EL TEMBLOR QUE SIGUE DESPUÉS DEL TEMBLOR

OpiniónEL TEMBLOR QUE SIGUE DESPUÉS DEL TEMBLOR

Han pasado tres semanas desde el 10 de agosto. La tierra ya no se mueve, pero muchos seguimos sintiéndola moverse.

Existen estudios sobre lo que se conoce como “terremoto fantasma”: esa sensación de balanceo, vibración o movimiento que puede aparecer después de un sismo, aun cuando no está ocurriendo otro. En ella pueden participar el sistema que regula nuestro equilibrio, la percepción del movimiento, la ansiedad y la manera como el cerebro procesa las señales del entorno. El cuerpo, podríamos decir, tarda un poco en creer que ya pasó.

Y es que el 10 de agosto no fue un dato en un noticiero para quienes vivimos este evento natural. Fue un edificio que cedió a pocas cuadras, un puesto de mando instalado en la ciudad, vecinos removiendo escombros durante días. Fue real, cercano y, para muchos, irreversible.

Por eso, si tres semanas después usted todavía se sobresalta con un portazo, revisa dos veces las salidas antes de entrar a un lugar, duerme mal o se despierta de repente, no necesariamente hay algo extraño en usted.

La Organización Mundial de la Salud señala que las emergencias pueden producir ansiedad, tristeza, problemas de sueño, cansancio, irritabilidad, miedo y sensación de alerta. En la mayoría de las personas, estas reacciones disminuyen con el tiempo.

Entonces una pregunta no debería ser solamente “¿por qué sigo así?”, sino también “¿estoy mejorando, aunque sea poco a poco?”.

Si el miedo permanece igual o aumenta, las pesadillas no ceden o empezamos a evitar actividades cotidianas por temor, conviene pedir ayuda profesional. No es debilidad. Es atender algo que realmente ocurrió.

También podemos hacer cosas sencillas mientras atravesamos estos días. Hablar con alguien de confianza. Recuperar poco a poco las rutinas. Dormir y comer lo mejor posible. Alejarnos un rato de las noticias cuando sentimos que nos vuelven a poner en alerta.

Y cuando la mente regrese al momento del terremoto, podemos intentar algo muy concreto, que ya he mencionado en otros escritos: mirar alrededor y nombrar cinco cosas que vemos, cuatro que podemos tocar, tres que podemos oír, dos que podemos oler y una que podemos saborear. Es una técnica de anclaje de los sentidos, que ayuda a llevar la atención nuevamente al presente.

Pero hay otra capa, menos medible, que también merece nombrarse: la espiritual.

Un evento así no solo sacude estructuras. Sacude certezas.

Nos recuerda, de una manera brusca, que vivimos sobre algo que no controlamos. Y quizá nos deja algunas preguntas: ¿qué sostenemos cuando el suelo falla? ¿A quién llamamos primero? ¿Qué descubrimos que era realmente irremplazable?

No sé si a usted todavía le tiembla algo por dentro.

Si es así, no tiene que avergonzarse.

La mayoría de las personas logra recuperarse con el tiempo, especialmente cuando cuenta con apoyo de familiares, amigos y comunidad.

Nadie puede decirnos exactamente cuándo volveremos a sentirnos seguros.

Pero podemos acompañarnos mientras volvemos a confiar en la tierra.

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