Hay momentos en que somos tan frágiles ante lo que muestran las redes sociales, que logran cautivar nuestra atención.
Me detuve a escuchar el testimonio de una famosa, quien manifestaba sentirse agobiada ante la situación que le embargaba, había perdido un hijo y más allá de ese terrible duelo en instantes como ese, se encontraba batallando con su mente.
Lo que esa famosa no entendía era por qué su energía no fluía, pese a todo lo que trabajaba para lograrlo: se levanta de su cama con desgano, pero, realizaba ese acto; leía mucho; a lo mejor sin comprender lo que leía; escribía dejando en cada renglón del acto escritural su alma, puesto que allí plasmaba los recuerdos del tiempo compartido en familia con ese ser que ya no la acompaña. Todo ello podría permitirle recuperar el amor por la vida, aunque no lo realizara de manera adecuada y era éste el motivo de su reflexión.
Quienes somos madres para referirme en este caso al género femenino, sabemos que el amor maternal no tiene fronteras, es tal que no podría definirse, es entrega, tolerancia, apoyo, comprensión, perdón… Todo. Por ello ante su pérdida sentimos que la vida se nos va de las manos. No somos conscientes del sufrimiento, no estamos preparados para ello, percibimos la vida como una travesía llena de paisajes y momentos gratos sin asomo del dolor; pero, no es posible, es inherente al ser humano.
Los hijos son regalos que llegan a nuestra vida … Regalos. Crecen, van tejiendo su vida poco a poco para desprenderse del nido; es cíclico. Deben alzar el vuelo. Son parte de nosotros, nuestra obligación es amar, apoyar y soltar.
Al chico de la historia, nunca le faltó AMOR, lo escribo en mayúscula sostenida ya que, exigía tiempo de calidad para su familia y su madre fue hombro, para que él se soportara; pies, para dirigir sus pasos hacia la consecución de sus sueños; manos, para acariciar, bendecir y reafirmar que siempre contaría con ella en la realización de los mismos; oídos para escuchar lo que su corazón nunca pudo callar y voz para apaciguar ese torbellino de emociones que lo acompañaron en su paso por la vida.
A esta famosa me atrevería a decirle que la energía siempre estará presente en su ser; no es fácil asumir ese tipo de duelos, lo está realizando con el mismo sentimiento que tuvo a lo largo de los años compartidos con su hijo, donde dejó de ser mujer, para convertirse en madre. Se olvidó de sí.
La energía está en decirle a nuestra mente que valió la pena haber entregado tanto aún en esos momentos que para ella quizás fueron insignificantes, son dignos de admiración. No se queda en cama, ni abraza el dolor refugiándose en un mueble, lo abraza reincorporándose, luchando, pero lo ejecuta y busca otras formas sabias que le permitan cargarse de la energía necesaria para mirar el mundo, llenando ese vacío que toca hasta los tuétanos del alma en lecturas, en escribir. Hace catarsis.
El tiempo es bendición para ella, ahí están los frutos de ese recorrido. Una hora tiene 60 minutos, no menos. Es una realidad irrefutable.
A esa famosa, mi admiración profunda. Recordarle: “Hay que darle tiempo al tiempo”



Luz Marina.
Su reflexión nos lleva a la importancia de amar desde el corazón, amar hasta que duela, porque es la esencia que nos caracteriza, o al menos, nos hace humanos.
Gracias por compartir esa historia tan sentida.
Abrazos
Diego eFe
Diego:
Valoro su apreciación y la comparto, el verdadero amor duele y no importa cuánto duele, si es real.
Un cálido abrazo.