EL CORAZÓN NO SE PIERDE, SE DESCUIDA

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Hace dos semanas, los creadores de www.sientemente.com me invitaron a una sesión muy especial: Reconectar con el corazón.  Aquella noche recordé algo que, en medio de la cotidianidad laboral, profesional, social y familiar, había dejado de sentir con claridad: esa certeza que parece inundar cada fibra del ser cuando descansamos en el corazón.  Me di cuenta de que, ocupada en responder a tantas cosas, me había desconectado de mí misma. Y quise indagar qué significa regresar a ese lugar interior.

Vivimos respondiendo a las tareas, a los demás, a lo pendiente. En esa carrera, podemos dejar de reconocer qué sentimos, qué necesitamos y qué nos dice ese malestar que postergamos.

De pronto reconectar con el corazón empiece por algo simple: detenerse a escuchar. No para obedecer cada emoción, sino para comprenderla antes de decidir. A veces, bajo la rabia hay tristeza y, bajo la impaciencia, cansancio.

Las tradiciones contemplativas llevan siglos explorando la vida interior. En la oración ortodoxa se repite una frase hasta que, según esa tradición, la mente desciende al corazón. En el sufismo se habla de pulirlo como un espejo. En el budismo, la bondad amorosa consiste en cultivar deseos de bienestar para uno mismo y para los demás.

¿Y la ciencia? Con cautela. Una revisión de 58 estudios controlados sobre biofeedback de variabilidad cardíaca encontró efectos favorables en distintos resultados, aunque su magnitud varió según las condiciones estudiadas (Lehrer et al., 2020). Otra revisión de 23 estudios sobre intervenciones de bondad amorosa encontró beneficios frente a grupos de control pasivo, pero no diferencias significativas frente a controles activos u otros tratamientos (Petrovic et al., 2024). Por su parte, un experimento con adultos trabajadores encontró que la meditación de bondad amorosa aumentó las emociones positivas diarias, relacionadas con mayor satisfacción vital y menos síntomas depresivos (Fredrickson et al., 2008).

No son milagros, pero tampoco es poco.

Podemos empezar sin creer en nada. Una práctica difundida por HeartMath propone llevar la atención al pecho, respirar más despacio y evocar a alguien o algo que despierte aprecio. Sharon Salzberg, maestra de meditación, propone repetir en silencio frases de bondad hacia uno mismo, sin forzar sentimientos.

Escucharnos no siempre es cómodo. Pueden aparecer gratitud, resistencia o incomodidad. No encontraremos necesariamente respuestas fáciles, pero sí la posibilidad de reconocer preguntas que llevábamos tiempo evitando.  Como por ejemplo:  ¿nos tratamos con consideración?. Podemos ser comprensivos con los errores ajenos y castigarnos durante días por los propios. Reconectar implica revisar cómo nos hablamos. Vivir ocupados no es lo mismo que estar presentes. Hoy podemos regalarnos un minuto antes de abrir el celular: poner una mano en el pecho, respirar despacio y recordar a alguien que queremos. No para encontrar una respuesta inmediata, sino para hacer una pausa y volver a nosotros

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