lunes, abril 27, 2026

UNA LOCURA PARA SALVAR EL PERIODISMO

OpiniónÉTICAUNA LOCURA PARA SALVAR EL PERIODISMO

Por Juan Fernando González Giraldo

Las mejores ideas suelen nacer de los momentos de mayor apremio, de la locura fugaz o, en su defecto, de un aburrimiento tan profundo que termina por fracturar la lógica de lo cotidiano; de hecho, si dependiéramos de la gente cuerda este mundo jamás progresaría o avanzaría a paso de tortuga. En medio del encierro asfixiante que impuso la pandemia del Covid-19, cuando la humanidad quedó atrapada entre paredes y pantallas, se abrió paso un arrebato intelectual y delirante del veterano reportero Luis Fernando Cardona Gutiérrez, quien para evitar los bostezos en medio de la cuarentena dio vida a un proyecto que hoy mezcla la seriedad del periodismo tradicional con la necesidad de expresarse por medios digitales y no físicos. Lo que surgió como una respuesta a la quietud obligatoria se convirtió en el parto que trajo al mundo a un bebé llamado “El Opinadero”, un medio de comunicación que alcanzó la madurez y ha logrado la permanencia en la era de la inmediatez. Al cumplir seis años de vida recibe el merecido reconocimiento de la Asamblea Departamental de Risaralda.

Cuando Luis Fernando tuvo la idea de crear El Opinadero me invitó a formar parte del grupo de los columnistas habituales. En su momento no acepté por mis ocupaciones… y por pendejo; por qué negarlo. No le puse mucha fe al proyecto. El tiempo, sin embargo, se encargó de evidenciar que ninguna idea es absurda o irrealizable cuando hay voluntad detrás de ella. Lo demuestra la solidez de este espacio a lo largo de los años. A la postre se invirtieron los papeles y como perrito regañado con la cola entre las patas le pedí que me admitiera en su grupo de colaboradores; él, tan generoso, noble, desprendido y buena gente como siempre, me admitió.

A través de esta tecnología moderna Cardona Gutiérrez está honrando la memoria del gran maestro regional del periodismo Hernán Castaño Hincapié, quien desde el hoy desaparecido periódico La Tarde nos enseñó los principios de la seriedad y la objetividad, a la manera antigua, usando papel y tinta y soportando los disgustos que causaba el famoso “diablillo de la rotativa” que solía generar errores en la versión impresa, a pesar del juicio de los redactores, jefes de redacción y editores,  y comparables con las habituales barbaridades que hoy día responde la IA a las consultas de sus más juiciosos usuarios. En esa época los periodistas sentíamos que un medio de comunicación tan consolidado sobreviviría a todos nosotros, los humildes mortales, y que el día de nuestro fallecimiento nos honraría con un pequeño obituario en alguna de sus páginas más ocultas. Pero ocurrió lo inesperado; de repente empezó la agonía del hoy casi extinto papel periódico y murió el poderoso diario La Tarde, mientras que los veteranos que fuimos los artífices de sus páginas seguimos aquí, envejeciendo, adaptándonos y abriéndonos camino entre algoritmos, prompts y otros conceptos que años atrás ni siquiera imaginábamos pero ahora nos gobiernan.

En forma similar, el entonces llamado Diario del Otún todavía circula, creo, pero ahora como El Diario que devoró a La Tarde, en papel, en una versión tabloide con un mínimo de páginas y con tan poco alcance como medio físico que es necesario adivinar dónde encontrar un ejemplar reciente.

Hoy la comunicación tiene que fluir por internet, sí o sí; el que se niegue a esa realidad, está muerto en vida. Es una transición inevitable, similar a la época en que apareció el computador para desplazar las antiguas y ruidosas máquinas de escribir. En esos días algunos presuntos “rebeldes”, acobardados ante la novedad, se escudaron en su ‘romanticismo’ para aferrarse al sonoro tecleo. Finalmente cayeron de rodillas ante la despiadada aplanadora llamada tecnología. Eran ellos o el futuro, y el futuro siempre gana.

Los linotipos e imprentas son progresivamente reemplazados por una nube virtual, y la inteligencia artificial, útil pero muchas veces tan bruta en sus respuestas, ha llegado para convivir para siempre con la humanidad.

Sostener un medio que circula por internet a diario es una “quijotada”, una tarea titánica que solo un convencido o un demente podría liderar. No es solo cuestión de publicar, sino de coordinar columnas de opinión originales, caricaturas mordaces y editoriales de otros tantos locos leales que le siguen aportando el material necesario, movidos por la convicción de que el público necesita recibir opiniones de todas las vertientes ideológicas. En El Opinadero escriben desde el mamerto extremo que todavía habla del «imperio» opresor, hasta el derechista empedernido convencido de la disciplina como solución final y definitiva, el que dice estar en el centro para evitar compromisos y el inevitable indeciso.

Esa amalgama de voces le otorga su valor como medio independiente y virtual en una época en que los medios tradicionales languidecen y el papel desaparece como soporte primordial de las ideas. La locura de Luis Fernando se erige como un bastión necesario para la libertad de expresión, demostrando que la tradición del maestro Hernán Castaño Hincapié sobrevive y se fortalece si se tiene la valentía de habitar el presente digital con el rigor de siempre.

Mis respetos para Luis Fernando, el muy hijo de CAN; o sea, de Cardona Arcila Néstor, el viejo y respetado periodista que durante muchos años publicó -en papel- El Fuete, un periódico que informaba, opinaba y divertía con humorismo. Otro loco genial. Por algo dicen que “hijo de tigre sale pintado”.

1 COMENTARIO

  1. Excelente artículo, que buena manera de homenajear a Luis Fernando Cardona, a quien yo he bautizado “El Quijote de las letras” y a quien con muchísimo gusto seguiré acompañando en esta quijotesca empresa que estoy segura, se convertirá en el bastión de las letras periodísticas de Risaralda.

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