Durante el desarrollo de su campaña, Abelardo De la Espriella expresó que todo su actuar estaba comprometido con la “extrema coherencia” en temas como la seguridad, el trabajo, la familia y la propiedad, advirtiendo que su brújula moral señalaría siempre hacia la ética y los valores supremos de la condición humana, haciendo énfasis en la aplicación irrestricta de las leyes, no permitiendo jamás la negociación sobre las mismas. Criticó abiertamente el despilfarro y la corrupción, prometiendo la reducción del tamaño del Estado y el manejo austero de las finanzas públicas. A cuatro días de su posesión, estamos preocupados por unos hechos que en nuestro sentir, riñen con propósitos enunciados en campaña y que en aras de la transparencia y el buen gobierno nos apresuramos en señalar, fieles a nuestro compromiso de poner los puntos sobre las íes, pues si bien respaldamos su candidatura, esta no debe entenderse como un cheque en blanco, para hacer y deshacer. La primera de ellas tiene que ver con el sitio en el que prestará juramento a la Constitución y Leyes de la República como presidente, que no será en el Capitolio Nacional, sede del Congreso, pero sí ante este, al aprobarse por ambas cámaras la autorización y traslado a la ciudad de Cali. La sola adecuación del lugar con todo lo que significa en materia de seguridad para él, los congresistas, cuerpo diplomático, altas cortes, presidentes invitados, cúpula militar y, en fin, la larga lista protocolaria, elevará sin sentido el costo de la ceremonia, cuyo objetivo inicial era hacerla en una guarnición militar para honrar la memoria de los héroes de la Patria y darles el mensaje de respeto del nuevo gobierno para con las Fuerzas Militares, vilipendiadas y maltratadas por el gobierno que termina, no teniendo hoy cabal sentido, al no realizarse en guarnición militar alguna y haberse escogido el auditorio Arena de la Universidad Santiago de Cali, para los actos protocolarios, que según la prensa, obligaron a la firma de dos contratos logísticos por un valor total de $5.900 millones de pesos para cubrir los actos de la posesión y la producción técnica para la transmisión por televisión abierta a nivel nacional. Dadas las complejas consideraciones de orden público y de seguridad que obligan al Estado colombiano a adoptar las salvaguardas operativas que garanticen la protección de los asistentes, sin duda alguna el Capitolio Nacional es la sede indicada, pues fue construida para proteger al Poder Legislativo y prestarse para extremar en ella la protección requerida para los invitados. Igual, adaptar la Casa de Nariño como museo y retomar el Palacio de San Carlos como la sede presidencial, requerirá de una alta inversión que en los momentos actuales tiene menos sentido, si lo que realmente se busca es racionalizar el gasto y la inversión pública. Bienvenida la descentralización administrativa, gobernando desde las regiones. No al gasto en acondicionamiento y adecuación de sedes en ciudades capitales o no, donde al nuevo gobierno se le antoje despachar. En las distintas guarniciones y batallones, se cumpliría en alto grado con este propósito, a más de la seguridad del primer mandatario. Cumpla este nuevo Gobierno con remediar los grandes males de la nación, recortando gastos inútiles. Nada ganamos, por ejemplo, con suspender embajadas innecesarias cuando el producto de su ahorro lo feriaremos adecuando sedes, que más parecieran obedecer a simples caprichos, que a técnicos conceptos administrativos. Alberto Zuluaga Trujillo. Alzutru45@hotmail.com



Buenos días Aún los menos ilustrados en estos temas nos hacemos estas reflexiones. No se puede dar oportunidad a aquellos que están pendientes de estas incoherencias especialmente en aspectos en los cuales se pueden evitar.
Alberto se te fue la mano con esa caricatura tan grotesca.
Además el presidente electo ha afirmado que las adecuaciones las paga él y algunos amigos que contribuyen con materiales y el costo de la posesión será 50% menos que la del presidente actual