¡Tremenda cátedra la de Francia Elena Márquez Mina respecto de lo que es un discurso coherente; colmado de ecuanimidad, esperanza, fraternidad, reconciliación y valentía!
Se le perdona el estar gravemente contaminada de la ‘falsa equidad de género en el lenguaje’, que opaca su bagaje intelectual.
No debiera darles papaya a sus detractores para que despotriquen de su talento. Alguien tiene que corregirle; y no puede ser Gustavo Petro quien la oriente en el buen uso del lenguaje, ya que él también incurre en semejantes exabruptos (como: los y las colombianas, los y las trabajadoras, muchachos y muchachas, jovencitos y jovencitas, entre otros tantos).
En su emocionante alocución, la doctora Francia, nos inquieta –en solo 20 minutos– con estas perlas:
• colombianos y colombianas
• ancestros y ancestras
• ellos y ellas
• trabajadores y trabajadoras
• todos, todas y todes
• compañeros y compañeras
• hermanos y hermanas
• los nadies y las nadies
• los niños y las niñas
• los papás y las mamás
• nosotros y nosotras
Nos podremos imaginar la avalancha de incordios que acuñará con la creación del Ministerio de la Igualdad. Esperamos que uno de sus derroteros no sea acrecentar la gazapera de “los, las, les y l@s”; sino implementar una verdadera política de inclusión con la puesta en marcha de la ley 581 del 2000, conocida como Ley de Cuotas o Ley de Equidad de Género, la misma que le da efectiva participación y derechos a la mujer en los niveles decisorios de la Administración Pública.
La exégesis de esta disposición es la que hace confundir el género sexual (hombres/mujeres, machos/hembras), inherente a una condición biológica, con el género gramatical (masculino/femenino), fundamentado en una distinción convencional, que en la mayoría de las veces corresponde a los sexos, pero no necesariamente. Y, así mismo, es una convención social, que se ha venido decantando durante siglos: que el género gramatical masculino se use para nombrar en una sola expresión ambos sexos (por ejemplo: los ciudananos, el profesorado y el rebaño); como lo hace también, en algunas ocasiones, el género gramatical femenino (por ejemplo: las personas, las criaturas, la gente y la manada). En ambos casos es una convención, y de ninguna manera es una exclusión de alguno de los sexos o agresión a uno de ellos, sino por el contrario denota inclusión con economía en el lenguaje. Esta confusión en los conceptos hace que se incurra en errores, y que veamos aburridores y sosos textos vueltos unos verdaderos galimatías.
La verdadera inclusión que se necesita con urgencia es la social, la relacional, que nada tiene que ver con lo gramatical, que es una mera convención.
En cambio, la expresión de “mayores y mayoras” –por la que le han llovido las más severas burlas y críticas– sí es correcta: la Real Academia Española tiene registrado en su diccionario el término –en desuso– ‘mayora’, que siginifica “la mujer (esposa) del mayor”; es decir, “mayoras” refiere a unas mujeres jerarcas y no a todas las mujeres mayores. De modo que el uso que le da Francia a este término es el correcto, ella alude –según su propia respuesta en redes– a “mujeres sabias, que tienen la autoridad ética y moral para guiar el rumbo de nuestros pueblos”. A diferencia de lo que ocurre con las otras expresiones, impuestas por la moda del supuesto lenguaje incluyente, la recuperación de esta palabra en desuso es un aporte al léxico de la conversación, en tanto que trae consigo un significado que se ha perdido y olvidado, y –por asociación– todo un universo semántico que se hace necesario en su discurso.
Cosa muy distinta es pretender –arbitrariamente y con fines ideológicos– crear expresiones que no aportan nuevos sentidos a la comunicación y que por el contrario arruinan la belleza, economía, sencillez y practicidad de nuestra lengua.
De seguir con esta moda vamos a terminar hablando como Nicolás Maduro y su vicepresidenta, Delcy Rodríguez, quienes la embarran cada que hablan con su fastidioso estilo dizque incluyente; y, ahí sí, como muchos temen, ¡nos vamos a “venezuelizar”!
Ojalá esta interesante dupla del Pacto Histórico corrija a tiempo sus vicios de lenguaje, antes de que estos terminen por empañar su inteligencia y elocuencia, entorpezcan la comunicación efectiva de sus ideas y pongan en riesgo su credibiliad.
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