Relatos de la cotidianidad
Esta mañana estaba en mi sesión de fisioterapia, haciendo los ejercicios para la rodilla. Frente a mí, una mujer que hacía sus ejercicios, estiraba una cinta elástica con mucha fuerza. Me llamó la atención la fuerza y energía que ponía en su ejercicio.
La observé. Era una mujer sencilla, humilde, de esas a las que se les nota que han tenido que luchar la vida. Cuarenta años le puse, con el pelo recogido atrás y una actitud firme. Firmeza en su expresión, firmeza en sus movimientos, firmeza en la mirada.
No resistí la tentación de hablarle y le dije que, “Se notaba que tenía mucha fuerza, por la forma como jalaba la cinta elástica”. Ella se rio y me dijo que sí, que ahora tenía fuerza, porque antes era una mujer débil y su marido le pegaba todos los días, porque ella no tenía fuerzas para defenderse.
Entonces se acercó a mí, para continuar la conversación. Yo me dispuse a escucharla.
Me contó que estuvo con ese hombre durante 20 años y que la golpeaba de todas las maneras y por cualquier motivo, hasta que un día, la tomó por la espalda para golpearla. Ella se agachó y lo cogió de sus testículos con tanta fuerza, que el hombre casi llora del dolor y estuvo dos días enfermo. Desde ese día, no le volvió a pegar.
Hubiéramos seguido conversando sobre el tema, si el entrenador no viene hacia nosotras y nos separa. Nos puso a hacer los ejercicios que nos correspondían y por los cuales estábamos en ese lugar. ¡A lo que vinimos! Dijo el entrenador. Nosotras nos miramos, sonreímos y continuamos con nuestros ejercicios.
Yo salí de allí y seguí pensando en esa mujer. Repasaba los discursos feministas de los que nos sentimos tan orgullosas, en los que nos ufanamos de los avances y logros que hemos obtenido para lograr mayor independencia, reconocimiento e igualdad en la sociedad.
Y me pregunté, ¿Cuáles son los logros y avances de estas mujeres, que siguen siendo golpeadas por sus esposos, algo que se convierte en su día a día, una rutina que todos ignoran, y que se esconde al interior de sus viviendas?
¡Para ellas no existe la liberación femenina, ni nada parecido! Muchos creen que porque ahora, a todo se le pone el masculino y el femenino, ya se solucionó el problema de la discriminación entre sexos. Ahora todos somos “los y las”, lo que no ha impedido que las mujeres sigan siendo golpeadas, violadas y asesinadas.
Entonces se me ocurrió pensar que, ante esta realidad, una ayuda inmediata sería fortalecer a las mujeres en su seguridad personal, en su confianza y en la capacidad de protegerse. Porque no se trata de atacar, sino de no seguir siendo vulnerables.
De eso se trata, de poder reaccionar, tal como lo hizo la señora que estaba en la terapia. Si a ella le funcionó, ¿Por qué no?
Sé que alguien me dirá que esto podría generar más violencia al interior de los hogares. Pero esa violencia ya existe, solo que, muchas veces, se ejerce en una sola dirección: hacia las mujeres.
Obviamente, esa no es la sociedad que queremos, pero sería un recurso de supervivencia femenina, mientras logramos transformar esta sociedad agresiva y profundamente machista en la que vivimos.
Porque, mientras hablamos de “Liberación femenina” e igualdad, muchas mujeres siguen siendo golpeadas en el silencio de sus hogares.
Todavía queda mucho por hacer en términos de educación, cultura y justicia social, para corregir esta situación. Mientras tanto, habrá que aprender a defenderse y protegerse, no solo de los hombres, sino de una sociedad que ha funcionado así desde mucho tiempo atrás, y que no será fácil cambiar en el corto plazo.
Consuelo Gómez Alvira



Me parece bien que se pueda lograr ése cambio lo antes posible así como ya hay defensores de los animales y cárcel para los maltratadores también se debería ser más efectivos los castigos para los hombres abusadores y violentos a las mujeres sin derecho a conciliar o rebajas de penas por qué saldrían al poco tiempo a las mismas andanzas. Que vivan las mujeres.
Muchas gracias Jorge, que buen comentario!
Es urgente que las mujeres empecemos a defendernos…no solamente existe el maltrato físico…el maltrato psicológico puede ser aún mas devastador…porque destruye en silencio…ambos van de la mano…y ninguno es justo…
Excelente comentario querida Stella, es muy cierto lo que dices, el maltrato sicologico hace mucho daño, y lo peor es que no se ve, porque no deja moretones en el cuerpo ni evidencias visibles! También hay que combatirlo!!!
Consuelo que buen articulo q llama a la reflexión sobre el papel de la sociedad para contrarrestar la violencia de género. Hoy existen leyes para castigar el feminicidio, hay mayor sensibilidad social sobre estos temas, y sin embargo persiste un machismo social reflejado en las cifras de violencia que aun son muy preocupantes.
Así es Francisco, una buena reflexión sobre el tema, porque sabemos que no las leyes ni la conciencia social han logrado reducir la violencia silenciosa que se esconde al interior de los hogares
La violencia en los hogares es un mal que no tiene cuando terminar, las mujeres siempren llevan lo peor, y el mas dañino es el psicológico, que derrumba a las mujeres peor que los golpes, eso minimiza la autoestima, y conlleva a sentir culpas que hace que las mujeres demoren mas sus procesos de sanación y de superación
Todo encuentro es poderoso y de ahí nacen cosas extraordinarias que dejan enseñanzas, retos. Un texto bien narrado. Felicitaciones Consuelo.
Mientras en nuestra sociedad siga el machismo dificilmente se podrá superar estás situaciones. Debemos seguir concientizando a las mujeres sobre sus derechos.
Este relato tuyo es una forma de denuncia que aporta mucho. Felicitaciones.
De acuerdo con mis hermanos, insistir en la defensa de la mujer es básico para la sociedad, ya que ellas son el pilar. No olvidemos que cuando falta el hombre, el hogar casi siempre continúa, lo que no sucede cuando faltan ellas