¿QUÉ TAL QUE SUCEDA DE NUEVO?

Opinión¿QUÉ TAL QUE SUCEDA DE NUEVO?

Uriel Escobar Barrios, M.D.

A Rubén, con sus 78 años recién cumplidos, nunca le había pasado. Dormir había sido durante toda su vida un acto natural, casi automático. Pero desde el sismo del 10 de agosto, cuando llega la noche aparece una pregunta que parece no tener respuesta: “¿Qué tal que suceda de nuevo?”.  Entonces, su mente comienza a imaginar: otro movimiento de la tierra, una pared que cae, un techo que se desploma, la posibilidad de quedar atrapado. Y mientras su cuerpo permanece acostado, su cerebro parece seguir buscando una salida. Durante el día consigue manejar el temor, pero algo cambia cuando oscurece. También evita los pisos altos, los ascensores y se aleja de estructuras que considera peligrosas. En consulta lo explica con una frase que resume buena parte de lo que significa vivir después de un acontecimiento traumático: “En el día puedo manejarlo, pero en la noche, especialmente cuando estoy dormido, quedo a expensas de circunstancias que no puedo controlar”. Han pasado casi 50 días, y aunque Rubén sabe racionalmente que debe adaptarse a esta realidad, está cansado de la “sobrepensadera”, del miedo y de esa sensación de que el peligro puede regresar en cualquier momento.

Desde la Neuropsiquiatría podemos comprender qué está ocurriendo. Frente a una amenaza, el cerebro activa sistemas destinados a protegernos: la amígdala detecta señales de peligro y pone en marcha respuestas de alarma; aumentan la vigilancia, la tensión corporal y la atención hacia cualquier indicio que pueda anunciar una amenaza. Después de un acontecimiento traumático, este sistema puede permanecer excesivamente sensible. El problema aparece cuando el cerebro continúa comportándose como si el acontecimiento estuviera ocurriendo, aunque ya haya terminado. Por eso pueden aparecer insomnio, sobresaltos, pensamientos intrusivos, hipervigilancia y conductas de evitación. La persona comienza a organizar su vida alrededor del peligro que teme. No porque sea débil, sino porque su sistema nervioso aprendió que el mundo puede dejar de ser seguro en un instante. El miedo después de un sismo es normal, pero cuando los síntomas persisten durante más de un mes, generan sufrimiento significativo y alteran la vida cotidiana, es necesario valorar clínicamente la posibilidad de un trastorno de estrés postraumático (TEPT). No todas las personas que viven un evento traumático lo desarrollan; influyen la intensidad y significado de la experiencia, antecedentes personales, vulnerabilidades y experiencias traumáticas previas.

La Psiquiatría nos recuerda algo esencial: el trauma no solamente queda en la memoria; puede quedar inscrito temporalmente en la manera como el cerebro interpreta el presente. Filosóficamente, Rubén enfrenta una de las grandes paradojas de la existencia: necesitamos seguridad, pero vivimos en un mundo donde no todo puede ser controlado. Porque quizá la pregunta que hoy despierta a Rubén no tenga una respuesta absoluta. “¿Qué tal que suceda de nuevo?”. Tal vez podamos enseñarle a su cerebro una pregunta diferente: “¿Y qué tal si, mientras tanto, vuelvo a vivir?”. www.urielescobar.com.co

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