CULTURA, CREATIVIDAD Y TRASCENDENCIA

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Por Carlos Alberto González Quitian.

La Cultura se concibe como el conjunto de objetos, sistemas, modelos, situaciones y hechos que nos rodean y que median nuestro pensamiento y desarrollo; la Cultura hace parte de nuestra forma de ser, pensar, querer y hacer, es mediadora de los procesos mentales de interpretación, de intervención y creación, nos ofrece una plataforma cognitiva, afectiva y energética para asimilar, comprender e interiorizar el mundo de la vida, igualmente para reproducir y crear, a partir de nuestros procesos de representación y simbolización. Pero a la vez si se le toma de forma rígida, estática, inamovible y paramentada, la Cultura puede ser un escenario coartante, panóptico y conductista, impidiendo “ver” más allá de los paradigmas que la misma cultura edifica, ofrece e impone.

El preguntarse por la vida, por nosotros, por el otro, por los significados y el sentido, trascendiendo el observar y el describir por un comprender, un develar y transformar, ruta maestra de la Cultura, nos ofrece sendas para salir del estatismo y las encrucijadas. Pensamiento Crítico, Reflexivo y Creativo, el cual convierte, la observación,  la indagación y los acontecimientos en investigación y construcción de nuevos conocimientos dentro del mismo referente y tránsito por la vida, con lo cual puede en su divergencia trascender las fronteras del que hacer y el cómo hacer, a un para qué hacer, al deconstruir y crear en el mismo accionar trascendiendo el método y la forma, en un hecho libertario ofreciendo nuevas sendas y perspectivas para acercarse al mundo de la vida y su comprensión.

En este orden de ideas me adentro en una manera divergente a repensar el papel del gestor social y cultural, tal que pase de la búsqueda del bienestar y la ilustración, al fin primario de su oficio que es la de edificar vida trascendente, el facilitar el aprender a pensar, el aprender a aprender, el aprender a crear y el aprender a ser, incorporando el rigor, la originalidad, la pertinencia y la relevancia en cada paso, desde la pregunta por nosotros mismos, nuestro papel, el sentido de lo que se hace y ejerce y el para qué se ejerce, con lo cual me lleva a la frase final del filósofo y escritor español José Antonio Marina en la Conferencia Inaugural del Congreso Mundial de Creatividad realizado en Madrid en 1993: ¡Para qué Inteligencia y Creatividad si somos seres despiadados! Una sentencia que aún retumba en las entrañas de los formadores, educadores, gestores sociales y culturales. 

Es necesario comprender que la Cultura y la Creatividad no cobran sentido si se facilitan de manera independiente de los Valores de vida acompañados por un Desarrollo Humano integral, la Justicia social y la Equidad. Es importante apreciar que la Cultura puede presentarse como un alimento con exceso de azucares y grasas saturadas de manipulación.  Es importante comprender que tanto la Cultura como la Creatividad no son neutras e innatas, no son un manual ni un don otorgado a un grupo especial de personas. No se nace con la Creatividad como igualmente no se nace culto, aunque sí con la posibilidad de la cultura y un especial potencial creativo que puede ser desarrollado de manera diversa. Toda persona de cualquier origen o procedencia facultada con los procesos mentales primarios intelectivos, puede ser culta y significativamente creativa. 

Esta es la tarea fundamental de la Gestión formativa, como lo expresara desde el Constructivismo Jean Piaget: “Educación significa formar creadores y edificadores de cultura. Pero la Creatividad y la Cultura, desde la perspectiva de la educación tradicional difícilmente puede acompañar la creación, por cuanto los fines ilustrativos, reproductivos y modelos coactivos preponderantes en el medio le generan inhibidores y bloqueos. No así, si concibiéramos la Educación y la Gestión como una dimensión de formación integral emancipadora y libertaria en pensamiento, conocimiento y desarrollo, como una praxis social para la vida en la vida misma que va más allá de la instrumentación, la ilustración y el conocimiento, que lleva a la Cultura y a la Creatividad, además de poder ser aprendidas a cocrearse.

La formación actual, buena parte de las veces es reduccionista de su papel, utiliza con preferencia los métodos hetero-estructurantes y reproductivos, y en este escenario la Cultura y la Creatividad difícilmente pueden manifestarse y mucho menos cultivarse, por cuanto éstas requieren de escenarios abiertos, flexibles y autoestructurantes, lo cual exige el redimensionamiento tanto de los procesos educativos y culturales, como de un cambio estructural de sus sistemas de diseminación, para que se trascienda la visión de un hacer por un trascender, y del qué aprender por un cómo aprender, igualmente de un cómo crear desde la pregunta por el sujeto, sus otros y el medio que lo circunda, posicionando al educando como protagonista y eje de la construcción del conocimiento y de su propio proceso de desarrollo.

Por otra parte, con esta visión deben facilitarse los ambientes, escenarios, procedimientos y acompañamientos propicios para la comprensión del Ser, de la Cultura y el Saber. A pesar de considerarse la Creatividad un hecho personal, propio, único e irrepetible, ésta puede ser aprendida de forma pedagógica, mediante un proceso de facilitación y acompañamiento, bien sea en los escenarios de educación formal como en los culturales y los escenarios de producción e Investigación, donde construir conocimiento y formación en valores se funden en un todo, en los cuales la Creatividad tiene una forma expresiva en términos de Innovación y desarrollo.

Al concebirse la Creatividad como dimensión humana (una forma simultánea e integral de ser, querer, pensar y hacer) transformativa del ser y el medio, en la cual interviene un proceso cognitivo, afectivo y energético para la generación y desarrollo de ideas nuevas y valiosas, se va más allá de la mera capacidad y habilidad, se liga con la formación integral, la Cultura, el Desarrollo y los Valores.

Con la formación integral, al tejerse la Creatividad como proceso intrínseco educativo; con el Desarrollo porque la Creatividad le permite al ser humano ofrecer nuevos recursos, originales, pertinentes y relevantes; con los valores por cuanto la Creatividad propone construirse en beneficio y bienestar, en concordancia con su definición intrínseca de creación y no de destrucción. Finalmente, con la Cultura por su mediación e interrelación directa con la prospectiva, dado que la Creatividad le provee recursos y nuevas sendas a la Cultura, la cual a su vez la enmarca, la significa y la incentiva.

Desde los albores del estudio científico sobre Creatividad, se demuestra que ésta obedece a los cánones y patrones de la Cultura construidos, su primera generación de estudio en los albores del siglo XX, la Cultura definía la Creatividad como capacidad y habilidad en la persona, luego como proceso y estrategia, a finales del Siglo XX, trascendiendo su visión reduccionista y conductista, la define como forma integral de vida en el ser, pensar, querer y hacer, para ya en Siglo XXI, comprender su visión como un entramado sistémico, complejo, vibracional y energético, que trasciende las herramientas, instrumentos y las estrategias tradicionales, elevando su sentido a procesos materiales y vibracionales  de expansión de la consciencia.

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La Cultura y la Creatividad se elevan a una dimensión trascendente, más allá de un escenario, un objeto, una capacidad, un saber. En este sentido cobra importancia la formación de los formadores en Cultura y Creatividad. Recordemos que investigaciones recientes nos demuestran que la familia, la escuela, los educadores y la sociedad, pueden constituirse en los mayores inhibidores y cegadores de la Creatividad, de la Cultura y el Desarrollo humano, generando a través de su ejercicio patrones poco propicios para la Creatividad y la Cultura. Igualmente es importante señalar que la Creatividad y la Cultura para que sean realmente interiorizadas, sus procesos sostenibles y sustentables, se requiere trabajar desde la base y desde su cimiento con una visión flexible, emancipadora y libertaria.

Se requiere formar de manera pedagógica en la divergencia para la Creatividad y la trascendencia, edificando ambientes y escenarios propicios. Ambientes entendidos como los climas formativos y procedimentales en sus diferentes aspectos psicosociales, didácticos y físicos, concebidos los ambientes y los facilitadores como aductos que hacen posible la Cultura y la Creatividad, cocreando recursos, incentivos y abrigos a manera de Pieles de como son la capacidad de asombro, la motivación intrínseca, la imaginación, el conocimiento, la divergencia, la lúdica y los valores, una tarea fundamental para los seminaristas creativos y culturales.

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Carlos Alberto González Quitian.

Arquitecto. Mgs en Desarrollo Educativo y Social

Director Grupo Interuniversitario de Investigación en Creatividad. Procrea/pronova.

Premio Iberoamericano a la Creatividad e Innovación 2016. México.

1 COMENTARIO

  1. Interesante columna sobre temas de mucha actualidad, cuando se están asumiendo desde los nuevos gobiernos posiciones superficiales sobre la cultura, creatividad, desarrollo social del ser humano. En buena hora , columnas cómo ésta abren el debate y ante todo el conocimiento. Gracias Arquitecto

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