite algo en Bogotá. Hace algunos días hice alusión a los veinte o treinta lideres nacionales que teníamos hace tres décadas: César Gaviria Trujillo, Juan Guillermo Ángel Mejía, Carlos Arturo Ángel Arango, Rodrigo Rivera Salazar, Iván Marulanda Gómez, Luis Carlos Villegas Echeverri, Jorge Mario Eastman Vélez, María Isabel Mejía y algunos más que sabían abrir puertas, hablaban duro y eran escuchados.
Los ciudadanos que sobrevivimos al terremoto tenemos fibra y muchas ganas de trabajar, pero definitivamente estamos solos.


