domingo, febrero 15, 2026

DIALOGAR CONTIGO MISMO

OpiniónActualidadDIALOGAR CONTIGO MISMO

 

Uriel Escobar Barrios, MD

 

Dialogar contigo mismo no es un signo de rareza ni de debilidad mental. Es, en realidad, una de las actividades más constantes y determinantes de la vida psíquica. Desde que despertamos hasta que nos dormimos, nuestra mente produce pensamientos de manera ininterrumpida. Las neurociencias han comenzado a medir con mayor precisión este fenómeno: un estudio conocido como el de los “gusanos de pensamiento”, realizado en 2020 por investigadores de la Universidad de Queen en Canadá, estimó que un ser humano promedio tiene diariamente alrededor de 6.200 pensamientos. Esta cifra, lejos de ser anecdótica, nos obliga a reflexionar sobre la calidad de ese diálogo interior y su impacto en nuestra salud mental, pues no todos esos pensamientos son neutrales o constructivos. Diversas investigaciones apoyadas por instituciones como la National Science Foundation sugieren que cerca del 80 % de los pensamientos cotidianos tienden a ser negativos y que alrededor del 95 % son repetitivos, es decir que hoy pensamos prácticamente lo mismo que ayer. Esto tiene una explicación: el cerebro está diseñado para anticipar amenazas, aprender de la experiencia pasada y ahorrar energía. El problema surge cuando este mecanismo, útil para la supervivencia, se convierte en un circuito cerrado de rumiación, autocrítica y preocupación constante.

 

El neurocientífico y psiquiatra Giulio Tononi, creador de la Teoría de la Información Integrada, ha mostrado cómo la conciencia emerge de la integración de múltiples redes neuronales. Cuando estas redes se activan de manera rígida y repetitiva, el contenido de la conciencia también se vuelve rígido. Así, una mente atrapada en pensamientos negativos recurrentes no solo interpreta la realidad de forma distorsionada, sino que termina generando un estado emocional acorde con ese diálogo interno: ansiedad, tristeza, irritabilidad o sensación de vacío. Un ejemplo claro del poder de los pensamientos es el estudio clásico de la Universidad de Cornell, en el que se les pidió a personas que registraran sus preocupaciones durante varias semanas. Los resultados fueron reveladores: el 85 % de aquello que les preocupaba nunca llegó a ocurrir. Y del 15 % que sí ocurrió, el 79 % de los participantes descubrió que podía manejar la situación mejor de lo que esperaba o que la experiencia les había dejado un aprendizaje valioso. Este hallazgo confirma algo que la clínica psiquiátrica observa a diario: no sufrimos tanto por los hechos, como por las historias que nuestra mente construye anticipadamente.

 

Dialogar contigo mismo de manera saludable no significa eliminar los pensamientos negativos, algo que no es posible ni deseable. Significa aprender a relacionarte con ellos de otra forma. Las evidencias muestran que observar el pensamiento, cuestionar su veracidad y evitar identificarte completamente con él reduce su impacto emocional. Preguntarte si ese pensamiento es un hecho o una interpretación, si aporta una solución o solo añade sufrimiento es un primer paso hacia una mayor serenidad interior. Cultivar un diálogo interno más amable y consciente es, en esencia, un acto de cuidado de la salud mental.

www.urielescobar.com.co

2 COMENTARIOS

  1. Séneca era tan sabio que decía:

    “Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad.”
    La mente se adelanta, exagera, inventa futuros y luego te cobra el desgaste como si ya hubieran ocurrido.

    El estoico no niega los problemas.
    Niega el derecho de la mente a torturarse antes de tiempo.

    Cómo manejar la preocupación, según el espíritu de Séneca

    1. Devuélvela al presente.
    Pregúntate con honestidad:
    ¿Esto está ocurriendo ahora mismo?
    Si la respuesta es no, estás pagando por adelantado un dolor que quizá nunca llegue.

    2. Ponle límite al pensamiento.
    Pensar sin freno no es prudencia, es ansiedad con toga filosófica.
    Decide cuándo pensar y cuándo detenerte.

    3. Actúa o suelta.
    Si puedes hacer algo hoy, hazlo.
    Si no puedes hacer nada, preocuparte es una falta de respeto a tu energía.

    4. Entrena la sobriedad mental.
    Séneca aconsejaba prepararse para lo necesario, no para todas las catástrofes posibles.
    La calma también se practica.

    Un ejercicio estoico que recomendamos :

    Escribe tu preocupación.
    Debajo, anota:
    Lo que depende de ti.
    Lo que no depende de ti.
    Actúa sobre lo primero.
    Acepta lo segundo sin drama.

    La preocupación no te protege.
    Te debilita.
    El sabio no vive sin problemas,
    vive sin sufrir por cosas que no han pasado

  2. Lo que planteas es muy importante en el proceso del diálogo interior. Epicteto decía palabras más, palabras menos: «La mayoría de los trastornos emocionales se presentan no por lo que sucede en el mundo externo, sino por la interpretación que la persona hace de lo que sucede en el mundo». Muchos años antes se le atribuye al Buda una frase de profunda sabiduría: «¿Quieres que el mundo cambie? Comienza por cambiar tu mundo interior. Si tu interior cambia, el mundo cambiará» Las pautas que das para cambiar ese diálogo interior, son las que plasmo en el artículo. Me gustaría -si te es posible- que me dejaras una nota en mi WhatsApp 3122868809. Saludos

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos