Por Danilo Salazar Ríos.
Somos una sociedad fanatizada y dividida, permeada por la delincuencia común y bandiditos con ínfulas de capos, permitir o flexibilizar el porte y uso masivo de armas es seguramente la cuota inicial del estallido de un polvorín.
“Lamentablemente, somos una sociedad enferma, un país que ha vivido tanto tiempo en conflicto que la gente suele reaccionar con violencia ante cualquier apuro de convivencia. Por ello, es casi pan de cada día ver noticias de alguna riña que terminó en homicidio”. “El área metropolitana en que vivimos (Pereira, Dosquebradas, Santa Rosa y La Virginia) es una de las más golpeadas por la salud mental, pero nadie va al psicólogo y menos al psiquiatra; eso es de locos; nadie, además, es capaz de tener la valentía de admitir que tiene un problema, porque a los hombres se nos ha enseñado que de emociones no se habla” (Locos y armados, Eduardo Valencia, 17 de septiembre de 2026, elopinadero.com.co).
Hay sociedades como la norteamericana, defensora acérrima de los derechos individuales incluido el porte y tenencia de armas; si en una sociedad organizada y que al parecer tiene requisitos rigurosos para acceder a las armas, se han visto matanzas derivadas del mal uso de ellas, en especial menores de edad que al asesinar a profesores y compañeros parecieran cobrar el maltrato escolar recibido. Nuestra sociedad, en contraste con la sociedad gringa es desorganizada, anárquica, carente de mecanismos de prevención, con una justicia permeable al soborno, y con entidades encargadas de regular los salvoconductos, proclives a la corrupción ¿Qué cosas no podrán pasar?
En sociedades civilizadas, los ciudadanos andan desarmados, asumiendo que las armas deben ser un monopolio del Estado, porque (al menos en teoría) sus fuerzas armadas tienen la capacidad de protegerlos y garantizar la convivencia social respetuosa y pacífica, además existen leyes, controles y mecanismos judiciales para castigar a los infractores. Ese mismo ideal frente al uso de las armas existe en nuestra sociedad, con la diferencia que aquí, no existen mecanismos de prevención, no hay mecanismos de control rigurosos sobre quien o, quienes poseen armas y como las usan (para no ir muy lejos, el caso de las Convivir), hay altísima impunidad (caso de los presidentes de Senado y Cámara, absueltos por vencimiento de términos, de la acusación de recibir dineros para facilitar en el Congreso, aprobación a leyes del gobierno Petro): también hay muchas facilidades para acceder a las armas ilegales, incluso, para atracos y sicariato pueden alquilarse.
El permiso de porte de armas, parece casi una crónica de un desastre anunciado; frente a todas las consideraciones anteriores queda una pregunta ¿Qué entidad garantizará la salud mental y la reacción no violenta de los usuarios del arma?
En nuestra patria (como ocurre con otras naciones), existe una tradición de guerrerismo y de confrontación, no de ahora, incluso desde la época precolombina; pero, en nuestra sociedad nos criamos con la perversa idea de que quien no está conmigo, el que no me sigue fielmente, el que objeta mis decisiones o no las acepta servilmente, no es mi amigo.
Cuando Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es”, no lo hizo para incitar la violencia, sino para expresar su desacuerdo con los fariseos, pues, después de que expulsó un demonio sanando a un enfermo, comentaron que lo hacía por el poder de Belcebú. La frase de Jesús mal utilizada, ha servido para fomentar la cultura de la violencia, que nos impide tolerar al disidente, visibilizarlo, dialogar, negociar y llegar a un entendimiento con él, por esa razón a quién no nos acepta como lo hace un perro fiel, lo caracterizamos como enemigo, y al enemigo queremos derrotarlo y eliminarlo.
En muchos países del mundo, lo normal es que las fuerzas armadas del Estado sean de dos tipos, una encargada de vigilar y mantener el orden interno: La Policía, generalmente desarmada, portando escasamente, bastones de mando (bolillos), como el caso de los gendarmes franceses; y otra: El Ejército, encargado de defender las fronteras y la patria de agresiones externas.
En el caso colombiano, para enfrentar el accionar de grupos guerrilleros, paramilitares y ahora a grupos narcos armados que pueden aparentar (por el abandono del Estado) control territorial, u ordenar paros armados, los roles de ambas fuerzas se han mezclado; vemos al ejército patrullando y requisando en las calles y policías combatiendo grupos armados, incluso en zonas fronterizas.
Además de lo anterior, nuestros gobernantes al ser aliados serviles del capitalismo norteamericano, al combatir a las guerrillas “comunistas,” le añadieron un elemento perverso externo a nuestro conflicto, hacer que al disidente se le convierta en enemigo: “La Doctrina de la escuela de las Américas” asegura que los que protestan de manera legítima, contra decisiones de sus gobiernos, son ciudadanos actuando como agentes comunistas (no extranjeros infiltrados), empeñados en destruir la democracia de sus países, es decir, tumbar al “santo” y católico capitalismo, para instaurar el “demoniaco” y anticatólico comunismo.
De la anterior concepción maniquea, nace el adoctrinamiento que hace que una tercera parte de la sociedad colombiana vote con odio contra todo lo que los medios de comunicación, manipuladores presenten como ideas que intenten destruir la patria, la familia, la sagrada propiedad privada etc., un buen ejemplo de ello es lo ocurrido en las pasadas elecciones y el triunfo del abogado- presidente.
Prefiero las armas como monopolio del Estado, pero, miro con desconsuelo nuestra realidad, las fuerzas armadas no están en capacidad de asegurar nuestra protección, tampoco existe una justicia pronta y eficaz, capaz de judicializar y castigar con cárcel a los delincuentes que campean por nuestra geografía, estamos en manos de la delincuencia común, los micro- traficantes y las organizaciones armadas urbanas; todo esto justificaría el uso de las armas, pues así: atracadores, haladores de carros y fleteros lo pensarían dos veces antes de actuar, o en su defecto, entrarían a asesinar a sangre fría a sus víctimas para impedir que se defiendan; de manera que portar arma, tal vez no garantice una sociedad menos violenta.
Me pregunto, si los requisitos y costos de las armas bajarán para los que los que necesitamos permiso de tenencia de armas como una escopeta (no fusil, ni mini uzi) para protección en el campo, porque una de las talanqueras para tenencia de armas ha sido su altísimo precio, solo asequible a narcos o grandes empresarios.
Otra inquietud ¿quién entregará los permisos para porte o tenencia de armas ?, se sabe que, en el pasado reciente, esos permisos fueron otorgado (al parecer sin demasiadas trabas) a organizaciones criminales, que las usaron para sus actos delincuenciales ¿se mantendrá la misma organización? Supongo, que ahora que se habla de permitir el porte de armas, las de munición traumática podrán utilizarse sin ninguna restricción ¿estaré equivocado?
Preocupa que, con un pueblo fanatizado y dividido en bandos, uno de ellos intente usar las armas para censurar, acallar o atacar a quienes no piensan como ellos, y que, a su vez, los censurados reaccionen de la misma manera. Claro que ya empezó un intento de este gobierno por estigmatizar y acallar la protesta social, al estilo del narco Turbay y su “Estatuto de seguridad”, de nefasta recordación.
Un país cuyo sistema judicial es proclive a la corrupción y colapsado por la enorme cantidad de procesos ¿qué otras consecuencias podrían tener el uso masivo de armas? “La gravedad de lo que planteo en este texto lo confirman la Defensoría del Pueblo y el Observatorio de Feminicidios de Colombia. Solo en 2025 se registraron, según estas entidades 123 feminicidios entre el primero de enero y el dos de abril de ese año. La cifra más que alarmante, pone en evidencia a un país que aún continúa invalidando la violencia tras una sonrisa impostada o la indiferencia sobre aquellos hechos que, si no me involucran a mí o a mi familia, entonces carecen de importancia” (Amar a tiros, elopinadero.com.co, Wilmar Ospina Mondragón, 4 de octubre 2026).
Según viejos rumores, seguramente verídicos, la industria yanqui fabricaba dos armas con el mismo número; una vendida de manera legal para las fuerzas armadas, y la otra canjeada por coca con las guerrillas colombianas para financiar a los contras en Nicaragua.
El porte de armas ¿podría ayudar a las industrias armamentistas gringas y sionistas? Esa podría ser la intención del presidente de la imaginaria “patria milagro”, tan etérea e irreal como la Ínsula Barataria donde gobernaría Sancho Panza, quien, por lo visto tendría las mismas credenciales del ya, citado mandatario.
El porte de armas ¿garantizará la:” ley y el orden”, que proclama nuestro escudo y acabará con la inseguridad en nuestra patria? Amanecerá y veremos.



Eso es cierto, amigo José Danilo, su enfoque nos muestra el equivoco del gobierno autorizando el uso de armas, en un país polarizado. Esperemos, ojalá que no sea así, que nos sobrepongamos a esa situación.
Eso es cierto, amigo José Danilo, su enfoque nos muestra el equivoco del gobierno autorizando el uso de armas, en un país polarizado. Esperemos, ojalá que sea así, que nos sobrepongamos a esa situación.