PETRO DESAFIANTE

OpiniónPETRO DESAFIANTE

“Vamos a dar la batalla por la vida y la historia libertaria de Colombia. Aquí no se rinde nadie,  aquí vamos a ganar y yo mismo me pondré al frente”. Estas palabras dichas al término de los comicios electorales del 31 de mayo, no tendrían mayor alcance, de no haber sido expresadas por el presidente Petro, quien constitucionalmente obligado está a garantizar la imparcialidad. La frase, pareciera ser propia de un jefe de debate, y ciertamente lo es. El presidente de Colombia ha actuado abierta y descaradamente como el jefe de debate del Pacto Histórico, en su campaña por imponer al candidato Iván Cepeda como sucesor del proyecto político de la izquierda, representada por Gustavo Petro. Los mecanismos, que los hay, para ponerlo en cintura, son un simple saludo a la bandera cuando se trata del primer magistrado de la nación. El artículo 127 de la Constitución Política obliga a los servidores públicos, incluyendo al presidente, a guardar absoluta imparcialidad y neutralidad para no interferir en las contiendas políticas y sus controversias. Adicionalmente, la ley 996 de 2025 (conocida como Ley de Garantías), reglamenta los alcances de la misma, estableciendo prohibiciones en el ejercicio de los cargos, evitando la utilización de los recursos del Estado, la nómina y la contratación pública para favorecer campañas políticas o incurrir en clientelismo, las que rigen durante los 4 meses anteriores a cualquier elección, bien sea legislativa o presidencial, manteniéndose hasta el 31 de mayo o hasta el 21 de junio, en caso de requerirse la segunda vuelta, como ahora. Con este marco, el Estado busca equilibrar la competencia electoral, garantizando la transparencia en el uso de los recursos públicos y ofrecer seguridad jurídica a las entidades que deben planear y ejecutar su gestión en medio del calendario electoral. Nada de esto ha cumplido el presidente Petro. Su administración, que bien se enmarca en un verdadero concierto para delinquir, como lo afirmáramos en reciente columna, ha estado inmersa en aberrantes latrocinios, premeditadamente calculados para tener el dinero suficiente con qué comprar las conciencias de los votantes en zonas marginales, a más de los innumerables subsidios creados para el mismo fin. La criminal política de la “paz total”, que no ha sido otra  que la entrega del territorio a los grupos armados al margen de la ley, y quienes en las elecciones de ahora 8 días le cumplieron a Petro en su propósito de ganar las elecciones en los territorios bajo su mando, como bien pudo comprobarse con claros mapas en donde la periferia de Colombia toda votó con los fusiles empujando los tarjetones, es una prueba contundente e irrefutable de la miserabilidad de este criminal Gobierno. Pero a Dios gracias, la Colombia decente, la Colombia defensora de los principios cristianos, éticos y morales, la que condena el aborto por fuera de las excepciones señaladas por la Corte, la que considera inaceptable las narrativas y enfoques de género en las escuelas y colegios, la que rechaza que Fecode utilice las aulas para imponer ideologías neocomunistas y exige de ella menos marchas y más compromiso con una educación de calidad, la Colombia que quiere reencontrarse en paz y cerrar de una vez por todas este experimento fallido de la izquierda corrupta que solo busca remediar la pobreza, pero la de ellos, mientras destruyen la institucionalidad, esa Colombia grande demostrará el 21 de junio que sigue FIRME POR LA PATRIA.

Alberto Zuluaga Trujillo.                                                       Alzutru45@hotmail.com

3 COMENTARIOS

  1. El gobierno facho mafioso del matagatos sólo pretende poner el Estado al servicio de los negocios de unos cuantos ricos y hacer mucho más pobres a la mayoría de los colombianos.

    • Su respuesta, señor Franco, no aporta ni una sola razón de peso. Se limita a lanzar insultos y descalificaciones, pero evita cuidadosamente explicar en qué —o por qué— el columnista estaría equivocado. Si realmente pretende refutarlo, necesitaría presentar argumentos verificables, no simples ataques.
      Quisiéramos saber por qué el más alto funcionario de la patria se pasa por la faja normas, decretos, la CP y el necesario respeto institucional. O es que acaso la voluntad del pueblo que tanto aboga el como lo hacen sus seguidores es solo la que está a favor de su pensamiento? Es decir que los otros 10 millones y un poco más no son pueblo sino fascistas y mafiosos? Flaco favor a la democracia y la convivencia le hacen a la sociedad y el bienestar común quienes solo vociferan sin argumentos. Y ojo, que de esos hay en los dos lados de la anatomía colombiana: a la izquierda y a la derecha. Un afectuoso saludo.

  2. El Presidente Gustavo Petro ha hecho su carrera política de frente, de cara al pueblo; fue el primero en desenmascarar la parapolítica enquistada en el sistema, desde que Julio César Turbay Ayala, estableció el Estatuto de Seguridad mientras traficaba con su valija diplomática (que pasaba sin revisión por los aeropuertos en los años 70), con el socio que nombró estratégicamente como Director de la Aeronáutica Civil. Cuando se robaron las elecciones de Rojas Pinilla no se rasgaron las vestiduras y la gente se tuvo que conformar con el fraude. También los presidentes puestos a dedo por el Estado y los paracos en contubernio, fueron anestesiando o mejor intimidando a la ciudadanía que ya había perdido la esperanza de un cambio real, pues eso lo prometían en casa campaña para captar votos solamente. Esos presidentes siempre ponían a su sucesor con los Mancuso, los Jorge 40, los Ñeñes, mientras descaradamente hacían discursos de paz y de justicia social.
    Hay que ser muy honesto y valiente para hablar de frente, sin eufemismos ni hipocresías como le gusta a la mayoría de la “gente de bien”, ladrones de cuello blanco que se creen aristócratas puros cuando la mayoría cimentó su riqueza sobre los huesos escondidos de los campesinos, líderes sociales e indígenas que fueron usurpados en su dignidad humana revictimizándolos permanentemente cuando reclamaron sus derechos.
    Me quedo con el presidente que habla de frente y detesto los que se dan golpes de pecho en las pantallas, mientras están dando órdenes para masacrar poblaciones enteras.
    Los que aman la hipocresía y la mojigatería son los cómplices de violadores constantes de los derechos humanos.

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