Por: Olga Cecilia Trejos Buriticá
John Mordechai Gottman, conocido como John Gottman o simplemente como Gottman, es un psicólogo estadounidense y profesor emérito en la ciudad de Washington, reconocido mundialmente por sus décadas de investigación científica sobre la estabilidad matrimonial, la predicción del divorcio y la terapia de pareja. Es el creador el Método Gottman que es un enfoque de terapia de pareja basado en datos emíricos que busca reducir el conflicto destructivo, aumentar la intimidad y fortalecer la conexión emocional a través de la teoría de la Casa de la Relación sólida”. Junto con su esposa Julie Schwartz, fundó un centro de investigación donde analió las interacciones, el lenguaje corporal y la fisiología de miles de parejas durante más de 40 años. Identificó cuatro conductas en la comunicación como la crítica, el desprecio, la actitud defensiva y la obstrucción o la ley del hielo, señalándolas como altamente predictivas del fracaso conyugal. Entre sus obras están: “Siete reglas de oro para vivir en pareja” (The seven principles for making mariage work).
Las siete reglas de oro, según este importante investigador, son:
- Mejora tu mapa del amor: conoce a fondo el mundo psicológico de tu pareja, sus gustos, estrés, esperanzas, sueños, proyectos y amigos.
- Cultiva el cariño y la admiración: Expresa afecto y respeto a diario para mantener vivo el aprecio mutuo.
- Acércate al otro en lugar de alejarte: Responde a los pequeños gestos y llamadas de atención cotidianas.
- Deja que tu pareja te influya: Comparte el poder y toma de decisiones en conjunto, valorando su punto de vista.
- Resuelve los problemas solubles: inicia las conversaciones sin dureza, aprende a calmarte y llega a acuerdos negociando.
- Sal del estancamiento: identifica los sueños o necesidades ocultas detrás de los conflictos que parecen imposibles de resolver.
- Crea un sentido de trascendencia: Construye una historia compartida, con valores, metas y rituales comunes que unan a la pareja.
Una relación de pareja, según este mismo autor, se daña, por la falta de comunicación efectiva, el desgaste de la confianza y la ausencia de cuidado diario en el vínculo. La relación es esa planta que si no estás pendiente de su hidratación, fertilizantes, enraizantes, luz y palabras, al menos yo converso con mis plantas, poco a poco se va muriendo y cuando ya el frío, olvido y abandono es notorio, el primer motivo que dio origen a este desenlace, ocurrió silenciosamente desde hacía muchos años, pero que poco a poco lo fue secando como la plantica que se descuidó.
Existen conductas clave que destruyen una relación poco a poco y que, si las notamos a tiempo, tal vez la podamos salvar, recuperar, darle vida. Quiero mencionar algunas:
La crítica constante: Atacar la personalidad del otro en lugar de señalar un comportamiento específico, (por ejemplo, decir: “eres un desconsiderado”, en lugar de “necesito tu ayuda en este asunto”).
El desprecio o la falta de respeto: Usar la burla, la ironía, los insultos o la falta de respeto con la intención de humillar o hacer sentir inferior a la pareja.
La actitud defensiva: Reaccionar a los desacuerdos culpando al otro o victimizándose, sin asumir responsabilidad ni escuchar.
El bloqueo u obstrucción o silencio castigador: Es muy común, se da cuando se ignora la pareja, se aplica la ley del hielo o se muestro indiferencia absoluta cuando se intenta resolver un conflicto. Este comportamiento genera una profunda desconexión porque notamos que no existimos para la otra persona, así que también deja de existir para nosotros.
Dar al otro por sentado: descuidar los detalles, dejar de mostrar afecto y asumir que la otra persona siempre va a estar ahí, sin importar que se presente un comportamiento a veces agresivo o profundamente silencioso, apaga la ilusión.
Las mentiras y la falta de confianza: Ocultar cosas, vigilar el teléfono o espiar, rompen la base de la confianza mutua de manera casi irreparable.
La rutina y la falta de tiempo de calidad: El cansancio del día a día, el exceso de pantallas y la falta de espacios a solas, transforman a la pareja en compañeros de piso. Las peleas constantes y la rutina descuidan la relación hasta enfriarla por completo.
En muchos casos caemos en el error de esperar que el otro adivine lo que necesitamos o estamos pensando o que tenga una transparencia absoluta asfixiándolo con celes que ahogan su espacio personal e individualidad. Todo esto termina en una lucha sin frutos como es el intentar cambiar al otro, moldeándolo a nuestra forma de ser, solo generando una inmensa frustración para ambos miembros de esta pareja.
A veces quien más necesita de tu compañía, así sola, simple, sin más exigencias, vive bajo el mismo techo, pero estamos tan metidos en lograr imposibles que olvidamos que vivir en pareja es fácil, si cada uno pone de su parte con un compromiso en el que estén dispuestos a cumplir.


