LOS CONTRASTES DE MI PAÍS

OpiniónLiteraturaLOS CONTRASTES DE MI PAÍS

Era un muchacho muy joven. Solo tenía 16 años. Vivía con su familia en el Distrito de Agua Blanca, al oriente de Cali. Eran barrios de mucha pobreza, habitados especialmente por familias desplazadas por el conflicto armado con altos niveles de violencia y conflicto entre sus habitantes.

Ese día, su padre lo mandó a comprar una medicina que necesitaban en casa, y el joven salió en la moto a cumplir el cometido. Al llegar a la frontera, la moto se detuvo, exactamente allí, y no la pudo mover más.

Fue en cuestión de segundos, que aparecieron las pandillas del otro lado, enfurecidas, porque se había atrevido a pasar la frontera, sin permiso. Cayeron sobre él y sin ninguna piedad, lo asesinaron a cuchillo. Y solo tenía 16 años.

Al día siguiente llegó al barrio el titiritero, cuando estaban en los rituales del funeral. Lo habían contratado para presentar una función de títeres a los niños de Agua Blanca, y cuando preguntó dónde la podía hacer, le dijeron que el único lugar que tenían era la iglesia.

Se acercó a la iglesia y se encontró con una misa fúnebre. En el centro estaba el ataúd, con la tapa levantada y en su interior, el joven muerto. Alrededor, sus familiares y amigos, llorando tal injusticia.

El titiritero se detuvo a la entrada de la iglesia, esperando que la misa terminara. Alguien se acercó a conversarle y le contó la historia. Le habló de las pandillas, de las fronteras invisibles, esos límites imaginarios que establecen las pandillas para controlar territorios. Le contó de los asesinatos, que eran el pan de cada día, cuando alguien se atrevía a cruzar esos límites sin permiso. Historias difíciles de creer, pero verdaderas.

La misa terminó. Ya iban a cargar el ataúd para salir de la iglesia, cuando uno de ellos se acordó de las fotos. Entonces se devolvieron. Tuvieron que esperar a que alguien trajera las pilas para la cámara, pues no las tenía.

Con mucho cuidado, sentaron al muchacho muerto, o sea, al cadáver del joven asesinado, y fueron pasando por grupos e individuales, sus amigos, su pandilla, a tomarse la foto del recuerdo con él. Una vez terminado el acto, que era como un ritual, se lo llevaron en un microbús escolar que habían conseguido prestado. No tenían cómo pagar un carro fúnebre.

Era un momento surrealista. Eso no podía estar ocurriendo. Pero ocurría, En el Distrito de Agua Blanca, azotado por pandillas y grupos delincuenciales, donde todo podía pasar.

Hasta allí llegó el titiritero. Ese día, lo habían contratado para presentar su espectáculo de títeres a los niños de Agua Blanca. A esas alturas, ya había perdido el entusiasmo por hacer la función, pero había que hacerla. Los niños lo estaban esperando.

Para ellos, era otro capítulo, el anterior ya había pasado a la historia. Estaban acostumbrados y ahora querían ver los títeres, Algo nuevo, algo diferente que los recreara, que los sacara de esa violencia cotidiana.

Los organizadores del evento, le indicaron al titiritero el lugar donde podía armar el teatrino. Era el mismo lugar donde hace un momento estaba el ataúd.

Con el estómago estrujado, armó el teatrino y presentó la función: “El gato y los ratones”.

El gato perseguía a los ratones que le habían robado el queso, y los niños gritaban desesperados, indicando al gato dónde se habían escondido los ratones. Después, gritaban a los ratones dónde se encontraba el gato, para que no se dejaran atrapar.

Los niños reían, se divertían, estaban en otra historia.

Y mientras el gato perseguía a los ratones, hacía unos minutos, en ese mismo lugar, lloraban la muerte de un joven de 16 años, que no tenía por qué morir.

Esos son los contrastes de mi país.

Consuelo Gómez Alvira

16 COMENTARIOS

  1. Buen día Doña Consuelo. Gran escrito.

    Agua Blanca, lugar de mucha dificultad y muchos espejos formativos y deformativos, nada fácil para sus habitantes pero buscan la manera de salir adelante a pesar adversidad.

    Feliz día.

  2. Hola Isdaén. Esto ocurrió hace muchos años, yo me imagino que las cosas deben haber cambiado, al menos un poco. Eso espero. Gracias por tu comentario.

  3. Ya lo creo, mi querida Consuelo. Eso se ve y se respira todos los días: un doloroso contraste donde, mientras unos ríen y celebran la cotidianidad, otros lloran en silencio la ausencia irreparable de sus seres queridos. Lamentablemente, esta espiral parece un cuento de nunca acabar; un ciclo perpetuo del que muchas veces sentimos que solo podemos ser espectadores impotentes que toman nota mental, leen con pesar y recuerdan todos los matices crueles que manchan de violencia a nuestro amado país. A pesar del cansancio y del desánimo, aún nos queda la fe y la palabra. Oremos por el cambio, porque la esperanza no es una ilusión vacía, sino la certeza de que no todo lo que hoy parece imposible dejará de serlo mañana. Si nos unimos en el deseo genuino de transformación, la utopía de la paz puede llegar a ser una realidad.

  4. Estas escenas se volvieron paisaje en nuestras ciudades, sin embargo muchos jóvenes logran sustraerse y salen adelante a pesar de ofertas para ganar dinero fácil. De ahí la importancia de la educación y el deporte como alternativas que les permitan tener una vida digna para ellos y sus familias. Nuestros deportistas que triunfan con sacrificios son el mejor ejemplo a seguir.

  5. La vida esta llena de contrastes: unos rien…otros lloran…y algunos parecen ignorarlo todo… Aun asi la vida sigue su curso…

  6. Hace unos días comentaba con unos amigos, la importancia del contexto donde crecemos, como influye esto en nuestra constitución como personas y que defenitivamente las realidades no son las mismas de alguien que nacio; por ejemplo en agua blanca a alguien que nacio en el norte de Bogota, solo por tomar un ejemplo. Gracias querida Consuelo, siempre es un placer leerte

    • Muchas gracias querida Bibiana, un placer que me leas! Lo que dices es muy cierto el contexto en el que nacemos y crecemos nos moldea y define gran parte de lo que somos. Muchas gracias por tu comentario!!!

  7. Gracias Consuelo, y es verdad, refleja nuestra realidad de contrastes como sociedad. Me hiciste recordar una anécdota de joan manuel serrat en una visita a Colombia a finales de los 80…En una entrevista dijo que le había impresionado que mientras la gente almorzaba, estaba viendo el noticiero de medio dia, donde abundan las noticias de muerte y asesinato, y lo normalizaron en su cotidianidad.

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