Una crónica sobre el espíritu cultural y la diversidad de Pereira
El calendario marcaba el 15 de abril de 2026, una fecha que en el devenir rutinario de la ciudad podría parecer un punto cualquiera en la línea del tiempo; sin embargo, el recinto del Concejo Municipal de Pereira se transformó en un escenario de introspección colectiva. Bajo la mirada atenta de la plenaria, la Secretaría de Cultura, liderada por la doctora Emilia Gutiérrez, compareció no solo para rendir cuentas técnicas, sino para cartografiar el alma vibrante de nuestra capital.
Lo que se desplegó en las pantallas no fue una simple sucesión de fríos indicadores o métricas presupuestales. Fue, en esencia, la narrativa de un impacto profundo, una pedagogía de la libertad que ha permeado las 19 comunas y los 12 corregimientos. La exposición reveló una ciudad que se piensa a sí misma desde la alteridad, integrando en un solo tejido social a las infancias, juventudes, personas adultas y de manera especial, a nuestras personas mayores y mayoras guardianas de la memoria.
La gestión actual ha logrado convocar un coro de voces históricamente silenciadas, las comunidades étnicas, pueblos indígenas y comunidades afro descendientes que reafirman nuestra herencia, al lado de la diversidad sexual, sectores LGBTIQ+ que reclaman y habitan su derecho a la ciudad, a una territorialidad. El campesinado que custodia la tierra, hasta investigadores y estudiantes de todos los niveles educativos con una disposición poderosa, que contagia y mueve espíritus, los cuales se han articulados con algunos proyectos de esta secretaria de cultura.
Estas voces, desde sus propios talleres y rincones, construyen día a día una identidad dinámica que se niega a ser estática o excluyente.
La paradoja de lo público valor vs. precio, surge aquí, una reflexión filosófica sobre la gestión de lo común. Se habló de un presupuesto de 11 mil millones de pesos, y, de una inversión de 23 mil millones de pesos, cifra que, frente a las necesidades de una ciudad joven y pujante de 163 años, se torna casi simbólica. Es la paradoja de Pereira, una demanda artística que crece exponencialmente frente a unos recursos que siempre parecen finitos.
Sin embargo, en esa tensión entre el presupuesto y el anhelo creativo, la ciudad ha logrado un milagro administrativo y humano. El objetivo es trascendental, convertir el acceso a la cultura ese derecho fundamental en una costumbre cotidiana, un hábito vital que nos dignifica. Los pilares del alimento espiritual es gestión que se lee en los espacios que habitamos y que hoy cobran un nuevo sentido.
La armonía en el centro, es la Banda Sinfónica con sus conciertos y retretas que ha devuelto el equilibrio al latido urbano, democratizando la música académica, que son guardianes del pensamiento articulada a través de los lenguajes coincidentes de La emisora cultural Remigio Antonio Cañarte y la Biblioteca Pública Ramón Correa, que actúan como faros de conocimiento, editando voces propias y garantizando el acceso a la información los 365 días del año.
El escenario de todos es el Teatro Santiago Londoño, junto a la Sala de Exposición Carlos Drews Castro y su teatrino, estos, ofrecen una programación diversa que va desde los «Viernes de Teatro», exposiciones de artistas visuales con todo un repertorio desde el arte clásico, moderno y contemporáneo, hasta espectáculos internacionales, brindando un sustento espiritual que es cimiento de una ciudadanía crítica.
Este espejo de la historia lo consolida El Museo Lucy Tejada y, merece mención aparte. En la obra de la Maestra se condensa la historia política, social y estética de los siglos XX y XXI; un espacio donde Pereira se reconoce para proyectar su futuro con enfoque de género y justicia social.
La formación con rigor de Las Escuelas de Artes alcanzan hoy a impactar a más de 13,000 estudiantes en todo el territorio municipal. Este proceso es guiado por un cuerpo docente excepcional de más de 140 profesionales y magísteres, quienes garantizan que la educación artística sea un motor de movilidad social y transformación humana.
La cultura se toma la calle en esta administración, donde la sapiencia ha roto las paredes de los recintos cerrados. Los parques se han convertido en ágoras modernas con encuentros como: Salsa, Tango, Plancha y Rock “al Parque” no son solo eventos; son actos de soberanía territorial y alegría. Desde la ciclo vía dominical hasta las veredas más remotas, la cultura ha salido al encuentro del ciudadano en su tránsito diario.
Una inversión en humanidad sentí al salir del recinto del Concejo Municipal de la «Perla del Otún», queda una certeza indeleble que, “la cultura no es un gasto, es la inversión más rentable para la calidad de vida”. Pereira no solo crece en asfalto, intervenciones sociales, no, también crece en sensibilidad y empatía.
Lo que vivimos hoy, es el eco de más de dos años y medio aproximadamente de trabajo incansable. Es una explosión de sentido que nos recuerda que, mientras el arte palpite en las calles, la ciudad seguirá viva, justa y en paz.
«En Pereira, la cultura late sin tregua gracias a la determinación de gestores, artistas, creadores y portadores de tradición que transforman la realidad con profesionalismo y entrega. Aquí, donde el arte embellece cada rincón, se trabaja con el alma y se entrega el corazón por el bienestar común».


