Hace más de 3.000 años, los celtas irlandeses, celebraban el festival de Samhain, una práctica que marcaba el final de la cosecha y el inicio del invierno. No era una fiesta “oscura” como hoy se cree, sino un rito profundamente humano: en una época en la que el frío, el hambre y la enfermedad amenazaban la vida, los pueblos buscaban sentido y protección frente a lo desconocido. Creían que en esa noche la barrera entre vivos y muertos se debilitaba, permitiendo la presencia de los espíritus. Encendían hogueras, dejaban ofrendas y realizaban rituales que, más que supersticiones, eran formas de mantener el vínculo con los ancestros y afrontar el misterio de la muerte.
Con la expansión del cristianismo, estas costumbres no desaparecieron, sino que fueron reinterpretadas. El Samhain quedó absorbido por la fiesta de Todos los Santos y la conmemoración de los Fieles Difuntos, transformando la comunicación con los muertos en oración y memoria litúrgica. La expresión inglesa “All Hallows’ Eve”, víspera de Todos los Santos, dio origen a la palabra Halloween. Sin embargo, en este proceso de sincretismo, lo que en su origen fue respeto y memoria empezó a verse bajo sospecha: en la Edad Media, la persecución a la brujería y el temor al paganismo cargaron de connotaciones diabólicas a los antiguos símbolos de máscaras, hogueras y disfraces.
En la modernidad, especialmente en Estados Unidos, Halloween perdió gran parte de su sentido espiritual y se transformó en una fiesta comercial. Disfraces, dulces, películas de terror y decoraciones han convertido la noche en un espectáculo global, trivializando su trasfondo ritual. Sin embargo, esta celebración popular convive con un juicio contrario: para muchos, sigue siendo una práctica pagana, diabólica o de brujas, porque conserva símbolos asociados a la muerte, lo macabro y lo sobrenatural.
La paradoja es clara: lo que hoy se percibe como “noche oscura” fue en su origen un rito de esperanza y protección. Samhain respondía a la necesidad humana de explicar el misterio de la muerte y de mantener lazos con los que ya no están. Halloween, tal como lo vivimos hoy, refleja más bien la reinterpretación de esos símbolos bajo el prisma del miedo, el consumo y el espectáculo. Lo que antes fue memoria de ancestros, hoy es motivo de disfraces y polémicas religiosas.
En el fondo, sin embargo, ambas versiones revelan lo mismo: que el ser humano, ayer como hoy, no deja de sentir fascinación y temor frente al límite entre la vida y la muerte. Halloween no es solo una fiesta pagana o una tradición comercializada; es el eco de una inquietud ancestral que sigue latiendo en lo más profundo de nuestra cultura.
Padre Pacho



Excelente reflexión que nos recuerda el origen de estas celebraciones y su importancia. Me recordó las festividades de los muertos en México que siguen siendo muy autenticas y conservan ese respeto hacia la memoria de sus ancestros y a mantener los nexos con los muertos que de alguna manera sienten que regresan a compartir con ellos esos momentos de celebración.
Cuando lo que antes era algo ancestral y una costumbre llena de luz y buenos pensamientos se a convertido al pasar de los años en una busrla para nuestros antesesores algo q era una festividad pura se a convertido en una festividad impura donde varias comunidades de personas o siertas personas aprobechan dicha festividad para hacerle daño a la comunidad hacer estragos y aprobechas q es el dia donde mas niños se ven en la calle aprobechan para secuestros asesinatos y incluso para hacer brujeria abusan de los animales e incluso es una noche que da para que las personas enfermas mentalmente persigan a las chichas y la violen o incluso las desaparescan pero aun asi la humanidad a decidido continuar con su cultura y sus costumbres pero hace tres años para aca la costumbre se a ido perdiendo cada año son menos las personas que salen a celebrar esta festividad igual a otras festividades
Después de leer el texto, pienso que Halloween ha perdido completamente su verdadero significado. Lo que comenzó como un ritual de conexión con los ancestros y un acto de respeto frente a la muerte, hoy se ha convertido en una celebración superficial, dominada por el consumismo y la diversión vacía. Es triste ver cómo una tradición tan profunda, que representaba la unión entre vivos y muertos, se transformó en un negocio global lleno de disfraces y dulces. La esencia espiritual del antiguo Samhain se diluyó entre las luces de neón y las películas de terror, olvidando que en su origen esta festividad era una forma de encontrar esperanza y sentido ante el miedo a la muerte.
En mi opinión, Halloween no debe verse como una pérdida, sino como una evolución natural de las tradiciones humanas. El texto muestra cómo el festival de Samhain fue adaptándose a los cambios de cada época: del rito celta al cristianismo, y luego a la cultura moderna. Aunque hoy tenga un enfoque comercial, sigue siendo una forma en la que las personas expresan sus emociones frente al misterio de la vida y la muerte, incluso si es mediante la diversión o la creatividad. Los disfraces, las historias de miedo y las decoraciones pueden parecer banales, pero también son un reflejo de cómo la humanidad sigue encontrando maneras de convivir con lo desconocido. En el fondo, Halloween sigue cumpliendo su propósito: recordarnos que lo sobrenatural y la muerte siempre formarán parte de nuestra naturaleza
Buen día Padre Francisco. Gran escrito.
Halloween para muchos es el día de los temores, de la fascinación y en esta época comercial es un verdadero desfile de disfraces de todos los estilos, colores y gustos que convergen y originan un gran arco iris cargado de alegría por todas las calles.
Me gusta esta fiesta porque es un momento esperado por los niños, quienes con sus disfraces se desbordan de alegría e inocencia, acompañada de esa inmaculada ternura propia de los infantes.
Es interesante conocer los orígenes de este evento, pero la felicidad de los niños en torno a esta fiesta no la cambio por nada.
Feliz día padre Francisco.
me parece muy interesante cómo muestra la transformación del significado de Halloween a lo largo del tiempo. Muchas veces uno solo ve esta fecha como una noche para disfrazarse,y pedir dulces o ver películas de terror, pero en realidad tiene un trasfondo histórico y cultural mucho más profundo. El texto explica que todo comenzó con los celtas irlandeses y su festival de Samhain, una celebración que no era “oscura” ni “satánica”, sino una forma de darle sentido a la muerte y de mantener el vínculo con los seres queridos que ya habían fallecido. Me parece muy humano que esas comunidades buscaran protección y esperanza en una época tan difícil como el invierno.
También me llama la atención cómo el cristianismo tomó estas costumbres y las transformó en la celebración de Todos los Santos y los Fieles Difuntos. Es una muestra de cómo las culturas cambian y se mezclan, y cómo muchas tradiciones que hoy consideramos “modernas” o “americanas” en realidad tienen raíces antiguas y espirituales. Sin embargo, me gustó la conclusión del texto, porque plantea que, aunque haya cambiado la forma de celebrar, en el fondo el ser humano sigue sintiendo esa curiosidad y ese temor por lo desconocido, por lo que hay después de la muerte.
una forma de enfrentar el misterio de la muerte y mantener el vínculo con quienes ya no están. Lo que nació como un rito de esperanza y protección
Mi opinion
Aunque el artículo expone la evolución histórica de Halloween desde el Samhain celta hasta la festividad comercial actual, su verdadero valor está en mostrar cómo cada época ha usado la misma celebración para proyectar sus propios miedos y necesidades. Lo interesante no es solo el tránsito del rito a la mercancía, sino cómo la cultura occidental transformó un acto de conexión con los muertos en un espectáculo que, paradójicamente, habla más de nosotros que de nuestros ancestros. El texto invita a ver Halloween no como una disputa entre lo pagano y lo cristiano, ni como simple fiesta de consumo, sino como un espejo que revela que seguimos intentando domesticar la idea de la muerte —a veces con rituales, otras con demonizaciones y hoy con disfraces— porque es una pregunta que la modernidad aún no ha podido resolver del todo.
La idea de que Samhain era un rito profundamente humano, que buscaba sentido y protección frente a lo desconocido, es muy interesante. La creencia de que la barrera entre vivos y muertos se debilitaba en esa noche, permitiendo la presencia de los espíritus, es un tema que sigue siendo relevante en muchas culturas.
Me gustó la forma en que el texto describe cómo el cristianismo reinterpretó estas costumbres, transformando la comunicación con los muertos en oración y memoria litúrgica. La evolución de la palabra «Halloween» a partir de «All Hallows’ Eve» es un ejemplo interesante de cómo las palabras y las tradiciones pueden cambiar con el tiempo.
La crítica a la comercialización de Halloween es también muy pertinente. La forma en que la fiesta se ha transformado en un espectáculo global, con disfraces, dulces y películas de terror, ha llevado a perder el sentido original de la celebración.
Sin embargo, me parece que el texto también destaca la paradoja de que, a pesar de la comercialización y la trivialización de Halloween, la fiesta sigue siendo un reflejo de la fascinación y el temor que sentimos hacia la muerte y lo desconocido. La idea de que Halloween es el eco de una inquietud ancestral que sigue latiendo en lo más profundo de nuestra cultura es muy profunda.
Me parece muy interesante la explicación del sincretismo entre el Samhain celta y las fiestas cristianas de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Esto demuestra que la cultura no elimina las tradiciones, sino que las reinterpreta. El conflicto actual no es solo entre lo pagano y lo cristiano, sino entre la memoria ritual y el olvido comercial. Es valioso recordar que la esencia de esta noche es una necesidad humana de mantener el lazo con los que ya no están, una necesidad que sigue vigente más allá de las máscaras de látex y las polémicas religiosas.
Halloween tiene sus raíces en el Samhain celta, un rito que marcaba el fin de la cosecha y buscaba protección ante el invierno, honrando a los ancestros cuando se creía que la frontera entre vivos y muertos se hacía tenue. Con el cristianismo, estas prácticas se transformaron en las fiestas de Todos los Santos y Fieles Difuntos. Con el tiempo, especialmente en Estados Unidos, Halloween perdió su sentido espiritual y se volvió una celebración comercial. Lo que fue un rito de memoria y esperanza hoy mezcla consumo, simbolismo macabro y debates religiosos, pero conserva el mismo fondo humano: la necesidad de comprender y enfrentar el misterio de la muerte.
Halloween tiene su origen en el festival celta de Samhain, un rito que marcaba el fin de la cosecha y honraba a los ancestros cuando se creía que el mundo de los vivos y los muertos se acercaba. Con el cristianismo, estas tradiciones se transformaron en Todos los Santos, y la “All Hallows’ Eve” dio lugar a Halloween. Con el tiempo, la fiesta adoptó connotaciones oscuras y, en la era moderna, se volvió principalmente comercial, perdiendo su sentido espiritual. Aun así, tanto Samhain como Halloween reflejan la misma inquietud humana frente a la muerte y lo desconocido.