“¿Cómo supero este sufrimiento?”, fue la pregunta que me hizo Fernando, un hombre de 48 años, después de haber vivido una ruptura afectiva inesperada. Durante más de diez años compartió su vida con una mujer que, de manera abrupta, decidió terminar la relación y cortar toda comunicación. Fernando hizo múltiples intentos por recuperarla, pero al enterarse de que ella había iniciado una nueva relación, comenzó a experimentar insomnio, pensamientos repetitivos, pérdida del apetito, irritabilidad y una tendencia progresiva al aislamiento. Lo que le ocurría no era una exageración ni una señal de debilidad. Desde las neurociencias sabemos hoy que una ruptura afectiva puede activar en el cerebro circuitos similares a los involucrados en el dolor físico. Investigaciones de la psicóloga Naomi Eisenberger han mostrado que el rechazo emocional activa áreas cerebrales relacionadas con el sufrimiento físico, particularmente aquellas asociadas al dolor y a la amenaza. Por eso muchas personas describen una separación como “un dolor en el pecho” o “una herida profunda”. Además del dolor emocional, aparece frecuentemente la llamada “sobrepensadera”: una cadena de pensamientos repetitivos a partir de lo ocurrido: lo que se hizo mal o lo que pudo haberse evitado.
Uno de los errores más frecuentes después de una ruptura es convertir la pérdida en el centro absoluto de la vida. La persona abandona hábitos saludables, deja de dormir bien, se aísla y pierde interés en actividades que antes le daban sentido. El dolor, entonces, se expande y ocupa todos los espacios. Por eso, superar una ruptura no significa “olvidar rápidamente”, sino aprender a reorganizar la vida mientras el dolor disminuye gradualmente. Existen algunas estrategias que favorecen la recuperación emocional. La primera es aceptar la realidad de la pérdida. Aceptar no significa estar de acuerdo ni dejar de sentir tristeza; significa reconocer que aquello ocurrió y que luchar contra la realidad solo intensifica el sufrimiento. La segunda estrategia consiste en regular el contacto con aquello que reactiva constantemente la herida emocional. Revisar redes sociales, buscar información de la expareja o alimentar fantasías de reconciliación suele aumentar la angustia, y el cerebro necesita distancia emocional para reorganizarse.
La tercera estrategia es recuperar rutinas básicas: dormir, alimentarse adecuadamente, hacer actividad física y mantener vínculos sociales. Aunque parezcan medidas simples, tienen un impacto profundo en la regulación emocional. El ejercicio físico, por ejemplo, favorece la liberación de neurotransmisores relacionados con el bienestar y disminuye los niveles de estrés.
También es importante hablar del dolor: expresar emociones con personas de confianza o con un profesional de salud mental ayuda a darle significado a la experiencia. Al finalizar la consulta, le dije a Fernando algo sencillo, pero profundamente humano: “No necesitas dejar de amar de inmediato; necesitas aprender a cuidarte mientras tu corazón sana”. Y quizá allí comienza la superación del sufrimiento: no en borrar el pasado, sino en reconstruirse a pesar de él.



Gracias doctor Uriel. Todos sus aportes son excelencia pura.
Muy bueno. Plantea principios de la terapia racional emotiva conductual.
Las estrategias planteadas aqui son pertinentes al caso, porque ayudan.