La maraña de cables que cuelga sobre nuestras calles —esa “telaraña” que mutila árboles y degrada el paisaje urbano— no es solo un problema estético. Es una amenaza directa contra la seguridad ciudadana. El reciente terremoto lo demostró con crudeza: postes desplomados, transformadores incendiados y rutas de evacuación bloqueadas. Lo que parecía un mal menor se convirtió en un riesgo mortal para quienes huían de sus viviendas y para los vehículos atrapados en medio del caos.
La tragedia obliga a pensar en soluciones técnicas de fondo. La subterranización (soterrado) de las redes eléctricas y de telecomunicaciones es la alternativa más segura y sostenible. Canalizar el cableado bajo las aceras y vías elimina el riesgo de caída de postes, protege las infraestructuras frente a desastres naturales y limpia la contaminación visual que degrada nuestra ciudad. Mientras se avanza hacia ese objetivo, la instalación de cables trenzados compactos y la limpieza de redes en desuso (“cable cero”) son medidas inmediatas que reducen el peligro y dignifican el espacio público.
Es cierto: el costo es alto y las obras complejas. Pero los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) y las alianzas público-privadas ofrecen un camino viable. Todo proyecto nuevo de renovación urbana o construcción de vías debe incluir por norma la subterranización. Para las zonas consolidadas, las empresas de energía y telecomunicaciones deben concertar planes graduales de inversión.
La ciudadanía también tiene un papel decisivo. Es hora de presentar un derecho de petición colectivo ante el Concejo Municipal y la Alcaldía para exigir un Plan Maestro de Redes y Limpieza del Espacio Público. Asimismo, urge que la autoridad ambiental (CARDER) y la empresa de energía adopten un manual de poda técnica, que evite la mutilación de árboles y preserve su estabilidad.
Finalmente, los comités locales de gestión del riesgo deben incluir en sus mesas de trabajo la vulnerabilidad de las rutas de evacuación frente al colapso del cableado aéreo.
Pereira no puede seguir aplazando esta decisión. La tragedia nos recordó que la improvisación cuesta vidas. Si todos somos pereiranos, pongámonos la camiseta y apoyemos esta propuesta: transformar el caos aéreo en una ciudad segura, verde y digna.


