¡Se acerca el fin de la corrupción y sus ventajas indebidas!
Preámbulo – Sensibilización
La corrupción se define fundamentalmente como el abuso del poder encomendado para beneficio propio o de terceros, abarcando el sector público como el privado e implica el uso de una posición de autoridad para obtener ventajas indebidas, ya sean económicas o de otra naturaleza. El concepto de corrupción tiene diversas apreciaciones como lo veremos a continuación: Transparencia Internacional la define como el «abuso del poder encomendado para beneficio privado», incluyendo beneficios no económicos; Naciones Unidas (ONU) la asocia con el abuso de autoridad y la falta de integridad, considerándola un obstáculo para el desarrollo sostenible y la RAE, en términos generales, la describe como un vicio o abuso introducido en las cosas no materiales (como las costumbres) y, en el ámbito jurídico, como el comportamiento de quien soborna u ofrece promesas para obtener ventajas ilegales.
La corrupción tiene dos facetas, siendo la primera La Corrupción Pública, la cual se presenta y ocurre cuando los funcionarios del Estado utilizan su autoridad y recursos públicos para intereses personales en lugar del bienestar social y la segunda La Corrupción Privada, la cual se presenta cuando individuos en empresas o entidades particulares defraudan la confianza de otros para apropiarse de bienes o beneficios, valiéndose de su posición.
Las manifestaciones más comunes de la praxis corruptiva como delito y postura recriminatoria desde la ética, la credibilidad, la confianza y la buena fe ciudadana, hacen su presencia con diferentes trajes como es el Soborno (Cohecho), el cual es el ofrecimiento o aceptación de dinero o beneficios a cambio de un favor oficial; La malversación o el uso indebido o robo de fondos que han sido confiados para su administración; El tráfico de influencias o el uso de la posición o contactos para obtener un trato preferencial y la extorsión, la cual consiste en obligar a alguien a dar dinero o favores mediante amenazas o abuso de autoridad.
Es relevante y con el respectivo “eco escandaloso” que la corrupción no es un delito «sin víctimas» con efectos que incluyen el debilitamiento de las instituciones, la destrucción de la confianza ciudadana y el freno al desarrollo económico al desviar recursos destinados a servicios esenciales como salud y educación.
Desarrollo
La corrupción, praxis maléfica que ataca la institucionalidad, la gobernabilidad y la tranquilidad de la buena ciudadanía, es un flagelo terrible ya que desde los derechos humanos es una antítesis de la razón de ser de los mismos porque los intereses particulares y de los pocos se impone sobre los beneficios constitucionales del colectivo ciudadano, negando el derecho a la participación ciudadana no de manera frontal sino a través de las “seudo participaciones” cargadas de ruido participativo pero no desde las decisiones cruciales, lo cual se refleja en la pésima asistencia médica a los enfermos, la falta de control y exigencia al cumplimiento en los contratos de mejora para el beneficio ciudadano, entre otros, además, no se puede dejar de mencionar el desvío de recursos para los compromisos como nación, atacando los derechos económicos de los colectivos, los cuales socavan para el debilitamiento y destrucción de la economía de una nación, condenando a la población al desempleo, la hambruna, el desamparo y el incremento de la praxis en actividades delincuenciales como el micro tráfico, el narcotráfico, el alistamiento y engrosamiento de los grupos al margen de la ley como son las bandas criminales y los ejércitos insurgentes capaces de no solamente de sobornar sino de enfrentar al estado de manera frontal por ser ejército y tener formación militar con capacidad para ello, entre otros, ya que el sistema acorrala, obliga en ciertas circunstancias y seduce en otras porque“ es preferible enfrentar a los bandidos y a la ley que estar corriéndole de la pobreza”, dilema ético propio de la injusticia social y la presencia de esta terrible práctica llamada corrupción.
¡Y respecto a las votaciones qué!
La corrupción impone “amenazas a la democracia, al crecimiento económico y al estado de derecho”. La afirmación está en la declaración final divulgada en la conclusión del IV Foro Global de Lucha contra la Corrupción, ya que la práctica malévola de la compra de votos, el reparto de dádivas a sectores de la población altamente marginados y las falsas promesas llevan a una grave deslegitimación de los poderes públicos y del Estado de derecho, que luego se traduce en una muy alta crisis de gobernabilidad porque estos delincuentes son los que desacreditan la actividad política, además, son los que bloquean la gobernabilidad, al exigir dádivas pecuniarias, contractuales y burocráticas para dar su voto en las decisiones claves de los órganos colegiados (Juntas, Comités, etc.) o legislativos (Congresos o Parlamentos, federales o estaduales) o administrativos (consejos municipales, entre otros), sin dejar de mencionar como se ha evidenciado en este mandato gubernamental el saboteo ante cualquier propuesta por parte de nuestro presidente de la república, sin tomarse la molestia de analizarla, todo lo contrario, han utilizado toda una serie de artimañas para desprestigiarlas y hundirlas sin el respectivo recorrido intelectual para legitimarla o deslegitimarla desde la crítica y el fundamento y no desde la pasión, además y sin ser un dato menor, el discurso de odio de ciertos candidatos cuyo programa de gobierno está centrado en “destripar la izquierda y acabar con Fecode”, referentes políticos que atentan contra la democracia, la libertad de expresión y el derecho a pensar y proponer desde otras perspectivas para la construcción y el bien común.
Otro aspecto a tener presente y es que también aparece el problema de la financiación de las campañas, al implementarse la nefasta actividad de “invertir” en una campaña para luego exigir al elegido el pago o “retorno de la inversión” mediante la adjudicación de jugosos y leoninos contratos, lo cual podemos llamar “El Estado Botín”, entendiendo por tal, aquel que es tomado por verdaderos grupos y mafias delincuenciales para saquear las arcas públicas en su provecho.
Todo ello genera escepticismo y repudio de la ciudadanía, situación aprovechada por ciertos medios para potenciar “El mesías y el salvador de la desgracia actual” priorizando mensajes de seguridad, miedo, esperanza y odio por encima propuestas técnicas viables y factibles, ya que la los oyentes “recuerdan más lo que se dice que lo que hace” y desde la irresponsabilidad no mencionan su trajinar político nefasto, por el contrario, los santifican y los aleccionan con discursos cargados de emotividad para la solución de situaciones que no involucren sus graves antecedentes y si ello sucede no lo mencionan, por otro lado y sin hablar de la publicidad segmentada y la publicación de encuestas dirigidas a sus seguidores y no a sus contradictores, la carga en las redes sociales, la mejora del semblante, la mirada y el tono para convencer desde la actuación y no desde la proposición crítica, lo cual complica el panorama electoral, pero desde la malicia nos debemos hacer la siguiente pregunta : “ si todo esto se hace es porque el botín de estado es enorme”.
¡Vote bien, elija bien!
“Hablemos de necesidades, logros y alcances y no solamente de políticos y politiqueros” es el punto de encuentro desde la crítica para validar lo realizado y lo pendiente por este gobierno entre toda la ciudadanía, validando la continuidad o la no continuidad del presente político, entre lo que conviene y no conviene, porque “esa guerra entre los pobres de la derecha, los pobres del centro y los pobres de la izquierda” es lo que ha tenido “jodido a este país” con el agravante de la “desinformación voluntaria”, oscurece la decisión como votante a la hora de estar en las urnas haciendo uso de su derecho como ciudadano, edificador y constructor de patria.
Convertirse en un ciudadano crítico e ilustrado en tan poco tiempo es posible a partir de la inteligencia política y la capacidad de diálogo a la luz de los hechos, ya que mientras los partidos cumplan su función de dirigencia y agregación de intereses en búsqueda de una convivencia pacífica como ideal y no como “patraña discursiva”, corresponde a la ciudadanía ilustrada estar vigilante para denunciar las acciones de quienes en su función desvían sus obligaciones morales en busca de ganancias que los favorezcan personalmente o a sus allegados y en este caso, estar involucrados en la compra de votos, el fraude electoral y el terrible conteo de los votantes en aras de favorecer candidatos políticos sin un perfil moral, ético y cognitivo apto para orientar el futuro de casi 53,5 a 53,9 millones de habitantes en 2026 en Colombia porque esta ciudadanía ilustrada incluye a los medios de comunicación comprometidos con la lucha contra la corrupción mediante la investigación y denuncia de casos concretos; a las autoridades que pueden adelantar campañas institucionales y, sobre todo, a una ciudadanía participante que luche contra la trampa en el momento electoral en las urnas y el posterior conteo.
Llegó el momento de “abrir los ojos y no comer cuento, de no vender el voto por ningún monto, de no prestarse para cochinadas” y sobre todas las cosas, llego el momento de ser más responsables del futuro de todos y para todos al momento de ir a las urnas a votar, porque este ejercicio debe ser orientado hacia el que mejor proponga, sin esa carga pasional que impide la luz política para la sabia elección de nuestros representantes y padres de nuestra patria Colombia se imponga a esa oscuridad terrible y nefasta de la cual hemos venido saliendo poco a poco.
Mención para el lector
Este texto no pretende ser un producto acabado o el final del camino. Es una invitación a la reflexión y al debate para la construcción colectiva, ya que en “El Opinadero” cada lector es también un autor.
El Opinadero “pregunta:
- ¿Por qué se debe ser crítico en el momento de votar?
- Viajando en el tiempo, en el día de las elecciones presidenciales, ¿Es capaz de denunciar desde la inmediatez de ese momento, desde “el aquí y el ahora a las autoridades la mala praxis electoral?


