La jornada del 31 de mayo mostró a una ciudadanía anhelante frente a distorsiones provenientes de agresividades verbales, descalificaciones y promesas construidas más sobre emociones peligrosas que sobre propuestas realizables. A ello se suma el temor creciente a modelos estatistas que, en países cercanos han terminado conduciendo al empobrecimiento, a la frustración y a la pérdida de libertades individuales bajo el peso de estructuras tiránicas asfixiantes y tributaciones confiscatorias. Sin embargo, el mensaje que deja esta primera vuelta también obliga a reconocer una verdad que durante décadas fue ignorada por amplios sectores: existe una Colombia orillera, silenciosa, excluida y resentida, que encontró en el presidente Petro un intérprete de sus frustraciones. Su elevada favorabilidad, pese al desgaste de gobierno, a las controversias permanentes y a sus frecuentes excesos verbales, no puede analizarse únicamente desde la óptica ideológica, pues, tiene raíces sociales hondas. Millones de ciudadanos sin acceso efectivo a oportunidades, atrapados en la pobreza, la informalidad y el abandono estatal, sienten que alguien por primera vez les habla directamente y reconoce sus padecimientos, pero sin actuar en sus soluciones.
Seguir desconociendo esa realidad es un error histórico. La estabilidad democrática no se garantiza solo mediante balances macroeconómicos positivos o discursos de crecimiento. La riqueza nacional debe traducirse en oportunidades tangibles, presencia institucional, empleo digno, salud, educación y seguridad para las regiones olvidadas. Allí radica el verdadero desafío de cualquier proyecto democrático moderno: generar prosperidad con equidad, sin destruir la iniciativa privada ni erosionar los pesos y contrapesos constitucionales que sostienen la República.
Por ello, el debate de segunda vuelta no debería seguir atrapado en el lodazal de los insultos, las injurias y las calumnias que degradan la política. Colombia necesita altura conceptual. El ciudadano comienza a exigir más claridad pragmática. Las provocaciones, los disfraces ideológicos y las narrativas construidas sobre enemigos permanentes, ya muestran signos de desgaste. En ese escenario, también merece rechazo el comportamiento del Gobierno Nacional, cuya participación abierta e ilegal en favor del candidato oficialista ha generado cuestionamientos sobre la imparcialidad presidencial. La utilización de plataformas para alimentar confrontaciones políticas, las constantes mentiras discursivas y las rectificaciones improvisadas de propuestas previamente negadas han terminado configurando un ambiente semejante a un espectáculo circense donde la improvisación desplaza la serenidad republicana. Ejemplo claro, el mentís de fraude votacional. Incluso el propio candidato oficialista aparece muchas veces atrapado entre rectificaciones y contradicciones que muestran incertidumbre. En ocasiones parece más un portador accidental de razones ajenas que un conductor firme de una propuesta coherente y estable para el país. Esa percepción incrementa la necesidad de que el electorado examine con prudencia, profundidad y serenidad las implicaciones reales del distorsionado proyecto político que se pretende consolidar con camorras.
De allí que la tarea inmediata para los sectores democráticos consista en convocar nuevamente a las urnas a quienes quedaron políticamente dispersos tras la eliminación de sus candidatos en primera vuelta. La abstención o el desencanto podrían terminar definiendo mal el destino nacional. Lo que Colombia enfrenta no es una simple disputa electoral. Está en juego la preservación y el respeto constitucional, la seguridad jurídica y la posibilidad de construir un país capaz de ofrecer dignidad, bienestar y futuro a las próximas generaciones.
Por eso, más allá de las pasiones del momento, el verdadero deber cívico consiste hoy en sembrar condiciones para una sociedad más justa, segura y equilibrada, donde la divergencia no destruya la libertad y donde el progreso no excluya a los olvidados.
Esa es la gran responsabilidad que dejó abierta la primera vuelta y el enorme desafío moral que se resolverá en las urnas el próximo 21 de junio. ¡Firmes por la Patria!



Por eso mi voto será por Iván Cepeda.
El gobierno facho mafioso del matagatos sólo pretende poner el Estado al servicio de los negocios de unos cuantos ricos y hacer mucho más pobres a la mayoría de los colombianos.
Respetado Columnista:
» Vivimos en el mejor de los mundos posibles a pesar de toda la imperfección que constatamos a nuestro alrededor y en nosotros mismos»
Godofredo Leibniz.
Colombia con 215 años de exististencia como Estado.: 211 gobernado por liberales, conservadores, y alianzas diversas.
Cuatro de ellos en manos de un movimiento politico denominado : Progresismo .
Creo en la Democracia, y cada quien tiene el derecho decjuzgar l Señor Presidente Gustavo Petro Urrego, según le haya ido bajo su gobierno.
Se logran y no se logran metas en cuatro años.
Algunos logros:
1_ Cumplir a los trabajadores:
<. Salario Digno: salario minimo vital.
< Baja la pobreza multidimensional a 9.9%, se saca de la pobreza a 793.000 colombianos.
<Tasa de desempleo más baja del siglo.
<. Se gira por primera vez un salario vital a los internos de Medicina en Colombia.
<. Recuperación de derechos: jornada nocturna inicia a las 7:00 p.m. y los recargos dominicales y gestivos avanzan hacia el 100%.
<.Se logra el contrato laboral especial y a termino fijo de Aprendizaje del SENA.
2. Le cumplió a las fuerzas armadas: sus ingresos , su dignidad alimentaria, de vivienda, la mesada 14 a los pensionados de la fuerza publica.
Bueno importantes logros que podemos consultar en: presidencia de la republica.gov.co.
En : https: // http://www.presidencia.gov.co.
Grandes obstaculos en la implementación de reformas sociales, grandes opositores que sistemáticamente desconocieron logros : los medios de comunicación tradicional, llos entes de control, las cortes y demás.
Se llegó a la presidencia y no al poder.
Tarea para quiénes creemos en la igualdad social : obtener ambos .