Este bolero musicalmente, es una obra maestra de suavidad acústica armónica, gracias al requinto y las voces de sus intérpretes. Sin embargo, su lírica funciona como una radiografía cultural del amor tóxico. Normaliza conductas que la psicología actual identifica como focos rojos de la violencia de pareja: reproche de la propia estabilidad e idealización extremos, entrega del control personal, aislamiento emocional y validación del sufrimiento.
“Usted, usted es la culpable de todas mis angustias y todos mis quebrantos,
Usted llenó m vida de dulces inquietudes y amargos desencantos.
Su amor es o como un grito que llevo aquí en mi sangre,
Aquí en mi corazón, y soy, aunque no quiera, esclavo de sus ojos, juguete de su amor”
En los contextos de violencia intrafamiliar o doméstica, como es llamada en algunos países o violencia de pareja, el agresor recurrentemente utiliza un mecanismo de defensa llamado “proyección” y una atribución de casualidad eterna. Al responsabilizar a la otra persona “usted” de sus propias emociones negativas (angustias y quebrantos), desliga su responsabilidad emocional.
La incapacidad de asumir la responsabilidad de nuestras emociones, nos puede llevar a justificar la agresión “tú me hiciste reaccionar así”, “por tu culpa me enojé” La víctima internaliza que su propia conducta es el detonante del malestar de su pareja.
Describe una montaña rusa emocional que en psicología se asocia al vínculo por trauma. Las relaciones son hostiles de forma continua; operan mediante el ciclo de la violencia (tensión, explosión y luna de miel, regresando a la tensión y así sucesivamente).
“Dulces inquietudes” actúan como recompensas intermitentes, como el reforzador psicológico que engancha a la víctima, haciendo tolerable el “amargo desencanto” (violencia psicológica o física. Esta alternancia desregula el sistema nervioso del dependiente, confundiendo la adicción emocional con el amor intenso.
La frase “aunque no quiera” denota una anulación consciente del libre albedrío. En la violencia intrafamiliar, tras periodos prolongados de abusos, se desarrolla la indefensión aprendida: el individuo siente que no tiene control sobre su destino ni poder para cambiar la situación. Autodefinirse como un “esclavo” o un “juguete” romantiza la pérdida de los límites personales y la sumisión absoluta.
Qué tal esta frase “es lo único que tengo” prepara el terreno para el aislamiento social, un clásico rasgo de la violencia familiar y si la víctima pone límites, el “enamorado” se posiciona como una persona desahuciada, lo cual activa los mecanismos de culta de la receptora de ese amor mal sano, para que no abandone la relación.
“Hasta la vida diera” cruza una línea peligrosa hacia la ideación de la autodestrucción, buscando que quien lleve la carga de cualquier decisión adversa, sea el otro. El agresor la tiene muy clara, está dispuesto a culpar a quien no le responde de la misma forma a sus sentimientos.
Maneja la manipulación y el chantaje afectivo, herramientas muy usadas para retener al otro a través del sentimiento de culpa.
Se dan todas las etapas del ciclo de la violencia de Leonore Walker, con tanta claridad, que podríamos determinar cuál es la fase de acumulación de tensión, la que va seguida de la fase de agresión o distanciamiento, para terminar en la luna de miel… “y hasta la vida diera por vencer el miedo de besarla a usted”.
Quiero confesarles que, no me imaginé que, este oasis, en medio de mis escritos sobre violencia intrafamiliar recibieran tan buena y divertida aceptación de mis lectores, entre quienes, está mi familia y amigos, que me han recomendado que, les realice el mismo análisis a varias letras de canciones entre boleros, rancheras, baladas y tangos. Esta tarea la asumo con toda gratitud porque la primera en divertirse es la suscrita, acompañada de los maravillosos archivos con investigaciones sobre el tema, que encuentro en libros físicos y redes sociales, chats, etc.
Qué canción recuerdas que te hayan cantado al oído y que podamos analizar frente a la violencia intrafamiliar o que sea una banderita roja que denote algún rasgo a tener en cuenta, en la personalidad del candidato a ser novio. Con toda seguridad, sus gustos musicales hablarían de la personalidad del personaje o de la novia en mención.
¿A alguno de mis lectores, le llevarían serenata con el bolero “Usted”
Me gustaría saberlo. De esta manera, todos nos vamos a divertir.
Al final de esta columna hay un espacio para dejar sus comentarios. Con toda seguridad los voy a tener en cuenta para próximos análisis en “La música no ayuda”.
Olga Cecilia Trejos


