El «Apartheid del Futuro», ¿o es ya? En síntesis, sería la discriminación para el acceso a la tecnología de punta con costos al alcance de todos, incluidos los algoritmos donde la división social ya no se basaría en el color de piel, ser indígena, del sur global, inmigrantes, ni en divisiones territoriales, sino en el acceso para lograr los objetivos de transhumanismo.
Pero ¿qué es el transhumanismo? Es la búsqueda de aumentar, reparar y/o mejorar las capacidades físicas, cognitivas y emocionales del ser humano mediante el uso avanzado de tecnologías. Es un movimiento cultural, intelectual y científico que busca transformar y mejorar la condición humana.
¿Qué busca?
1) La erradicación del sufrimiento humano mediante métodos terapéuticos, con mejoramiento de productos y tecnología genética, así como transformaciones físicas. El desarrollo de fármacos que eliminen la ansiedad y la depresión.
2) La prolongación de la vida, vencer el envejecimiento celular, manipulación del ADN, nanotecnología celular, regeneración de órganos, órganos bioartificiales, implantes con inteligencia artificial, clonación de órganos, impresión de órganos en 3D, resucitar células, nanobots, etc.
3) La expansión de las capacidades humanas, ampliando de manera extrema nuestras capacidades físicas, intelectuales, emocionales y sensoriales, con la posible implantación de chips cerebrales con inteligencia artificial.
A todo este mundo infinito de la tecnología, el crecimiento casi exponencial de la inteligencia artificial está el posthumanismo, que es el análisis filosófico y nos lleva a un amplio debate donde se plantean los límites del ser humano, pues no es solo un cuerpo, no es solo biología, se entra en el campo de la identidad sicológica, la política, la ética. Crítica y cuestiona que le ser humano sea el centro del universo y borra los límites con su entorno. Es un campo de acción interesante, no es objeto de esta columna, lo manifiesto como referencia de análisis por las implicaciones del transhumanismo.
El filósofo esloveno Slavoj Žižek, el conflicto central del capitalismo contemporáneo ya no es simplemente la división entre la burguesía y el proletariado industrial, sino la brecha insalvable entre los incluidos y excluidos. Los primeros forman parte del circuito capitalista cognitivo, profesional y financiero, viven en zonas protegidas con barrios cerrados y protegidos, distritos tecnológicos, economías salvaguardadas, disfrutan de movilidad global, seguridad digital y acceso pleno a servicios privatizados. Los Excluidos serían las poblaciones fuera del proceso productivo directo, desempleados estructurales, trabajadores informales, refugiados, apátridas, habitantes de barrios marginados. Para ellos, los derechos globales no aplican de forma sustantiva, y su presencia se gestiona mediante control militarizado, muros y fronteras, al estilo trumpista.
Con la convergencia de la inteligencia artificial, la ingeniería genética y la privatización del intelecto general, el nuevo apartheid corre el riesgo de volverse biológico. Existiría un clasismo genético y cognitivo. Žižek y Yuval Noah Harari han advertido que la biotecnología aplicada a la mejora humana, longevidad, edición genética, prótesis neuronales estará disponible principalmente para las élites. Esto aumentaría la desigualdad de clase en una desigualdad biológica, creando una superclase mejorada genéticamente frente a una masa orgánicamente obsoleta. Las clases sociales desaparecerían y tendríamos una clase mundial que tendría acceso a la última tecnología.
La infraestructura digital crea un nuevo cercamiento donde unos pocos propietarios de plataformas controlan los datos y la mediación del conocimiento, mientras que los excluidos quedan reducidos a insumos de datos sin control sobre el sistema. La soberanía digital se vuelve global sin el concurso de los países del sur global.
Ante la crisis ecológica, la distribución del impacto del colapso ambiental genera una brecha severa, las élites tendrían inmunidad climática, las clases de altos ingresos pueden comprar mitigación con infraestructura resiliente, reubicación geográfica, purificación de agua y aire. Mientras que las poblaciones del sur global tendrían toda la vulnerabilidad, en los márgenes de las grandes ciudades sufrirían de forma directa la desertificación, las inundaciones y la escasez de recursos, sin capacidad financiera para adaptarse ni libertad para migrar a zonas seguras.
Slavoj Žižek dice que este nuevo apartheid opera bajo una fachada de inclusión formal, diversidad cultural y derechos del consumidor. Formalmente no hay discriminación explícita, la forma-mercancía y las barreras financieras construyen barreras invisibles de acceso infranqueables. Žižek en sus análisis no busca una utopía igualitaria tradicional, sino evitar que la gestión de estas exclusiones reduzca la política global a un mero control de daños donde una minoría muy protegida administra la vida de una mayoría que es irrelevante para el sistema económico global.
La regulación económica al transhumanismo debe buscar el equilibrio entre el avance tecnológico y la equidad social. Es un modelo que opera hace décadas en occidente con las reglas del libre mercado neoliberal. La regulación económica es de difícil gestión dado por la mayor rapidez en el desarrollo de la ingeniería genética, la inteligencia artificial, la neurofarmacología, la nanotecnología, frente a la intervención estatal para proteger a los usuarios, hacen que la regulación este a la saga. Se suma que los grandes capitales de las empresas tecnológicas buscan la captura de los reguladores, lo que convierte estos desarrollos de capacidades biológicas y cognitivas en bienes de consumo.
La concentración del poder de las corporaciones tecnológicas moldea y moldearán a su antojo las políticas públicas, dado por el conocimiento del intríngulis tecnológico, conoce sus debilidades y fortalezas. Esto hará que exista la captura de renta extra. Desplazarán a los reguladores de los gobiernos que tienen normalmente información asimétrica y están al vaivén político. El debate sobre la equidad y la regulación económica debe abogar por un marco regulatorio basado en la evidencia, consentimiento informado y una política para la mitigación de la desigualdad, pero el ritmo acelerado de la ciencia supera a casi todos los gobiernos en la capacidad de armar estructuras institucionales robustas e independientes para promulgar leyes ajustadas a cada momento de desarrollo de nuevas tecnologías.
La brecha biológica y económica sin una intervención estatal y con una voluntad política férrea de los gobiernos para el acceso a mejoras físicas, cognitivas y de longevidad dependerán del poder adquisitivo, creando una estratificación social con ciudadanos de otra categoría por diseño. La incorporación de este inmenso desarrollo en los sistemas de salud estará en juego, no solo por los costos que llevarán sin dudarlo rentas extras debido al dominio sobre la regulación económica, perjudicando el desarrollo de la dignidad humana al acceso democrático a nuevas tecnologías, truncado el derecho de los pacientes de escoger tratamientos novedosos que requiere de talento humanos para asimilar y aplicar estas tecnologías. Demanda inversión del Estado en la implementación de redes hospitalarias de alta complejidad. Dado que el transhumanismo busca prologar la vida por encima de los 150 años, es indudable que los sistemas de salud y pensiones se verán afectados.
En fin, es un tema apasionante en donde lograr un mayor contexto requiere de mucho estudio y análisis, pero hay que seguir estudiando por el inmenso impacto en la vida.


