UNA GENERACION QUE SE VA

OpiniónCulturaUNA GENERACION QUE SE VA

El viernes 3 de julio, recibí una noticia que me afectó: el fallecimiento de José Fernando Marín, a quien siempre conocimos como “El Flaco Marín”. Ese mismo día, Colombia le ganó a Ghana en el partido del mundial. Una buena noticia que, sin embargo, no logró atenuar el triste efecto de la anterior.

El flaco Marín, era un “ícono” del mundo artístico y cultural de Pereira. Quien haya pertenecido a ese mundo y no lo conozca, es porque no ha pertenecido.

Quién no recuerda al “flaco Marín” con sus vestimentas artesanales, su mochila tejida, su voz pausada, su andar lento por la ciudad, recorriendo teatros, museos y entidades culturales, asistiendo a cines, conciertos, festivales de teatro, ferias del libro, exposiciones, eventos musicales y todo aquello donde se moviera el mundo artístico y cultural.

Quién no recuerda la “Buhardilla” de los domingos en la Emisora Cultural, donde el flaco con su gato Tarot y su café humeante, conversaba sobre aquellos temas que le interesaban a él y a sus fieles oyentes que lo acompañaron durante tantos años.

Lo conocí hace 40 años cuando llegamos a Pereira. Queríamos contactar gente del medio artístico y alguien nos dio el dato del flaco, quien fue una de las primeras personas con la que nos relacionamos.

La noticia de su fallecimiento trajo a mi mente momentos compartidos, a modo de despedida. Recordé que él y su amigo Fernando Henao, fueron contratados por la CARDER para hacer unos documentales sobre el trabajo que desarrollaba la entidad en el corregimiento de Santa Cecilia (Pueblo Rico, frontera con el Chocó), donde teníamos una sede.

Fui interventora de ese trabajo, por lo que estuve con ellos en Santa Cecilia y compartimos esa actividad, lo que me permitió pasar un tiempo con ellos y conocerlos en un ambiente muy especial. 

Recuerdo otra ocasión cuando él se despidió de su padre, diciéndole que iba para el Festival de teatro de Manizales, y éste le respondió: “Si hijo, veo que llevas toda la escenografía encima”.

Creo que se podrían reunir muchas anécdotas entre las personas que lo conocieron y estuvieron cerca de él, que de una u otra forma recuerdan los momentos en que se cruzaron sus caminos.

Pero hay algo por encima de las anécdotas, y es que el flaco fue esa persona que desafió lo convencional, que se enfrentó a los formalismos de la sociedad, que vivió honestamente, como solo él quería y creía que tenía que vivir. Se enfrentaba a lo que no le parecía y no temía decir las cosas como las pensaba. Amaba el arte y dedicó su vida a todo aquello que lo representaba.

José Fernando nació en 1950, a mediados del siglo XX. Como todos los que nacimos por esa época, tuvimos muchas cosas en común, porque pertenecíamos a la misma generación.

Esa generación que presenció y/o vivió movimientos importantes como el hipismo, el feminismo, el ambientalismo, el ecologismo, la aceptación de la homosexualidad, la lucha contra el racismo. También vivimos los fuertes movimientos de izquierda de los años 70’s y 80’s. A diferencia de los “Nativos digitales”, crecimos como una generación analógica que, por fuerza, ha tenido que adaptarse a un mundo digital.

Pero también es una generación que se resiste a partir. Que quiere prolongar su vitalidad, decidida a continuar desarrollando actividades, moviéndose por el mundo, demostrando que todavía es capaz de aportar, crear, producir y hacer muchas cosas. 

Es por eso que lamento la partida del flaco, porque siento que él era un fiel representante de nuestra generación, porque aportaba y participaba, porque seguía dando mucho de sí a Pereira y al Eje Cafetero, porque todavía tenía una agenda que cumplir.

El viernes pasado, como tantos días, salió a caminar, a recorrer las calles, a disfrutar de su ciudad, sin saber que sería su última caminata. Así partió, así se despidió sin saberlo, de su querida ciudad, de la que tanto sabía, de la que mucho habló, a la que dedicó su vida de contador de historias.

Se me ocurrió pensar que cada generación es como un árbol, con un inmenso tronco. Ese tronco es la historia común, la época en que vivimos y compartimos tantos momentos y sucesos transcurridos en la ciudad, el país y el mundo.

De ese tronco salen numerosas ramas, son los diferentes y múltiples caminos que siguen los miembros de esa generación, ramas en las que se comparten muchas cosas propias de los caminos elegidos.

Y cuando un miembro fallece, es como una hoja que cae del árbol. Poco a poco, el árbol se irá quedando sin hojas, hasta quedar totalmente desnudo. Entonces desaparece la generación y con ella, se van sus historias, sucesos, situaciones, momentos, vivencias, recuerdos, todo lo conocido y vivido por ésta.

El viernes pasado cayó una hoja de ese árbol. La hoja de alguien que dedicó su vida al arte, a la cultura, a la historia de la ciudad.  Alguien que vivió como quiso, sin pedir permiso, que aportó lo que tenía y sabía, que era mucho.

Por todo eso, siento que el flaco Marín merece todo mi respeto y admiración a su memoria, porque es alguien que se va dejando profunda huella, la huella de una generación muy especial, que está partiendo.

Esta generación activa, productiva, creativa, que se resiste a partir, pero que inevitablemente ya comenzó a presenciar la caída de sus hojas.

Consuelo Gómez Alvira

26 COMENTARIOS

  1. Hermoso y sentido homenaje a tu querido amigo que tantas enseñanzas dejo en su paso por la vida y con la bella comparación con el árbol y sus hojas que caen y se las lleva el viento, dejas el recuerdo de este maravilloso ser : El Flaco Marín. Me encanto querida Consuelo, esa es la vida. Un abrazo

  2. Es un artículo muy emotivo y ameno. A través del homenaje que le hace a un personaje que dejó huella por su andar por la cultura, también nos ofrece a nuestra generación un grato reconocimiento

  3. Jòse F Marín, nombre q me pareció familiar cuando leí la noticia de su muerte.
    Leo tú atractiva crónica, aparece el flaco en mi memoria, y claro, el hace parte y para siempre de esa bella historia verde q compartimos en la CARDER.
    Consue, el “Flaco”, solo se nos adelantó un tiempito !!!.
    Un abracito.

    • Así es querido Abelino, el flaco también formó parte de nuestra historia Carderiana! Y si, es cierto se nos adelantó, a futuro seremos una hoja más que caiga del árbol!

  4. Somos hojas de ese árbol generacional que va cayendo sin permiso. lo conocí hace 53 años bajo la escena del teatro de antoñeta: En el festival de Manizales y en una escena el Flaco se sentía mal. Se dirigió al público y dijo: «Permiso me voy a desmayar.»… Y fue cayendo en el tablado.

  5. Tú artículo muy sentido hacia él. Como algo especial de mis últimos encuentros con el «Flaco» Marín, fue en la sala de exposición Carlos Drews Castro, por más de 10 años que él no iba a las exposiciones con frecuencia, y me parecía extraño, a las tres ultimas exposiciones estuvo presente con su humor particular, me recomendó a un artista de la ciudad de una excelente propuesta estética. En su honenaje exponer a su recomendado.

    • Gracias James por tu comentario! Creo que todos tenemos anécdotas con este personaje tan especial! Que bueno sería hacer una reunión para compartir anécdotas!

  6. Por el hermoso homenaje que le haces con tu artículo, aprecio que el flaco Marin fue de esas pocas personas que sin proponerselo, dejan una huella indeleble en el corazón de aquellos con quienes compartió su vida. Tu escrito es una clara descripción de la huella que dejo en tu corazón.

  7. Consuelo que bello homenaje le haces a la memoria del flaco Marin, es un escrito que parece poesía. Acompañe la misa y compartí unas palabras por todo lo que significó en UTP.
    y tambien recuerdo en la carder a inicios de los 90, cuando hicimos un «sonoviso» (nuestra generación sabe lo que significa) sobre un plan de gestión de riesgos en villa Santana. recorrimos toda la comuna , y el sonido lo acompaño de un rock suave en español, espectacular

    • Así es Francisco, creo que todos los que nos hemos movido en este medio (ambiental, académico, artístico) tenemos una o varias anécdotas para recordarlo. Muchas gracias por tu comentario!

  8. Que linda metáfora del árbol de los boomers al que en pocos años se le habrán caído todas sus hojas, personajes como tu amigo van quedando en la memoria histórica del lugar donde vivió. En el mundo digital dominan los efímeros «influencers».

    • Así es querida Lucero, pero confío y espero que nuestras hojas no caigan en pocos años, ojalá demoren para que alcancemos a hacer más cosas que dejen huella!!!

  9. Buen día Doña Consuelo. Triste noticia por la partida de un ícono y referente.

    Mantener la llama encendida de los que parten de esta vida pero dejan una huella enorme es deber de los vivos en aras de inspirar para la construcción de lo bueno, útil y perduradero.

    Mis condolencias hacia el señor.

    Dios lo tenga en su gloria.

  10. Es un legado para Pereira,hay muchos recuerdos y aprendizajes de una persona que vivió como quiso.
    Ojalá que alguien del mundo de las artes,continuará con su legado para que su historia no pase al olvido

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Vea nuestros otros contenidos