jueves, marzo 5, 2026

SILENCIO MEDIÁTICO, Y DESEQUILIBRIO INFORMATIVO

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Cuando la ética periodística desfallece, la noticia deja de informar y empieza a manipular.
En los últimos días se ha generado una gran controversia en redes sociales sobre el manejo que la gran prensa le viene dando a la información. Esto, a raíz del enfoque dado a dos hechos recientes que afectan, una, al gobierno actual y, otra, a la oposición.
Por un lado está la noticia amplificada sobre imputación de cargos a dos exministros del actual gobierno, cuya investigación apenas inicia, y de las que los medios ya exponen juzgamientos a priori. Y, de otra parte, el silenciamiento periodístico frente a la condena contra Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Uribe, sentenciado a 28 años de prisión por su participación como determinador en crímenes atribuidos al grupo paramilitar, Los Doce Apóstoles, por él creado y liderado.

 

Entre las críticas más reiteradas a los medios de comunicación está la falta de equilibrio informativo, generado por artimañas, mentiras, omisiones, tergiversaciones u ocultamientos deliberados, la tendencia a amplificar los errores del gobierno, y a minimizar e ignorar sus logros.

 

Pese a que la condena a Santiago Uribe es una decisión judicial de hecho, los grandes medios –Semana, El Tiempo, El Colombiano, Caracol, RCN, Blu Radio y La FM, entre otros– no han divulgado de manera amplia esta información, lo que ha sido interpretado como un acto de omisión o de trato marginal para un hecho relevante.

 

En contraste, estos mismos medios han centrado parte significativa de su agenda en la presunta infiltración de subversivos en el Ejército Nacional y la Dirección Nacional de Inteligencia DNI. Según fuentes oficiales, las investigaciones en estos casos apenas comienzan, por lo que se ha insistido en no emitir conclusiones anticipadas. El mismo presidente se ha pronunciado al respecto, reclamándoles a los medios documentos probatorios o rectificaciones, sin obtener respuestas concretas hasta el momento.

 

Este panorama ha reabierto el debate sobre la ética periodística y el papel de los medios en la formación de opinión pública, especialmente en contextos de alta polarización política. El tratamiento desigual y sesgado de los hechos –unos amplificados, otros minimizados– vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de discutir estándares de rigor y de responsabilidad en la cobertura periodística. En un país donde las tensiones políticas suelen marcar el ritmo de la agenda informativa, el reto para los medios sigue siendo el mismo: ofrecer información precisa, proporcional, verificable, sin ceder a presiones, sesgos o intereses ajenos al derecho ciudadano a estar bien informado.

 

La ética periodística prioriza la imparcialidad, la independencia, la responsabilidad y la veracidad; pero, lamentablemente, esto no parece estar presente hoy en la gran prensa nacional.

 

Diseño gráfico: “Majitus”

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* Periodista y corrector de estilo

 

www.ogil.info

+ 57 318 881 1133

ogilcorrectordeestilo@gmail.com

2 COMENTARIOS

  1. Buen día Don Óscar. Gran escrito y gran denuncia.

    La ciudadanía desde mi percepción es más critica frente a los medios y es innegable que la desinformación se ha naturalizado pero ya «no se come cuento tan fácil» y eso es bueno para la toma de decisiones como ciudadano.

    Esa famosa frase «miente miente y será verdad tarde que temprano» se ha ido desvaneciendo porque cuando «se abre los ojos» da «piedra» enterarse de cómo nos engañaron pero ese «jueguito» se está acabando y en las urnas esto se reflejará para el bien de todos.

    Feliz día.

  2. La ética periodística, la imparcialidad, la independencia, la responsabilidad y la veracidad, a parte de ser principios rigurosos en quienes trabajamos en los medios, deberían estar inmersas, individualmente, cómo cátedras puras en las actuales facultades de Periodismo y/o Comunicación.

    Desde el inició de esas facultades, especialmente, en una universidad Pereira, he controvertido la función innata en la enseñanza del periodismo puro y esencial, pues lo que se advierte en la formación de quienes salen a ejercer, dista mucho del verdadero periodismo y quienes egresan terminan siendo simples comunicadores.

    Y lo más grave, comunicadores organizacionales, que al no tener la formación adecuada, terminan haciendo lo que en las nuevas generaciones se viene dando y por ende ponen en práctica lo que la universidad dictó o engendró.

    Por lo anterior en X, donde escribo con asiduidad, replicó a quienes llaman periodistas a presentadores, animadores, opinadores ya que la misión que cumplen es la de comunicar, más no la de informar.

    Esos comunicadores son solo eso comunicadores. Agrava el panorama de la información ética, independiente, responsable e imparcial, la llegada de los comunicadores mediáticos, que nunca investigan, interrogan o hacen seguimiento a una noticia, por dos factores: el primero prima el contrato y segundo, no tienen formación a sdemica en el área para la que trabajan. De eso se aprovechan alcaldes, gobernadores y políticos.

    Para quien escribe y representa una generación de periodistas, muchos de ellos empíricos, pero analistas, éticos en su inmensa mayoría, periodista es quien » patrulla» la noticia, que la digiere, la investiga, la redacta, la titula, la diagrama y la edita. Esa tarea no la hacen quienes se ganaron el título de comunicación y periodismo que expiden las actuales facultades universitarias.

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