SÍNDROME DEL SISMO FANTASMA

OpiniónSÍNDROME DEL SISMO FANTASMA

Uriel Escobar Barrios, M.D.

El sismo paró, los edificios permanecen quietos y las calles recuperan poco a poco su movimiento habitual. Sin embargo, para algunas personas el terremoto parece no haber terminado. Días o semanas después del acontecimiento, continúan sintiendo que la tierra se mueve, experimentan mareos, náuseas, taquicardia, respiración acelerada, tensión muscular y un agotamiento que parece no desaparecer. Al llegar la noche, la situación puede empeorar: cualquier ruido despierta con sobresaltos, conciliar el sueño se convierte en una batalla y cerrar los ojos significa exponerse nuevamente a una sensación de vulnerabilidad. Algunas personas que he atendido después del sismo que afectó a diferentes regiones de Colombia, especialmente al Eje Cafetero, describen experiencias muy similares. Una pregunta se repite al finalizar la consulta: «¿Qué me está pasando? ¿Por qué mi cuerpo sigue reaccionando como si estuviera ocurriendo otro terremoto?». Una posible explicación está relacionada con lo que podríamos denominar Síndrome del sismo fantasma. Aunque esta expresión resulta útil para describir el fenómeno, no constituye un diagnóstico psiquiátrico formalmente reconocido.

Desde la neurobiología, debemos comprender que el cerebro tiene un extraordinario sistema de supervivencia. Cuando vivimos una amenaza como un terremoto, la amígdala cerebral, estructura relacionada con el procesamiento del miedo y la detección de peligros, activa una respuesta de alarma. Se pone en funcionamiento el sistema nervioso autónomo, particularmente su componente simpático, y se liberan sustancias como la adrenalina y el cortisol. El organismo se prepara para sobrevivir: aumenta la frecuencia cardíaca, se acelera la respiración, los músculos se tensan y la atención se dirige hacia cualquier señal que pueda representar peligro. Es una respuesta adaptativa, necesaria para protegernos. El problema aparece cuando, una vez superada la amenaza real, el cerebro permanece en estado de hipervigilancia. El sistema de alarma continúa excesivamente sensible y puede interpretar estímulos cotidianos —un vehículo pesado, una puerta que se cierra, una vibración o incluso determinados movimientos corporales— como señales de un nuevo sismo.

Esta condición puede acompañarse de ansiedad persistente, alteraciones del sueño y síntomas relacionados con el estrés postraumático. ¿Qué podemos hacer? Primero, reconocer que estamos experimentando una respuesta de nuestro organismo y no luchar contra ella. Segundo, recuperar progresivamente las rutinas de sueño, alimentación y actividad física. Tercero, practicar respiración diafragmática lenta y ejercicios de relajación muscular. Cuarto, reducir la exposición constante a noticias, videos y conversaciones alarmistas sobre nuevos terremotos. Quinto, recuperar gradualmente la confianza en los espacios cotidianos, sin evitar permanentemente los lugares que nos generan temor. La tierra puede dejar de temblar en cuestión de segundos, pero el cerebro necesita tiempo para comprender que el peligro ha pasado. www.urielescobar.com.co

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