«Hace meses escribí que sobrevivir no basta. Hoy, con la recaída de mi amigo Víctor y sus nuevas quimioterapias, entendí que hay cuatro cosas que no fallan nunca: la fe, la confianza en la ciencia médica, el optimismo y los círculos de amor que nos sostienen.»
El teléfono suena distinto cuando quien llama ha estado cerca de la muerte y decide hablar de la vida. Así suena Víctor. Nos conocimos hace rato en los corredores del Palacio de Nariño, el como parte del equipo de prensa de la presidencia y yo como parte del equipo de Acción Social, desde entonces hemos sido amigos, hace un par de años coincidimos de nuevo por un diagnóstico parecido al mío, uno de esos que le cambia el calendario a una persona en un segundo. Hizo su tratamiento y todo iba bien, hace unas semanas tuvo una recaída. Volvió a las quimioterapias, ahora con protocolos más nuevos, más específicos, que ya no golpean con la misma brutalidad de antes. Y sin embargo, cuando contesta el teléfono, no habla de miedo. Habla de fe.
Hablamos seguido. A veces para contarnos cómo nos fue en un examen, otras simplemente para preguntarnos cómo seguimos. Nos transmitimos algo que no se compra en ninguna farmacia: la certeza de que la ciencia médica avanza, de que el cuerpo responde cuando uno le da motivos para responder, y de que las ganas de vivir pesan tanto como cualquier medicamento. Víctor no niega la recaída. La enfrenta con los ojos abiertos y con un optimismo que, sinceramente, me contagia cada vez que hablamos.
En febrero escribí en esta misma columna que sobrevivir no basta, que hay que aprender a vivir después. Han pasado meses y esa idea sigue de pie, pero hoy quiero ampliarla con algo que he venido leyendo: el libro de Carolina Novoa, El cuerpo grita lo que las emociones callan.
Novoa, comunicadora convertida en health coach y biosanadora emocional, plantea algo que a quienes hemos pasado por un cáncer nos suena casi familiar: el cuerpo no enferma por accidente, muchas veces expresa emociones, traumas y relaciones que no alcanzamos a procesar a tiempo. Su propuesta es mirar el cuerpo, la mente y el espíritu como un solo sistema, no como compartimentos separados. Y ahí coincido con ella: yo no sané solamente con quimioterapia. Sané también cuando aprendí a nombrar el miedo, a pedir ayuda y a soltar lo que ya no me servía.
Esa mirada integral es la misma que veo hoy en mi amigo. Su cuerpo está en tratamiento, pero su cabeza y su espíritu trabajan en paralelo, sosteniendo la fe cuando el cuerpo todavía no tiene respuestas.
Después de haber pasado por esto, y de acompañar de cerca a alguien que lo está viviendo otra vez, tengo más claro que nunca que hay cuatro cosas que sostienen a quien enfrenta una enfermedad como esta: la fe, el optimismo, la confianza en la ciencia médica y los círculos de amor de la familia y los amigos. Ninguna de las cuatro sobra. Cuando falta una, las otras tres tienen que sostener el peso.
Si hoy estás en medio de una quimioterapia, si acabas de recaer, si sientes que el cuerpo no responde como quisieras: no te rindas. Apóyate en la ciencia, en las personas que te quieren y en la fe que te haga sentido a ti, y permite que tu cuerpo también te hable. Víctor no se ha rendido. Yo tampoco lo hice. Y la verdad, con todo lo que esto exige, es que la vida sigue siendo bella.
Fernando Sánchez Prada.
Comunicador y columnista.



Tu artículo me llega al alma en estos momentos de dolor, pues ayer despedimos a una amiga muy querida a la que le diagnosticaron un Cancer hace apenas una semana. Todo sucedió tan rápido que no tuve tiempo de procesarlo. Solo se que Martha ya no está con nosotros y que dejó un enorme vacío. No es fácil aceptarlo. Creo que Tu artículo será de gran ayuda para muchos que están pasando por el mismo trance.
Estimada Consuelo. Lamento tu pérdida. No es fácil ver partir a un amigo, a un ser querido. Nos queda no dejarlo morir. Quien se mantiene en el corazón de los suyos jamás muere . Un abrazo fraterno. Gracias por leer y comentar mis escritos. En artículos como este quiero justo eso, inspirar un espíritu dd optimismo ante la adversidad.
Un pequeño gesto de solidaridad humana nos fortalece cuando atravesamos este proceso.