“Cuanto más difícil es la victoria, más grande es la satisfacción.”
Pelé
Hace un mes, el mundo detuvo su cotidianidad para celebrar la llegada de un momento histórico en el fútbol:” La inauguración del mundial 2026” y a partir de ese momento y como colombianos empezaron las cábalas, expectativas y por qué no decirlo, el estrés por la inconmensurable responsabilidad de 26 jugadores que viajaron con el alma llena de ilusión a diversos escenarios para cumplirle una cita a su pasión, pero, también a un país que estuvo presente en cada compromiso.
Hoy decido escribir sobre esta experiencia y aunque no soy experta en el tema, mi reflexión va más allá del deporte y sus connotaciones.
“Colombia es un país profundamente sensible, piel, vibrante, fraterno, apasionado, perseverante, optimista”, en fin, podría numerar muchas virtudes para describir su idiosincrasia; sin embargo, ahora que los jugadores están de vuelta a casa, levanto mi voz para manifestar mis emociones y quizás las de muchos.
Soñar con la victoria, con alcanzar sueños, ha sido una premisa en nuestras vidas, algo que alienta la esperanza en ese logro, que genera cuotas altas de ansiedad, felicidad, desvelos, al fin y al cabo, estos se hacen presente en cada proceso de la vida. Es de todos.
Viajamos con una maleta cargada de ilusiones. En ocasiones, se hace liviana cuando esos anhelos se van alcanzando; otras veces continúa con el mismo peso, aun así, se sigue cargando. Esos 26 jugadores, iniciaron un viaje en representación de 53.500.000 de colombianos. En sus rostros sólo había felicidad, pero sobre todo en sus corazones la fe puesta en Dios, ya que Él también estuvo comprometido con el equipo, fue centro y luz en su desempeño. Lo inverosímil, es tener que recordar rostros transformados al no llegar a los cuartos de final, lo que desató comentarios sobre la actuación del equipo en el último encuentro. Esa es la manera en la que reacciona el ser humano, ante la adversidad: Cuestionar, sin valorar resultados con otros equipos, porque pesa más una acción que todas las buenas que se hayan realizado. En este caso, a nivel futbolístico.
Me parece injusto lo que vi. Es desconcertante saber que, durante varios días, el país vibró, que el sólo hecho de observar los estadios vestidos de amarillo, azul y rojo permitió que los corazones palpitaran, se ensanchara el pecho, y se pronunciara con detalle cada renglón del himno nacional, e incluso al visualizar rostros con lágrimas sin poder disfrazar dicha emoción, son apenas algunos aspectos que se pueden mencionar aquí. Imposible no sentir esas mariposas que aleteaban en el estómago cuando Puerta, Díaz, Suárez, James, Juan Fernando, Muñoz, Sánchez, El Cucho Hernández, Lucumí, Mojica, Vargas entre otros, (se me escapan algunos), lucharon hasta el final, perdiéndose incluso posibilidades de goles, y logrando salir invictos, excepto con los penaltis.
Soy consciente de no registrar en estas líneas trabajos destacados por otros jugadores, pero también sé que, si tuviesen la posibilidad de leerme, comprenderían mi postura, puesto que yo quiero ir mucho más allá de resultados futbolísticos.
Venía argumentando lo que como país vivimos. Se reunió la familia frente a la pantalla para compartir y deleitarse con un gran espectáculo. Las agresiones políticas que se venían cocinando diariamente, dejaron de ser prioridad para muchos, esto pasó a un tercer plano, en consecuencia, bajó el estrés. Centramos nuestros sentidos en cada encuentro futbolístico. Pudimos ver una selección que jugó como nunca, entregó lo mejor de sí, nos permitieron sentir que contamos con fútbol a la altura de los mejores. No hubo asomo de cansancio aun en los últimos 30 minutos de definición, porque jugaron con el alma, los pies solo fueron instrumentos para moverse donde fuese necesario, porque la mente y el corazón, lo dejaron en la cancha; también su dolor. La maleta, para ellos, se vaciaba en ese instante. Ahora, hay que prepararla para nuevos encuentros que, serán de vuelta gratos para todos.
Yo, sí quiero agradecer al director técnico y a estos maravillosos jugadores. Hay que levantar la cabeza, continuar, avanzar. Este es un equipo con garras, guerreros que siguen librando batallas, porque la más difícil, no está en la cancha, sino en la vida y eso los hace merecedores del reconocimiento de Colombia e incluso, del mundo
Gracias, amada selección.


