El barrio Villa del Campo en Dosquebradas es una zona residencial compacta, con una población cercana a los 650 habitantes, caracterizada por su densidad urbana alta y una población joven (edad mediana de 27 años). Se ubica en el área metropolitana de Pereira, con acceso a servicios recreativos y deportivos cercanos. Está dividido en dos etapas, una de las cuales no tiene más de 20 años, y fue edificado por la firma La Constructora, de propiedad de Juan Carlos Gaviria. La otra etapa supera los 40 años.
Curiosamente, por la diferencia en el tiempo de construcción, el servicio de acueducto y aseo es prestado por dos empresas diferentes, la zona vieja por Serviciudad y la nueva por Acuaseo. Aquí vivimos mi esposa, su hijo y yo, desde hace más de una década, y también aquí tenemos nuestro lugar de trabajo, lo cual nos permite atender nuestras actividades profesionales al mismo tiempo que disfrutamos de la tranquilidad de nuestros años otoñales.
Aunque en la municipalidad hay conjuntos residenciales más modernos y sofisticados, éste es uno de los sectores preferidos por muchos, tanto por su cercanía a la centralidad como por el acceso a centros de servicios y tiendas de víveres y, ante todo, por la tranquilidad y la buena convivencia.
En este escenario, la rutina se vio alterada durante diez horas continuas por una suspensión repentina del suministro de la energía eléctrica que, en Dosquebradas, lo presta la Central Hidroeléctrica de Caldas, Chec, propiedad del grupo EPM.
Nada nuevo. De cuando en cuando, por mensaje de texto la empresa anuncia cortes breves de la energía para realizar reparaciones o para mantenimientos preventivos. Algunos de éstos duran escasos minutos, lo cual no alcanza a perjudicar mayormente al usuario. Pero esta vez fue diferente. Sin previo aviso y por todo el día hábil.
Pasadas las 7 a.m. los electrodomésticos dejaron de funcionar. Todos: nevera, bombillas, computadores, equipo de sonido, televisores, quedaron fuera de servicio. Nuestro trabajo en casa se detuvo. Justo cuando más compromisos debíamos cumplir. El apagón se prolongó hasta las 5 y 45 de la tarde alterando nuestra agenda personal y empresarial.
Desde primera hora les preguntamos a nuestros vecinos y nadie en la cuadra estaba avisado. Algunos hicieron bromas, sugiriendo que no habíamos pagado con tiempo la factura. Pero avanzando el día comenzamos a desesperar hasta que logramos contactar a nuestra colega, la jefe de prensa de la Chec quien, diligentemente hizo la averiguación. No sin antes sugerirnos que consultáramos la línea telefónica gratuita de la empresa o a la página web. Al fin recibió el reporte técnico. Se trató de un mantenimiento programado. Diez horas y varios minutos de corte. Aseguró que lo habían anunciado por mensaje de texto a todos sus usuarios y nos aconsejó que nos suscribiéramos a dicho servicio.
“Cámbienme la receta, estamos suscritos”, le respondí. “Solo que en esta ocasión no nos avisaron”. Quedamos en tablas. Nuestra palabra contra la de la empresa.
Un día de trabajo perdido y los equipos eléctricos en riesgo. Nadie responderá por pérdidas y daños causados. Ojalá en el futuro corrijan los procesos. Porque lo que es el alza sí quedó consignada en las facturas.


