En política, uno vota por personas, trayectorias, posiciones políticas y formas de entender el poder. De la Espriella es un personaje con una trayectoria empañada, de lenguaje violento, que practica el acoso judicial a periodistas, con delirio de grandeza e intolerancia a las libertades individuales. Por eso, jamás votaría por Abelardo de la Espriella y me preocupa que aparezca como segundo en intención de voto.
¿Usted le confiaría el país a alguien con más ambición que escrúpulos, a alguien que es casi imposible cogerlo en una verdad?
En primer lugar, dice que va a combatir a los bandidos, ¿cómo lo va a hacer si su riqueza viene de ellos? Dentro de la lista de pillos que ha defendido están Alex Saad, testaferro de Nicolás Maduro investigado por lavado de activos en Colombia, Italia y Estados Unidos; David Murcia condenado en Colombia y Estados Unidos, recordado por tumbar el ahorro de miles de colombianos con la mal recordada pirámide DMG; los Nule condenados por uno de los casos de corrupción más escandalosos de nuestra historia reciente; Jorge Visbal Martelo condenado por la parapolítica, y el Mono Abello condenado por narcotráfico, lavado de activos y vínculos con paramilitares.
Su firmeza es por la plata, no importa si se obtiene a través de la defensa de personas vinculadas a corrupción, narcotráfico y paramilitarismo. Lo cual, nos permite entender qué tipo de criterio ha guiado su trayectoria profesional.
A pesar de haber sido su cliente, David Murcia terminó denunciándolo por haberle cobrado 5 mil millones por una defensa que no hizo y, ojo al dato, por pedir otros 700 millones en 2008 para comprar Congresistas, para que esta pirámide siguiera funcionando. Ya se imaginarán ¿Cómo será el tipo de relación de este, si llega a ser presidente, con el Congreso? Acá es un concierto y no precisamente de ópera italiana.
En segundo lugar, quien antes era ateo, ahora llora junto a un Padre. Justo ahora, en su aspiración presidencial, todo un espectáculo sin aplicar en lo mínimo la doctrina cristiana. Esto, además de oportunista, es chocante y ofensivo.
En tercer lugar, sus posturas públicas frente a libertades individuales y derechos de la comunidad LGBTIQ+ reflejan una visión excluyente y propia de un anti derechos.
En cuarto lugar, a esto se suma otro elemento no menor, y son las críticas de organizaciones y periodistas sobre el uso de herramientas legales para presionar e intimidar a quienes investigan y cuestionan su actuar. En democracia, el poder necesita control, la prensa es parte fundamental de ese equilibrio. Imagínelo pues de Presidente.
Finalmente, Colombia viene de años de polarización desgastante, de discursos que dividen, sobre simplifican y enfrentan. El país necesita liderazgos que construyan y el estilo político de De la Espriella continúa en la lógica donde al contrincante político se elimina o extirpa, como él mismo lo ha dicho.
No se trata de quien grite o ‘ruja’ más duro. Se trata de si tiene la idoneidad, la trayectoria y la visión que Colombia necesita.


