martes, mayo 5, 2026

¡QUÉ TAL ESTO! LA CASETA DEL LAGO: PUESTO DE POLICÍA, Y NO MEMORIA DE PEREIRA. JA! COMO DIRÍA DOÑA BLANQUITA.

OpiniónCrónicas¡QUÉ TAL ESTO! LA CASETA DEL LAGO: PUESTO DE POLICÍA, Y NO MEMORIA DE PEREIRA. JA! COMO DIRÍA DOÑA BLANQUITA.

Hay recuerdos que no se olvidan porque están amarrados a un lugar.

El mío empieza con un triciclo , mi papá caminando despacio al lado, y la primera vuelta completa alrededor del Lago Uribe Uribe. Para cualquier niño pereirano de los años sesenta y setenta, ese lago no era solo un parque: era el centro del mundo.

Ahí aprendimos a montar bicicleta, ahí dimos las primeras vueltas con la novia, ahí nos encontramos con los amigos sin necesidad de celular, y ahí, más de uno, también vivió historias que terminaban en la fuente de soda Berioska, por la octava, entre risas, gaseosas y confidencias que hoy ya son parte de la leyenda urbana de la ciudad.

El plan dominical era casi un ritual:

Misa de doce, helado de coconut o de frutas en la heladería Tropical, al lado de la iglesia del Claret, vuelta obligada al lago, y después, en los ochenta, pizza en Frisby, cuando todavía olía más a horno que a pollo frito, antes de que se convirtiera en la marca que hoy todos repetimos con orgullo: nadie lo hace como Frisby lo hace.

Y en medio de todo, siempre, la caseta.

La caseta del Lago fue bailadero popular, fue punto de encuentro, fue escenario de retretas, fue sitio de conversación, fue parte del paisaje sentimental de Pereira.

Por eso sorprende —y preocupa— que hoy se esté hablando de instalar allí un CAI de policía en el segundo piso, mientras en el primero funcionaría la llamada Biblioteca de la Mujer.

No porque la seguridad no sea necesaria. Claro que lo es. Pero porque no todo espacio público puede usarse para cualquier cosa, y mucho menos cuando existe una norma clara que lo prohíbe.

El Acuerdo 49 de 1984 del Concejo Municipal declaró la edificación de la Caseta del Lago como bien de utilidad pública e interés social y ordenó que su destinación fuera exclusivamente cultural.

No parcialmente.

No según la coyuntura.

No según la idea de turno de la administración.

Exclusivamente cultural.

Eso significa que convertirla en sede policial no es solo una decisión discutible.

Es una decisión que contradice el espíritu —y la letra— del acuerdo vigente.

Y aquí es donde la nostalgia se mezcla con la preocupación.

Porque no es la primera vez que pasa.

Durante años, distintas administraciones han usado la caseta para lo que han querido: Oficinas, contratos, arriendos, actividades que poco o nada tienen que ver con la cultura.

Cada alcalde ha improvisado, cada periodo ha reinterpretado, y poco a poco se ha ido diluyendo el sentido original de ese espacio.

Como si la memoria de la ciudad fuera un asunto menor.

Pero no lo es. Las ciudades que pierden sus símbolos terminan perdiendo su carácter.

La caseta del Lago no es un lote disponible.
No es un espacio vacío.
No es un inmueble cualquiera del inventario municipal.

Es parte del corazón urbano de Pereira.

Ahí deberían estar los libros,
las exposiciones,
la música,
la pintura,
los jóvenes leyendo,
los niños descubriendo la ciudad que heredarán.

Ahí debería haber un rincón de la Biblioteca Pública, un pequeño centro cultural, un lugar donde la ciudad se encuentre consigo misma.

No una garita.

Por eso este no es un debate menor, y las fuerzas vivas de Pereira no pueden quedarse en silencio.
Los gestores culturales, los historiadores, la academia, los ciudadanos que crecimos dando vueltas alrededor del lago, tenemos derecho a preguntar por qué, otra vez, se quiere cambiar el destino de un lugar que la ciudad decidió proteger hace cuarenta años.

Y el alcalde también debería entender que esto no es solo un tema administrativo.

Si se quiere cambiar el uso, el camino es claro: presentar un proyecto al Concejo y modificar el acuerdo.

Pero mientras la norma exista, lo que corresponde no es reinterpretarla. Lo que corresponde es cumplirla.

Porque una ciudad que convierte sus espacios culturales en puestos de vigilancia termina vigilando el pasado…

cuando lo que debería hacer es cuidarlo.

Y la Caseta del Lago Uribe Uribe no necesita policías.

Necesita memoria.
Necesita cultura.
Necesita volver a ser lo que siempre fue:
un punto de encuentro para Pereira. ¿Y Usted se acuerda cuantos recuerdos construyó en el Lago y sus alrededores?

Fernando Sanchez Prada

Comunicador y columnista

4 COMENTARIOS

  1. Fernando.
    Muy apropiada si columna. Hoy elegimos alcaldes y gobernadores con el propósito de ejecutar un programa de gobierno, supuestamente inscrito ante la registraduría, con temas específicos.

    Sin embargo, llegan al poder y cabían todo. Aparecen unos magos o unos » genios’, cometiendo atropellos como el que denuncia o formando contratos para poner vigilancia con registro de datos personales como el que no tarpn en la alcaldía y ahora pretenden montar en la gobernación de Risaralda, que solo entorpecen la movilidad de los ciudadanos e invocando una seguridad que no es necesaria. Entonces para que los guardias y celadores que aparecen en nómina de los territorios o en contratos con empresas amigas.

    Aquí lo más triste estos mandatarios se pasan por la faja las IAS. A ellos les importa, una mierda..

    Una sola muestra la falta de ética y el nepotismo demostrado en las últimas elecciones.

    Nada qué hacer.

  2. Estoy de acuerdo contigo Fercho, por fin escucho una voz sensata y acorde con mi sentir desde hace mucho tiempo en relación con el inaceptable uso que se le viene dando a este espacio en el tradicional parque del Lago Uribe Uribe. Ese «armatoste» que construyeron allí nada tiene que ver con la vocación cívica y turística que los visionarios líderes de antaño le dieron a este lugar. Es más, considero que se le debería devolver esa acogedora apariencia abierta que tuvo la caseta en aquel entonces. No olvido esa bella terraza desde donde los «cocacolos» observábamos circular a las encantadoras «sardinas», adolescentes de nuestro tiempo.
    Pienso que tu columna, apreciado Fernando, debe divulgarse más ampliamente y convertirse también en un memorial o derecho de petición dirigido a la administración y al Concejo Municipal de Pereira. Para antier es tarde.
    ¡Ánimo, que los dolientes de la ciudad te apoyamos!

    • Luis Carlos . Que gusto que me lea y sobre todo que comparta esas reminiscencias de nuestra Pereira de los 70s y 80s. Gracias por la foto !

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