sábado, marzo 21, 2026

¡QUÉ TAL ESTO! LA CASETA DEL LAGO: PUESTO DE POLICÍA, Y NO MEMORIA DE PEREIRA. JA! COMO DIRÍA DOÑA BLANQUITA.

OpiniónCrónicas¡QUÉ TAL ESTO! LA CASETA DEL LAGO: PUESTO DE POLICÍA, Y NO MEMORIA DE PEREIRA. JA! COMO DIRÍA DOÑA BLANQUITA.

Hay recuerdos que no se olvidan porque están amarrados a un lugar.

El mío empieza con un triciclo , mi papá caminando despacio al lado, y la primera vuelta completa alrededor del Lago Uribe Uribe. Para cualquier niño pereirano de los años sesenta y setenta, ese lago no era solo un parque: era el centro del mundo.

Ahí aprendimos a montar bicicleta, ahí dimos las primeras vueltas con la novia, ahí nos encontramos con los amigos sin necesidad de celular, y ahí, más de uno, también vivió historias que terminaban en la fuente de soda Berioska, por la octava, entre risas, gaseosas y confidencias que hoy ya son parte de la leyenda urbana de la ciudad.

El plan dominical era casi un ritual:

Misa de doce, helado de coconut o de frutas en la heladería Tropical, al lado de la iglesia del Claret, vuelta obligada al lago, y después, en los ochenta, pizza en Frisby, cuando todavía olía más a horno que a pollo frito, antes de que se convirtiera en la marca que hoy todos repetimos con orgullo: nadie lo hace como Frisby lo hace.

Y en medio de todo, siempre, la caseta.

La caseta del Lago fue bailadero popular, fue punto de encuentro, fue escenario de retretas, fue sitio de conversación, fue parte del paisaje sentimental de Pereira.

Por eso sorprende —y preocupa— que hoy se esté hablando de instalar allí un CAI de policía en el segundo piso, mientras en el primero funcionaría la llamada Biblioteca de la Mujer.

No porque la seguridad no sea necesaria. Claro que lo es. Pero porque no todo espacio público puede usarse para cualquier cosa, y mucho menos cuando existe una norma clara que lo prohíbe.

El Acuerdo 49 de 1984 del Concejo Municipal declaró la edificación de la Caseta del Lago como bien de utilidad pública e interés social y ordenó que su destinación fuera exclusivamente cultural.

No parcialmente.

No según la coyuntura.

No según la idea de turno de la administración.

Exclusivamente cultural.

Eso significa que convertirla en sede policial no es solo una decisión discutible.

Es una decisión que contradice el espíritu —y la letra— del acuerdo vigente.

Y aquí es donde la nostalgia se mezcla con la preocupación.

Porque no es la primera vez que pasa.

Durante años, distintas administraciones han usado la caseta para lo que han querido: Oficinas, contratos, arriendos, actividades que poco o nada tienen que ver con la cultura.

Cada alcalde ha improvisado, cada periodo ha reinterpretado, y poco a poco se ha ido diluyendo el sentido original de ese espacio.

Como si la memoria de la ciudad fuera un asunto menor.

Pero no lo es. Las ciudades que pierden sus símbolos terminan perdiendo su carácter.

La caseta del Lago no es un lote disponible.
No es un espacio vacío.
No es un inmueble cualquiera del inventario municipal.

Es parte del corazón urbano de Pereira.

Ahí deberían estar los libros,
las exposiciones,
la música,
la pintura,
los jóvenes leyendo,
los niños descubriendo la ciudad que heredarán.

Ahí debería haber un rincón de la Biblioteca Pública, un pequeño centro cultural, un lugar donde la ciudad se encuentre consigo misma.

No una garita.

Por eso este no es un debate menor, y las fuerzas vivas de Pereira no pueden quedarse en silencio.
Los gestores culturales, los historiadores, la academia, los ciudadanos que crecimos dando vueltas alrededor del lago, tenemos derecho a preguntar por qué, otra vez, se quiere cambiar el destino de un lugar que la ciudad decidió proteger hace cuarenta años.

Y el alcalde también debería entender que esto no es solo un tema administrativo.

Si se quiere cambiar el uso, el camino es claro: presentar un proyecto al Concejo y modificar el acuerdo.

Pero mientras la norma exista, lo que corresponde no es reinterpretarla. Lo que corresponde es cumplirla.

Porque una ciudad que convierte sus espacios culturales en puestos de vigilancia termina vigilando el pasado…

cuando lo que debería hacer es cuidarlo.

Y la Caseta del Lago Uribe Uribe no necesita policías.

Necesita memoria.
Necesita cultura.
Necesita volver a ser lo que siempre fue:
un punto de encuentro para Pereira. ¿Y Usted se acuerda cuantos recuerdos construyó en el Lago y sus alrededores?

Fernando Sanchez Prada

Comunicador y columnista

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