miércoles, marzo 4, 2026

UNAS PALABRAS A ELLOS, LOS HOMBRES    

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A ellos se les identifica como fuerza, valor y firmeza, incluso al compararlos con mujeres, los definen de otro planeta, son de Marte; sin embargo, más allá de esa rotulación, hay seres humanos ávidos de ternura, de protección y por qué no, de sensibilidad.

Quiero referirme a otro tipo de fuerza, no la que percibimos al contemplar grandes rascacielos, murallas, obras pintorescas donde su capacidad intelectual y fuerza son evidentes. Esta va más allá de simples percepciones del ojo humano. Es la fuerza del alma, aquella que sólo se vislumbra con el corazón.

Durante siglos, fueron considerados rudos, herméticos, casi que se idealizaban sobre esa escarapela llamada “Macho de la familia.” Esa concepción se comprende cuando analizamos las sociedades antiguas rurales, indígenas o grupos étnicos con tradiciones propias, donde el hombre tribal, guardaba sus hijas para sí. La sociedad actual nos enseña una cara diferente frente al género masculino. Por fortuna.

Hoy nos atrapa la ternura y sensibilidad que habita en la “inmensidad” de un hombre. Es innegable una admiración profunda. Hemos comprendido que detrás de esa persona hay un ser humano, gestor de vida, y desde allí reconocemos esas cualidades que enmarcan dicho calificativo.

El valor, la firmeza y la rudeza se transforman cuando son capaces de desafiar el mundo para recibir esa vida. Él se convierte en luz para sus hijos y en ocasiones, para sus hermanos, para sus amigos; la firmeza se percibe en cada paso que da, en ese compromiso por realizar una excelente tarea, sin presencia de debilidades; la rudeza deja de serlo porque entiende que sus manos deben ser cálidas brindando abrazos y la palabra se suaviza cuando de aconsejar se trata.

Ahora bien, su hermetismo es el resultado de sentir que puede cargar con todo, aunque, en el fondo es posible hallar a un chiquillo en búsqueda de ternura. También la requiere. La merece.

Un hombre es el cayado de una mujer cuando las afugias y el dolor ocasionado por múltiples circunstancias, la golpean, ella sólo requiere de su apoyo. Es compañía, consejero, guía, hombro y cuerpo, insumo para que el Hacedor dispusiera de una parte suya para crear la mujer, su complemento.

Históricamente el 19 de marzo pasaba inadvertido, al menos para felicitarlos por su esencia, nos limitábamos a ver la celebración de San José (concepción bíblica), como el padre adoptivo de Jesús, ejemplo de sumisión, modelo de fe, obediencia y paternidad. Se le atribuyen varias virtudes, como la justicia, la prudencia, la templanza y la fortaleza. También se le considera el protector de las familias y los trabajadores. Gracias a Dios, nuestra mirada (de mujeres), se agudizó para ver lo que hay detrás de esa parte cósmica llamada hombre y hoy levantamos la voz, por esos maravillosos seres parte fundamental de toda sociedad. Ojalá el sacerdote, maestro, hermano, hijo, amigo, líder, sigan trabajando en lograr ése reconocido lugar para rendirles homenaje todos los 19 de marzo.

“Feliz día para todos”

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